Frente al aumento de consultas en el país sobre espectro autista, la Sociedad Argentina de Pediatría planteó los límites a la conectividad y advierte por el impacto en el lenguaje
En su Guía de uso para las familias, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) afirma que el uso por más de 2 horas de pantallas digitales puede afectar el desarrollo de los niños pequeños con repercusiones en habilidades cognitivas, motoras y del lenguaje.
Por este motivo, la autoridad pediátrica argentina aconseja evitar completamente la exposición a pantallas en menores de 2 años. Para chicos de entre 2 y 5 años, recomienda un máximo de entre media y una hora diaria, siempre con compañía adulta para decodificar estímulos. En tanto, entre los 5 y 12 años, el tiempo límite de entretenimiento sugerido se extiende hasta una hora y media como máximo.
A pesar de estos riesgos, el uso de dispositivos digitales cuenta con excepciones validadas científicamente para mejorar la autonomía de los niños. Los Sistemas Alternativos y Aumentativos de Comunicación (SAAC), presentes en aplicaciones como LetMeTalk o AssistiveWare, se posicionan como herramientas aprobadas que permiten trabajar de manera positiva el reconocimiento de emociones y la planificación.
La relevancia de estas pautas se acrecienta ante la “pandemia digital” que dispara las alarmas en los consultorios argentinos, reflejada en un aumento del 600% en los diagnósticos de autismo en las últimas dos décadas.
Este escenario post-pandemiaintensificó el debate sobre el impacto real de las pantallas en el desarrollo infantil, por lo cual la SAP y a organizaciones sin fines de lucro dedicada a mejorar la calidad de vida de las personas con condiciones del espectro autista advierten sobre la necesidad de separar los casos clínicos de los efectos ambientales.
El abordaje en contextos reales
Frente a este incremento de consultas, la sociedad civil PANAACEA generó tres cuestionarios no diagnósticos, enfocados en etapas que van de los 6 a los 48 meses. El objetivo de estas herramientas es que las familias puedan realizar evaluaciones integrales en casa y no confundan el impacto del aislamiento o la sobreexposición digital con una condición del neurodesarrollo.
Al respecto, la doctora Alexia Rattazzi, fundadora de la organización, sostiene que la post-pandemia representa “un momento bisagra” para la salud pública.
En conferencias organizadas por la Fundación Faro Patagonia, Rattazzi expuso que el aislamiento obligatorio forzó a los profesionales a entrar a los hogares de manera virtual. Este cambio reveló que la intervención terapéutica más efectiva no ocurre entre las cuatro paredes de un consultorio, sino en los contextos reales del día a día donde los chicos se desarrollan.
La pediatra Natalia Calandri coincide en el diagnóstico y explica que la pantalla hoy “suplanta” la conexión con la familia. En su experiencia clínica, observa que los niños con alta exposición a dispositivos presentan mayores dificultades para conectar con el entorno, se muestran más irritables y son menos creativos.
Esta falta de interacción humana primaria deriva en trastornos del habla, los cuales Calandri define como parte de una etapa del neurodesarrollo “poco estable y ambiental-dependiente”.
Enfatiza que, si bien test como ADOS-2 y ADI-R son parámetros útiles en el proceso, un diagnóstico preciso jamás debe ser apresurado; por el contrario, requiere de un seguimiento interdisciplinario prolongado que incluya fonoaudiólogos, neurólogos, psiquiatras y psicopedagogos para evitar etiquetas erróneas.
Cómo es el test para que las familias sobre autismo
