Punto Convergente

La epidemia de fiebre amarilla, eje de una charla en la UCA sobre salud pública

El vínculo sobre enfermedades y condiciones de vida se abordó en una clase magistral a cargo del rector de la UCA, Dr. Miguel Ángel Schiavone. Y se distinguió a una docente de Medicina

La epidemia de fiebre amarilla que afectó a Buenos Aires en 1871 provocó una profunda crisis sanitaria y social. Los registros históricos presentados durante una clase magistral en la Universidad Católica Argentina (UCA) consignan entre 13.614 y 13.763 muertes por la enfermedad, mientras que una investigación posterior, basada en registros de cementerios, contabilizó 14.467 fallecimientos.

El análisis de este episodio permitió reflexionar sobre la relación entre las enfermedades, las condiciones de vida de la población y las respuestas de las instituciones sanitarias. En esa línea, Sabrina Julio, directora de la Escuela de Salud Pública de la UCA, destacó que “la salud va mucho más allá de lo individual”.

La reflexión formó parte de la clase magistral “Epidemia de Fiebre Amarilla en Argentina: una mirada desde la Epidemiología y la Salud Pública”, a cargo del rector de la Universidad, el Dr. Miguel Ángel Schiavone, médico sanitarista y referente en gestión de la salud. El encuentro se realizó el jueves 8 de octubre en el Auditorio Monseñor Derisi, en el marco de la asignatura Demografía y Epidemiología de la Facultad de Ciencias Médicas.

Una epidemia que transformó la historia sanitaria de Buenos Aires

En 1871, Buenos Aires atravesaba un período de crecimiento demográfico y transformación urbana. La inmigración europea impulsaba el aumento de la población, mientras numerosas familias vivían en condiciones habitacionales precarias, con hacinamiento en los conventillos y dificultades económicas.

Al describir la crudeza de la crisis, Schiavone recordó que «envolvían los cadáveres con sábanas y los dejaban en la calle». A esto se sumaban las deficiencias en el saneamiento ambiental y las limitaciones de las políticas sanitarias.

El desconocimiento de las causas y los mecanismos de transmisión de la fiebre amarilla dificultaba la implementación de medidas eficaces para contener la epidemia. Explicó que «en ese momento no se sabía cual era la causa de la fiebre amarilla ni cual era la forma de transformación». El primer caso registrado en Buenos Aires habría sido el 27 de enero de 1871.

Las diferencias entre las cifras de fallecimientos reflejan, además, las dificultades para reconstruir la magnitud de la tragedia a partir de los registros históricos.

La crisis movilizó a médicos, estudiantes y otros integrantes de la sociedad, que participaron en la asistencia a los enfermos. La emergencia también impulsó respuestas sanitarias y cambios en la organización hospitalaria de la ciudad.

La epidemiología como herramienta para comprender la salud pública

Durante la clase magistral, Schiavone abordó la importancia de la epidemiología para estudiar la distribución de las enfermedades en las poblaciones, comprender sus mecanismos de propagación y orientar las decisiones sanitarias.

El análisis de la epidemia permitió examinar la dinámica de transmisión de las enfermedades y la influencia de los factores ambientales, culturales y sociales en su propagación.

La exposición también incluyó aspectos biológicos de la fiebre amarilla, como su origen viral, su relación con los mosquitos del género Aedes y sus distintas manifestaciones clínicas, desde cuadros leves hasta formas graves con compromiso hepático y hemorrágico.

En una perspectiva que vinculó este conocimiento con grandes obras de infraestructura, el rector señaló que «de algún modo, el canal de Panamá pudo construirse gracias al descubrimiento de Finlay».

A partir de este caso histórico, vinculó los conocimientos biomédicos con cuestiones como la urbanización, las condiciones de vivienda, la organización de los servicios sanitarios y las políticas de prevención.

Una formación interdisciplinaria para los profesionales de la salud

La jornada reunió a estudiantes y docentes de distintos años y carreras de la Facultad de Ciencias Médicas. Participaron integrantes de Medicina, Enfermería, Nutrición, Kinesiología, Odontología, Farmacia y Bioquímica y Fonoaudiología, además de miembros de otras unidades académicas interesados en la temática.

La propuesta promovió el intercambio entre disciplinas y puso de relieve la importancia de integrar conocimientos de epidemiología, demografía, historia y ciencias sociales para comprender la complejidad de los procesos de salud, enfermedad y atención.

Asimismo, el encuentro propició una reflexión sobre el papel de los profesionales de la salud durante las emergencias sanitarias y sobre la responsabilidad ética y social que acompaña su tarea.

A través de estas iniciativas, la Escuela de Salud Pública busca fortalecer una formación integral que contemple tanto los aspectos biomédicos como los determinantes sociales que influyen en la salud de las personas.

La UCA distinguió a Marta Fernández Iriarte por su trayectoria docente

Al finalizar la clase magistral, el rector de la UCA, Dr. Miguel Ángel Schiavone, entregó a la Dra. Marta Fernández Iriarte el diploma que acredita su designación como Profesora Distinguida de la Universidad.

El reconocimiento destacó sus antecedentes académicos y profesionales, su extensa trayectoria y su compromiso con la formación de estudiantes. Fernández Iriarte acompaña a la carrera de Medicina desde sus comienzos y contribuyó a la formación de distintas generaciones de alumnos.

Además de su labor docente, participó en numerosas actividades de extensión, promoción y educación para la salud, con un compromiso sostenido con la comunidad universitaria.

El Rector de la UCA, Dr. Miguel Ángel Schiavone junto a la Dra. Marta Fernández Iriarte en la Universidad Católica Argentina.

La distinción puso de relieve su vocación docente, su cercanía con los estudiantes y el aporte que realizó a lo largo de los años al desarrollo de la Facultad de Ciencias Médicas.

Con esta iniciativa, la Escuela de Salud Pública de la UCA reafirmó su compromiso con la formación integral, el pensamiento crítico y el diálogo interdisciplinario para comprender los desafíos sanitarios de la sociedad.

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