Punto Convergente

¿Qué pasa cuando los alumnos deben guardar su celular?

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Rige la ley que prohíbe el uso de celulares para fortalecer la atención escolar. El 54% de los estudiantes argentinos de 15 años reconoció distraerse en clase con dispositivos digitales

En un banco de cemento del patio, se encuentra Lucas, un joven de 17 años que transita su último año de secundaria. Viste el buzo de egresados del colegio San Gabriel. Al preguntarle cómo lleva la jornada sin su celular, su respuesta denota su edad:  “Es un bajón”, dice sin mucha más explicación, “al principio te querés matar; no sabes qué hacer.”  

Lucas se encoge de hombros ante la pregunta de si la medida le parece justa, y mira hacia el grupo de sus amigos que, a unos metros, intentan embocar una botella de plástico en un tacho. “Y, te sentís afuera” – añade- “los grupos de WhatsApp, la música, ver qué onda Instagram. Estás desconectado. En la clase te aburrís mal”. 

Fragmentación digital 

Hoy en día entrar en un colegio es ver como cada alumno puede llegar a tener un dispositivo en su mano y olvidarse de lo que lo rodea. Pasó a ser más importante un trend de TikTok o un mensaje que mandó la noche anterior un compañero.  Ya no es habitual preguntarse cómo estuvo el fin de semana, la interacción ahora pasa por comentar el último video viral. Esa conexión cara a cara, eje de la socialización escolar, se vio desplazada por una pantalla. 

Esta medida acatada por las escuelas, de quitar los celulares, no es casualidad, sino el resultado de un experimento pedagógico que busca rescatar la atención de 1,5 millones de alumnos. La norma tiene como objetivo central combatir la pérdida de la atención que, según coinciden expertos, ha dañado mucho la dinámica en las aulas. 

Dos mundos a través de la General Paz 

Al caminar las escuelas, se nota que la frontera entre la Capital y el Conurbano no es solo geográfica, sino profundamente normativa. En la Ciudad de Buenos Aires, bajo la gestión de la ministra Mercedes Miguel y el impulso del jefe de Gobierno, Jorge Macri, la postura es tajante: la resolución establece que los teléfonos están prohibidos durante las horas de clase tanto en primaria como en secundaria. La única excepción es el recreo, cuya regulación queda bajo el criterio de cada institución según su propio reglamento de convivencia. 

Cruzando la General Paz, la realidad bonaerense se rige por la Ley 15.534. En la Provincia, la clave está en la distinción de niveles. En la primaria, la prohibición es absoluta: los chicos no pueden usar el celular en la hora de clase ni tampoco en el recreo. En la secundaria, sin embargo, existe una flexibilidad mayor. No hay una prohibición total por ley para los adolescentes bonaerenses, por lo que el uso efectivo queda supeditado al criterio de cada colegio y de cada profesor. 

El dilema del docente: alfabetizar o expulsar 

Pablo Macklin, preceptor y profesor del Colegio St. Xavier en CABA, convive diariamente con la aplicación de la Ley 15.534. Es profesor hace 10 años y tuvo que atravesar varios casos de cyberbullying entre alumnos. Por ese lado, asegura que la medida es efectiva. En cuanto al clima en el aula:  “Noto que ahora prestan un poco más de atención, pero la verdad es que depende de cada alumno; el que se quiere distraer, se distrae igual con un dibujo o mirando por la ventana. No creo que la medida esté ni bien ni mal, simplemente es lo que se decidió y yo como docente tengo que acatarla.” 

Una tendencia que cruza el continente 

Lo que sucede hoy en Buenos Aires no es un experimento aislado, sino el reflejo de una tendencia internacional.  Francia, pionera en la medida, prohibió los móviles por ley en 2018 para alumnos de hasta 15 años. Sin embargo, al no obtener los resultados esperados escaló a la medida de la “pausa digital” total: un programa piloto en cientos de colegios donde los estudiantes entregan sus equipos al ingresar para que queden bajo llave en lockers hasta el fin de la jornada, eliminando incluso la tentación de tenerlo a la mano. Según anunció la ministra de Educación, Élisabeth Borne, el objetivo es “reducir la exposición a pantallas en la vida escolar y fomentar entornos más propicios para el aprendizaje”. 

En el Reino Unido, según una encuesta citada por The Guardian, el 99,8% de las escuelas primarias y el 90% de las secundarias han impuesto alguna forma de restricción al uso de teléfonos inteligentes. El director ejecutivo del fideicomiso de academias Ormiston, Tom Rees, explicó a The Guardian que gran parte del problema reside en la lucha por la atención: “No se trata solo de tener el teléfono a mano y usarlo, sino de la mera presencia del teléfono”. 

Del otro lado del océano, al menos 20 estados (incluidos Washington D.C. y las Islas Vírgenes) han prohibido por completo los celulares y tabletas en horario escolar, aunque esta medida cuenta con algunas excepciones para estudiantes con discapacidad, indicó ABC News.  Las escuelas argumentan que representa un obstáculo para el aprendizaje, ya que frena la participación, causa distracciones y desencadena problemas de salud mental en los adolescentes. Además, no solo restringen el uso de celulares durante el horario de instrucción, sino que bloquean el acceso a redes sociales a través de los servidores Wi-Fi de las escuelas públicas. Mientras tanto, en los Países Bajos, la prohibición que comenzó en secundaria se extendió a la primaria en 2024, abarcando no solo teléfonos, sino también tablets y relojes inteligentes.  

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