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Ocho años de la Ley Justina: cómo cambió la donación de órganos en la Argentina

Donación de órganos en Argentina, los cambios con la Ley Justina

En 2018 se sancionó la Ley Justina que estableció el consentimiento presunto para la donación de órganos en la Argentina. Qué cambió y qué falta implementar

La ley 27.447 lleva el nombre de Justina Lo Cane, una nena de 12 años que murió en noviembre de 2017 mientras esperaba un trasplante de corazón que nunca llegó.

Su caso tuvo enorme repercusión, con la campaña #UnCorazónParaJustina impulsada por su padre, y esa presión social llevó al Congreso a sancionar la Ley el 4 de julio de 2018.

La Ley Justina reemplazó el sistema anterior –en el que había que inscribirse expresamente para ser donante- por el de consentimiento presunto: desde entonces, todo mayor de 18 años es considerado donante de órganos y tejidos al morir, salvo que haya dejado constancia expresa de su oposición en vida, algo que puede registrarse en el DNI, en la aplicación Mi Argentina o por telegrama gratuito.

En la práctica, el circuito empieza en la terapia intensiva. Cuando un paciente muere, el médico que certifica el fallecimiento está obligado por ley a iniciar el proceso de donación y a dar aviso al organismo de procuración de su jurisdicción, que trabaja coordinado con el INCUCAI.

Si se trata de una muerte encefálica (cerebral), el diagnóstico tiene que estar firmado por dos médicos, uno de ellos neurólogo o neurocirujano, y ninguno puede formar parte del equipo que hará la ablación o el trasplante.

Después, el equipo de procuración verifica en los registros oficiales si la persona dejó constancia de su oposición. Si no lo hizo, es donante, y sus órganos se distribuyen entre los pacientes de la lista de espera nacional según los criterios médicos que fija el INCUCAI.

Cómo comunicar a la familia, antes del proceso de trasplante

El momento más delicado es la comunicación con la familia. Antes de la Ley Justina, los médicos tenían que pedirles a los familiares un testimonio sobre la voluntad del fallecido, y en los hechos eran ellos quienes terminaban decidiendo: entre el 30 y el 40% de los procesos de donación se interrumpían por oposición familiar. La nueva norma eliminó ese requisito.

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Hoy, en el caso de los adultos, la familia no autoriza ni firma nada: un profesional especializado del servicio de procuración le comunica el fallecimiento, le informa que su familiar es donante y la acompaña durante el proceso, explicándole en qué consiste la ablación.

Según declaró en 2023 Carlos Soratti, presidente del INCUCAI en ese momento, la oposición familiar bajó a menos del 10% de los casos. Con los menores de 18 años la situación es distinta: la autorización sigue en manos de los padres, y la negativa de uno solo alcanza para impedir la donación.

Los médicos, ante la posibilidad de un trasplante

Sabrina Fioretti es jefa del Departamento Médico del Ente Autárquico Buenos Aires Trasplante (EAIT), el organismo que gestiona la donación puertas adentro de la Ciudad, dentro del marco nacional que fija el INCUCAI. Trabaja en procuración de órganos de forma ininterrumpida desde 2009, con pasos previos por el propio INCUCAI, por PAMI y por el Hospital Durand.

Para Fioretti, el cambio más importante que trajo la ley fue cultural, no solo normativo: «El principal avance fue el posicionamiento del profesional frente al momento de comunicar, y que la familia no tiene que firmar nada en los adultos».

Pero advierte que persisten barreras: «Lo que más se necesita es que sea incorporado como un acto propio del hospital, porque aún no se incorpora en el sistema sanitario completamente». Según Fioretti, eso se logra «con educación permanente y programas intrahospitalarios que se auditen continuamente».

Esa educación también apunta a la sociedad. Desde 1997, cada 30 de mayo se conmemora el Día Nacional de la Donación de Órganos, y el Ministerio de Salud de la Nación y el INCUCAI aprovechan la fecha para lanzar campañas de concientización.

En 2023 fue #SomosDonantes y en 2025, #DonarEsDarVida. Ambas se apoyaron en la difusión en redes sociales de testimonios de familias de donantes, personas trasplantadas y trabajadores de la salud, e invitaron a la comunidad a compartir mensajes sobre la importancia de donar. A eso se sumaron actividades en hospitales, escuelas y plazas de todo el país, desde charlas y maratones hasta la iluminación en verde de monumentos como el Obelisco.

Los números del INCUCAI

Según las Memorias del organismo, la comparación entre 2017, último informe previo a la ley, y 2023, el más reciente disponible, muestra una mejora sostenida aunque insuficiente.

En 2017 hubo 593 procesos de donación con procuración de órganos en todo el país; en 2023 fueron 816. En ese mismo período, la lista de espera nacional bajó de 7.932 a 7.150 personas.

Esa baja, sin embargo, no fue pareja entre órganos: la lista renal, la más numerosa, se redujo de 6.133 a 5.451 pacientes, mientras que la pulmonar y la cardíaca crecieron en el mismo lapso.

Este es el reflejo de un sistema que mejoró su funcionamiento cotidiano pero que todavía no logró instalarse como una práctica plenamente incorporada en cada hospital.

España como modelo a seguir

El país europeo también aplica el consentimiento presunto, pero su sistema de donación funciona distinto en la práctica. Según el balance de 2023 de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), hubo ese año 2.346 donantes fallecidos y 435 donantes vivos, un total de 2.781 personas, casi el triple que en la Argentina en el mismo período.

La lista de espera española cerró 2023 con 4.790 pacientes, muy por debajo de los 7.150 argentinos, pese a que ambos países tienen una población similar.

El llamado «modelo español de trasplantes», así reconocido por la Organización Mundial de la Salud, se apoya en dos pilares.

  • Un sistema de salud público y universal, donde cualquier paciente accede al trasplante sin discriminación
  • La figura del coordinador hospitalario de trasplantes: un médico, generalmente intensivista, presente en cada hospital del país, cuya función específica es detectar posibles donantes dentro de las terapias intensivas y comunicarse con las familias en el momento del fallecimiento.

Esa función trabaja en conjunto con la ONT a nivel nacional y con las Coordinaciones Autonómicas de Trasplante en cada región. En España, ese rol está institucionalizado en cada centro de salud desde hace más de tres décadas; en la Argentina, todavía depende del compromiso de cada equipo antes que de una política uniforme en todo el sistema sanitario.

Desde 2022, el INCUCAI intenta acercarse a ese esquema con el Programa Procurar, que crea Unidades Hospitalarias de Procuración de Órganos y Tejidos dentro de los propios hospitales: hoy hay 48 en todo el país, aunque todavía no alcanzan a cubrir todo el sistema.

Con los datos más recientes disponibles, la diferencia entre ambos países sigue siendo amplia en términos absolutos, aunque se redujo en proporción respecto de años anteriores.

Entre enero y agosto de 2026, España registró 1.720 donantes fallecidos y 274 donantes vivos, según el último informe de avance de la ONT; en la Argentina, el INCUCAI contabilizó 664 procesos de donación de órganos hasta el 29 de agosto del mismo año.

La distancia entre los dos sistemas, entonces, se mantiene, aunque el crecimiento sostenido de la actividad argentina en los últimos años achicó parte de esa diferencia.

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