Punto Convergente

Feria de libros, la alternativa de las editoriales chicas ante la caída de ventas

Un centenar de puestos en el Ecoparque mostró la presencia de editoriales independientes. Y que los libros impresos tienen un lugar donde reunir a sus lectores

Domingo en la ciudad de Buenos Aires. La fila para entrar al Ecoparque se hacía notar con la presencia de turistas y paseantes. Pero adentro los esperaría la primera Fiera del Libro.

Adentro, entre los estanques y las palmeras, se había dispuesto un centenar de 100 puestos de editoriales, librerías y distribuidoras. Todos del mismo tamaño para exhibir sus libros. Esa igualdad no era una decisión estética.

La feria se hizo del 2 al 4 de octubre en el Ecoparque porteño, con entrada libre de 11 a 18. Gráfica: Cámara Argentina del Libro. Foto: Ecoparque de Buenos Aires.

Una feria donde entran todos

“Desde hace años la Cámara buscaba un espacio donde pudieran participar todos sus socios”, explicó Alejandro Bezares, uno de los organizadores y miembro de la editorial Luminias. Las otras ferias, señaló, funcionan con invitaciones o según la antigüedad de los expositores.

Acá hubo un puesto por cada editorial, sin distinción de tamaño ni de catálogo. Convivieron en el mismo predio y con la misma superficie el Fondo de Cultura Económica, Siglo XXI, Eterna Cadencia y Corregidor con sellos chicos como Limonero, Fiordo, Arte a babor o La brujita de papel.

El domingo, con buen tiempo, fue la jornada de mayor circulación. El sábado la amenaza de lluvia había frenado la llegada temprana del público. Crédito: La Vereda

El encuentro llegó en un momento particular. Tres semanas antes, la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines había pedido que se declarara la emergencia librera en todo el país. Según un relevamiento sobre 1200 comercios independientes, una librería vende tres de cada cuatro libros de los que vendía en 2023. Su facturación cayó mucho más; descontada la inflación, por cada 100 pesos que entraban entonces, ahora entran 58,5. Es decir, vende menos y lo que vende rinde menos.

Más títulos, menos ejemplares

Del otro lado de la cadena, el movimiento es parecido. El Informe de Producción del Libro Argentino de la Cámara Argentina del Libro registró en 2025 casi 37.000 títulos ante la Agencia Argentina de ISBN, un récord, pero con tiradas cada vez más chicas; es decir, más de un cuarto de las novedades no superó los 600 ejemplares.

En 2025 se registraron casi 37.000 títulos ante la Agencia Argentina de ISBN, un récord, pero más de un cuarto de las novedades no superó los 600 ejemplares. Foto: Pexels.

Juan Manuel Pampín, presidente de la Cámara y director de la editorial Corregidor, aporta otro dato. Los sellos pequeños y medianos aumentaron el precio de tapa un 27% promedio, por debajo de la inflación acumulada que se proyecta para el año. Publican más títulos, imprimen menos ejemplares y resignan margen para que el libro no se vaya de precio.

En ese escenario, para una editorial que publica pocos títulos al año la pregunta no es cuánto vende, sino dónde.

El dato: 6 de cada 10 libros se venden en ferias

Eric Schierloh ya tiene la respuesta, y la tiene desde antes de que existiera esta feria. Fundó Barba de Abejas en 2010, en City Bell. Imprime en su casa, encuaderna a mano y numera cada ejemplar: más de 120 títulos en 14 años, con tiradas que arrancan en 50 ejemplares y se reimprimen a demanda. No estuvo en el Ecoparque y no pertenece al circuito de la Cámara, porque sus libros no llevan ISBN. Trabaja completamente por fuera.

Eric Schierloh, al frente de Barba de Abejas, junto a los ejemplares que imprime y encuaderna en su taller de City Bell. Foto: Infobae.

Y sin embargo su facturación describe el mismo desplazamiento. El 60% de sus ventas anuales se concentra en ferias, nacionales y del exterior. El 20% son librerías y el 20% restante, preventa y venta directa.

“Con el último gobierno cayeron muchísimo las dos primeras”, señaló. Sobre la emergencia que denunciaron los libreros fue categórico: “Definitivamente. Hay menos pedidos y son más chicos”.

Si alguien que no comparte ni las estadísticas ni las asambleas del sector llegó a vender 6 de cada 10 libros en ferias, se entiende mejor por qué la Cámara necesitaba una propia.

Lo que sostiene ese modelo es un taller. Schierloh tiene el suyo, “con todas las máquinas y herramientas necesarias para producir exactamente las publicaciones que quiero hacer”. Un libro de 96 páginas, en A5, con tapas en papeles especiales, le cuesta alrededor de 8000 pesos, repartidos más o menos en partes iguales entre papel, impresión láser, tapas y encuadernación.

Schierloh encuaderna a mano cada ejemplar. Las tiradas arrancan en 50 copias numeradas y se reimprimen a demanda. Foto: Fundación Planea.

Pero se resiste a hacer la cuenta como la haría una editorial industrial. “Es muy difícil trasladarle a una forma de producción artesanal la dinámica profesionalizada del sistema industrial de publicación”, sostuvo. “Yo hago publicaciones teniendo en cuenta el costo de los materiales que debo reponer para seguir publicando y le pongo el cuerpo y el tiempo al proyecto, y a fin de mes veo cuánto rindió”.

La editorial fue autosustentable desde el comienzo. Desde 2018 es su ingreso principal y le permitió dejar el trabajo en relación de dependencia. “Esto no es un empleo, es una serie de trabajos que se orquestan y convergen todos en el taller de producción”.

Tres días que valen un año

Eso explica por qué un fin de semana en un parque puede valer tanto. En los stands de la Fiera había editoriales que publican cinco o seis libros por año y que en tres días ponen su catálogo completo frente a un público que no entra a buscarlas a ninguna librería.

Pampín lo plantea en otros términos. Para el presidente de la Cámara, “cuando uno compra un libro está comprando una experiencia que va a durar las horas de lectura”, y la compara con ir a un concierto o al teatro. Comparados con esas entradas, sostiene, los libros salen más baratos.

Los sellos pequeños y medianos aumentaron el precio de tapa un 27% promedio, por debajo de la inflación proyectada para el año. Foto: Unsplash.

El resultado económico todavía estaba por verse. Bezares contó que seguían “tanteando”: algunos expositores habían vendido muy bien y otros bien, y el balance se conocería la semana siguiente. El clima, en cambio, no dejaba dudas. Fue de “muy buena onda”, y la conclusión institucional tampoco. Estaban “satisfechos de una primera edición y esperemos que sea el principio de una nueva trayectoria”.

La ley que todos defienden

Nada de esto significa que la librería haya dejado de importar. Pampín sostiene que la ley de precio uniforme, acordada a fines de 2001 a pedido del propio gremio, es una norma “virtuosa”, ordenadora del mercado, y que la Argentina fue vista como un ejemplo en la región. Antes de los 90, recuerda, “no existía nada parecido”.

El problema aparece cuando hay que hacerla cumplir. La Ley 25.542 fija la Secretaría de Industria como autoridad de aplicación y sanciona las infracciones con multas de 100 a 20.000 pesos, montos que no se actualizaron desde 2001.

El techo equivale a dos ejemplares del libro artesanal de Schierloh. Pampín no da vueltas en el asunto y dice que la Cámara no es la policía. Advierte que, cuando un conflicto llega a instancias judiciales, no es lo mismo el poder de fuego de una gran cadena que el de una librería del interior.

Las librerías independientes vendieron un 25% menos de ejemplares que en 2023 y pidieron que se declare la emergencia del sector. Foto: Unsplash.

Y aun así. Schierloh vende 8 de cada 10 libros fuera del circuito de librerías, no figura en las estadísticas del sector y no es socio de la Cámara. Defiende el precio único igual. “Entiendo la importancia que tiene para el sector y basado en esa visión de conjunto es que estoy a favor del PVP”, escribió. Se siente representado por cómo el sector está dando la discusión y trata de colaborar en todo lo que pueda.

Ahí está, quizás, lo que la feria dejó en claro. Los 100 puestos iguales del Ecoparque no reemplazaron a ninguna librería. Le dieron a las editoriales chicas un lugar donde encontrarse, entre ellas y con sus lectores, que el mostrador de todos los días ya no les garantiza. Bezares quiere repetir en el mismo predio. “Es muy difícil irse de un lugar donde uno se sintió muy cómodo, como en casa”.

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