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La escuela frente a la IA: los nuevos desafíos para la educación

El uso de la IA en la escuela en debate
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Siete de cada diez adolescentes ya utilizan IA para tareas escolares. Los colegios de la Provincia de Buenos Aires debaten cómo transformar el “simulacro de aprendizaje” en un proceso de pensamiento crítico

Por Guadalupe Iturralde

La escena se vuelve cada vez más habitual: un profesor se sienta frente a su escritorio, enciende la computadora, busca la clase virtual donde pidió el ensayo a sus alumnos —si no es que prefirió solicitarlo impreso— y empieza a corregir. De repente, se detiene. Algo le llama la atención. 

Un alumno de unos quince años comienza su texto con la frase: “En el marco de…”. Esto, en principio, no sería extraño —tal vez incorporó ese vocabulario en alguna ocasión—, de no ser porque a continuación aparecen otros conectores complejos: “Resulta pertinente señalar que…”, “Desde una perspectiva…”, “En este sentido…”. Luego, términos académicos que nunca hubiera esperado de ese estudiante al que conoce desde la primaria: “esto pone en evidencia…”, “las problematizaciones…”. 

El profesor se quita los anteojos y suspira, abatido. Ya no es difícil adivinar el origen del texto: otra tarea hecha con Inteligencia Artificial. 

Lejos de ser un fenómeno excepcional, los datos muestran que esta escena se inscribe en una transformación mucho más amplia: según el informe Kids Online Argentina 2025 de UNICEF y UNESCO, el 76% de niñas, niños y adolescentes ya conoce herramientas de IA como ChatGPT, y aproximadamente 6 de cada 10 (58%) afirma haberlas utilizado. En los adolescentes de 15 a 17 años —la edad del alumno que corrige el docente— el uso trepa al 74%, lo que confirma que estas prácticas están plenamente instaladas en la vida escolar cotidiana.

La Unesco advierte que el uso excesivo de tecnología en el aula no siempre mejora el aprendizaje Foto: Pexels.

“La Inteligencia Artificial (IA) forma parte de la cultura digital contemporánea y atraviesa los modos de conocer, enseñar, aprender y evaluar”, asegura la Dirección de Tecnología Educativa (DTE) en su último documento de orientaciones pedagógicas, enviado a todos los colegios de la Provincia de Buenos Aires. 

Por eso, es “ineludible” pensarla, tal como también son “ineludibles” los desafíos que plantea su inclusión. Ahora bien, la integración de la IA en la educación puede representar una oportunidad para “enriquecer las prácticas pedagógicas” y “ampliar los lenguajes en el aula”. Puede funcionar como un instrumento de apoyo o mediación en la producción de conocimientos. 

Pero esto solo es posible si no se la considera un fin en sí misma. 

Los profesores y los trabajos entregados con “copy-paste” 

El informe aporta una clave para entender este fenómeno: entre quienes usan IA, el 66% lo hace principalmente para resolver trabajos escolares, porcentaje que asciende al 82% entre los adolescentes más grandes. Es decir, el vínculo principal entre los estudiantes y la inteligencia artificial no es lúdico ni experimental, sino directamente académico.

El Informe de la UNESCO (2023/2024) advierte que el uso excesivo de tecnología en el aula no siempre mejora el aprendizaje y puede distraer o reemplazar habilidades cognitivas fundamentales si no hay una mediación docente fuerte. Si la IA resuelve todo, el alumno siente un “resultado” (la nota alta) pero no un “logro” (el aprendizaje real), lo que genera un conocimiento mucho más superficial. Si la tecnología solo se usa para “cumplir”, se pierde el sentido pedagógico y se cae en un simulacro de aprendizaje.  

Esta tensión se vuelve aún más compleja si se considera la percepción que tienen los propios estudiantes: el 69% de quienes usaron ChatGPT para la escuela afirma que les resultó “muy útil”, y otro 30% que les sirvió “un poco”.

La herramienta, entonces, no solo se usa masivamente, sino que además es valorada positivamente, lo que refuerza su incorporación incluso cuando no hay una reflexión crítica sobre su impacto en el aprendizaje.

El uso de herramientas digitales y el acceso económico

Los datos muestran que tanto el conocimiento como el uso de estas herramientas varían significativamente según el nivel socioeconómico: mientras que en sectores altos el uso alcanza al 75%, en sectores bajos desciende al 42%, lo que evidencia que la brecha digital no desaparece con la masificación tecnológica, sino que se reconfigura.

Esto es relevante también considerando que el documento de la DTE hace hincapié en que la IA no es neutral. Puede replicar desigualdades si los marcos de referencia que la sustentan están sesgados. Y si el estudiante usa la IA de forma acrítica (copy-paste), pierde la batalla en esa “disputa cultural”, dejando que un algoritmo extranjero defina su forma de pensar y expresarse.

Para los docentes, el desafío ya no es solo evitar el plagio, sino fomentar una ‘soberanía pedagógica’ donde el alumno sea capaz de interrogar a la máquina y detectar las desigualdades que ésta oculta tras una redacción perfecta. 

¿Cuál es la edad mínima para interactuar con herramientas de IA generativa? 

Las consecuencias de un mal uso pueden implicar la pérdida de procesos cognitivos básicos, y el problema se vuelve aún más delicado a edades tempranas. De hecho, organismos como la UNESCO establecen los13 años como edad mínima recomendada para comenzar a utilizar estas herramientas. 

En una etapa en la que los niños todavía están consolidando habilidades de lectoescritura y pensamiento lógico, un uso prematuro podría funcionar como una “muleta cognitiva” que termine obstaculizando el desarrollo de esas capacidades.

Sin embargo, los datos muestran que ese límite ya está siendo desbordado en la práctica: el 37% de los niños de entre 9 y 11 años ya utilizó IA, y el conocimiento de estas herramientas alcanza al 58% en esa misma franja etaria.

El nuevo paradigma de la Provincia de Buenos Aires busca desactivar el ‘simulacro’ escolar. Como indica el documento de la Dirección de Tecnología Educativa de la Provincia de Buenos Aires (DTE), la IA puede ser un apoyo, pero la producción del conocimiento debe seguir siendo una práctica humana, situada y colectiva.

Se busca que la IA “no reemplace el pensamiento del alumno sino que lo potencie”Foto: Pexels

“La clave no es prohibir la IA, sino enseñar a usarla con criterio, para que los estudiantes sigan siendo protagonistas de su propio aprendizaje”, sostiene Carlos Wehner, director de secundaria del colegio San Pedro.

Las distintas instituciones educativas de Zona Norte ya comenzaron a ensayar respuestas concretas frente al avance de la Inteligencia Artificial en el aula. Desde el Colegio San Pedro, por ejemplo, explica Wehner que el enfoque está puesto en integrar la herramienta sin desplazar el pensamiento: se diseñan actividades que exigen elaboración propia, se promueve el pensamiento crítico, se incorporan instancias de trabajo sin IA y, en algunos casos, se pide a los alumnos que expliciten cómo utilizaron la herramienta en sus producciones.

Estrategias para incorporar IA en educación

En otros casos, la respuesta pasa por una regulación más estricta del uso de dispositivos. Rosario Ordóñez, directora de secundaria del colegio Cardenal Copello, explica que desde hace tres años no se permite el uso de celulares ni pantallas fuera de los espacios específicamente destinados a la tecnología.

“La indicación es que los alumnos trabajen en el aula y que, si continúan en sus casas, presenten sus trabajos escritos a mano. Esto garantiza que no hay copia textual, que el alumno leyó y que hay elaboración personal”, afirma. Al mismo tiempo, destaca que la institución está capacitando a los docentes en el uso de IA, bajo la premisa de que se trata de una herramienta que “llegó para quedarse”.

En la misma línea, la directora general del Colegio El Buen Ayre, Soledad Salaberri, comparte que en su programa de innovación educativa “InNovate”, buscan acompañar a los docentes para que el diseño de las consignas no se enfoque solamente en los resultados del alumno, sino que también en la comprensión, la postura y el argumento. Esto evita lo antes mencionado como el “simulacro de aprendizaje”; no se orientan a resultados solamente, sino que a procesos.

Salaberri expresa que en secundaria buscan que la IA “no reemplace el pensamiento del alumno sino que lo potencie”. Priorizan trabajos en clase, instancias orales o producciones propias, de la misma forma que mencionaba Rosario Odoñez, para que el alumno “tenga que apropiarse de lo que aprende y no pueda delegarlo a la IA”.

“Esto se apoya en un trabajo que empieza desde jardín”, agrega también Soledad, explicando que desde las primeras instancias priorizan desarrollar las competencias de InNovate, que incluyen pensamiento crítico, creatividad, comunicación, colaboración y autonomía, para que después en secundaria “las puedan poner en práctica con mayor profundidad, también en el uso de herramientas como la IA”.

En el nivel primario, algunos colegios optan por postergar completamente el contacto de los alumnos con estas tecnologías. “Animamos a los docentes a que exploren la herramienta, pero los alumnos no usan IA en primaria”, señala Patricio Grondona, director del colegio Los Molinos, donde tampoco se permite el uso de celulares. La decisión responde a una lógica de resguardo: priorizar el desarrollo de habilidades básicas antes de introducir mediaciones tecnológicas complejas.

Las cuatro posturas muestran que todavía no existe un consenso cerrado, sino un campo en plena construcción. Sin embargo, hay un punto de acuerdo que atraviesa a todas: la necesidad de volver a poner en el centro el proceso de aprendizaje: cómo se piensa, cómo se escribe y cómo se construye el conocimiento.

Como advierte la UNESCO, sin una mediación pedagógica sólida, la tecnología puede dejar de ser una herramienta de apoyo para convertirse en un atajo que empobrece el aprendizaje.

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