La crisis de los docentes ad honorem en la Universidad de Buenos Aires

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Casi un tercio del total de docentes de la Universidad de Buenos Aires trabaja ad honorem. Los esfuerzos por cubrir sus salarios han sido insuficientes.

Si en algún momento todos los docentes que trabajan de forma ad honorem en la Universidad de Buenos Aires decidieran realizar un paro, la universidad se quedaría, de un día para el otro, sin un tercio del total de su planta docente, lo que no le permitiría seguir con sus actividades académicas normales.

Malena Lillo, de 32 años, es profesora desde 2013 y actualmente ejerce en el cargo de ayudante de segunda en la Facultad de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, trabajo por el que recibe un sueldo de 6.500 pesos mensuales. Además, Lillo se desempeña como docente ad honorem en la cátedra de microbiología de la misma facultad sin recibir remuneración económica.

Según datos de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, una persona necesita alrededor de 24 mil pesos mensuales para vivir sola en la ciudad de Buenos Aires, es decir, Malena Lillo necesitaría ganar 17.500 pesos más de salario para mantener su calidad de vida.

No existen datos oficiales de la cantidad de educadores que actualmente ejercen como ad honorem, es decir, sin recibir ningún tipo de remuneración. Sin embargo, la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD) calcula que hay alrededor de 10 mil docentes ad honorem trabajando en la actualidad, lo que correspondería al 35,4% del total de docentes según datos del último censo docente en 2011.

Estos docentes llevan entre 5, 10 y hasta 15 años sin recibir un salario. La existencia de los ad honorem afecta a la calidad académica de la universidad y tiene consecuencias en la la vida personal y profesional de los educadores.

Martín Gendler, docente ad honorem en la Facultad de Ciencias Sociales, cuenta que “un profesor que alcanza un nivel de estudios superior podría cansarse de trabajar sin recibir remuneración y buscar un trabajo en el área privada. En este caso, la facultad estaría perdiendo a un docente con una vasta experiencia y un alto nivel educativo”. A esto se suma que gran parte de los profesores de la Universidad de Buenos Aires son egresados de esta misma institución, es decir, que el el Estado y la misma universidad han invertido recursos en su formación docente, pero debido a la precariedad laboral, para ellos se vuelve imposible retribuir su educación a través de la docencia.

Más allá del nivel educativo, si un maestro no puede mantener su calidad de vida trabajando sin remuneración, podría terminar renunciando a su labor. Esto implicaría que los estudiantes de su cátedra tengan que ser reubicados en otras, aumentando el número de alumnos en las aulas de clase, promoviendo el hacinamiento. “Es justamente un mecanismo expulsivo de docentes, porque realmente el que se queda es porque tiene una vocación gigante, porque ama a la UBA”, afirma Gendler.

Es precisamente por el amor a la academia, la vocación y el renombre, que maestros como Malena Lillo mantienen uno o más trabajos como docente ad honorem en esta institución. En el caso de Lillo uno en el que recibe menos de la mitad del salario mínimo y otro que realiza de forma gratuita.

Además del aspecto económico, los profesores ad honorem se ven afectados debido a que ellos mismos deben cubrir los gastos que implica asistir a las clases como el transporte, la alimentación y en algunos casos, el material necesario para el desarrollo de actividades. Esta situación se ha agravado aún más por la crisis económica nacional.

Los docentes ad honorem de la Universidad de Buenos Aires, al no recibir un salario, no cuentan con obra social, ART (Aseguradoras de Riesgo de Trabajo), aportes jubilatorios, entre otros. Por esta razón no tienen su seguridad garantizada, como sí la tendrían en un trabajo remunerado y están expuestos a riesgos laborales que no tienen ninguna cobertura médica.

“Muchas materias implican manipular, por ejemplo, material cadavérico y sustancias que pueden llegar a ser tóxicas como el formol. En microbiología, en algunos casos, en los trabajos prácticos debemos manipular material infeccioso”, afirma Lillo.

Organismos como el Movimiento Socialista de los trabajadores y la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires han dedicado gran parte de su labor a la lucha para que el trabajo de los educadores ad honorem empiece a ser remunerado y formalizado.

La presión de estos grupos y la preocupación por la cantidad de docentes ad honorem en las universidades públicas lograron que se llegara a un acuerdo paritario entre los gremios docentes, el Consejo Interuniversitario Nacional y el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología. El 9 de septiembre de 2019 se firmó una resolución en la que se destinan 100 millones de pesos “para regularizar la situación de los docentes ad honorem en las universidades nacionales”, de los cuales se le asignaron 41 millones de pesos a la Universidad de Buenos Aires.

​Según la resolución, este monto se debe distribuir a través del nombramiento de 635 docentes ad honorem en el cargo de ayudante de primera con dedicación simple. Actualmente, este cargo tiene asignado un salario base de 8.461 pesos mensuales, es decir, el dinero destinado a la Universidad de Buenos Aires alcanzaría para pagarle a los 635 docentes durante 7 meses.

Teniendo en cuenta que se estima un total de 10 mil docentes ad honorem trabajando sin recibir remuneración en la Universidad de Buenos Aires, el dinero aportado en la resolución beneficiaría únicamente al 6,3% de los profesores. Además, los docentes que pueden acceder a estas rentas deben cumplir con algunos criterios, como tener más de un año de antigüedad y no contar con otra renta en la universidad. Malena Lillo, por ejemplo, no podría beneficiarse debido a que ya recibe una renta por uno de sus trabajos.

“Con ese salario que percibo de 6.500 pesos no puedo vivir, con lo cual sigo trabajando de forma precaria para poder comer”, dice Lillo.

Los intentos por regularizar la docencia ad honorem en la Universidad de Buenos Aires no han sido efectivos. La falta de datos oficiales ha ocultado la magnitud de este problema y ha obstaculizado los esfuerzos de los grupos sindicales que reclaman los derechos laborales de los educadores. Por ahora, los docentes ad honorem tienen las mismas responsabilidades y funciones que un docente de planta, la diferencia es que ellos lo hacen “por el honor”.

Actualmente, la Argentina vive un proceso de transición por el cambio de gobierno que se hará efectivo el 10 de diciembre con el posicionamiento de Alberto Fernández como presidente. El nuevo plan de gobierno del partido Frente de Todos plantea una preocupación respecto a las condiciones de trabajo y salariales de los docentes afirmando que “impactan de manera directa en la calidad educativa y es responsabilidad del Estado Nacional reducir las disparidades salariales”.

En el mismo documento, se afirma que la política educativa debe estar en diálogo con los maestros y las organizaciones sindicales docentes para que haya un cambio educativo. Aunque en el plan de gobierno no se especifica, esta claro que la creación de una base de datos de los docentes que trabajan con irregularidades salariales es primordial para empezar a generar este cambio.

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