Tabaquismo: la sociología de una epidemia que mata a más de 45 mil argentinos por año

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El consumo de tabaco logró un nuevo récord en el mundo con 1.140 millones de fumadores activos. Si bien desde 1990 América Latina ha presentado un notable progreso, aún queda mucho por trabajar. Dos especialistas explican la raíz sociológica del tabaquismo. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaquismo es la primera causa de muerte prevenible en los países desarrollados, y también la causa más importante de años de vida perdidos y/o vividos con discapacidad. 

El consumo de tabaco y la exposición al humo causan anualmente ocho millones de muertes a nivel mundial. Del total, siete millones son consumidores directos y alrededor del 1,2 millones son no fumadores, expuestos al humo ajeno.

A la luz de estas alarmantes cifras, la OMS califica al tabaquismo como una epidemia mundial. Si bien la lucha contra el consumo de tabaco avanza progresivamente, el organismo internacional estima que para el año 2030 fumar sería la tercera causa de muerte en el mundo, responsable así del 8% de los decesos. 

En diálogo con Punto Convergente, la Unión Antitabáquica Argentina (UATA) asegura que en Argentina el porcentaje de fumadores ha disminuido en los últimos años. Actualmente, la cifra es del 22%. Según la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales en 2013 el 25,1% de la población adulta fumaba. En 2018, el número disminuyó a 22,2%.

Con respecto a las defunciones, la UATA cita al Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria: “Anualmente fallecen 47.000 argentinos por tabaco, representando así al 14% del total de defunciones”. 

Tabaquismo en América Latina y el mundo

A fines de mayo de este año, el Estudio de la Carga Mundial de Enfermedades (GBD) publicado en la revista The Lancet, mostró un nuevo récord de número de fumadores en el mundo. En 1990 se había detectado menos de 1.000 millones de fumadores en el mundo. Sin embargo, el nuevo estudio sobre tabaquismo que dio lugar en 204 países y territorios demostró que ese número está por arriba de los 1.140 millones de fumadores activos. 

Sí, son terribles noticias. Pero el caso de América Latina es diferente ya que es la región con mayor reducción de tabaquismo en las últimas décadas. Algunos países referentes de este movimiento fueron Brasil, Colombia y Costa Rica, quienes demostraron grandes progresos con respecto a la problemática. Brasil se encuentra primero en el podio ya que desde 1990 bajó en total un 73,4% el tabaquismo en el país.

Perú es el país con más bajo consumo entre hombres de todo el mundo con un 7,33%. Por otro lado, México y Costa Rica se destacan dentro del estudio por haber logrado una reducción de tabaquismo entre mujeres de casi un 50%.

Pero también existen excepciones, como es el caso de El Salvador. Fue el único país de la región en el que se incrementó el consumo de tabaco con un promedio entre hombres y mujeres de 35,6%.

En líneas generales, el estudio publicado por The Lancet, destaca que la reducción general en América Latina y el Caribe es superior a lo conseguido por países de altos ingresos, con un 19,8% contra un 16,2%. 

En todo el mundo, en 2019 fueron consumidos 7,14 billones de cigarrillos. Eso equivale a un consumo diario de 20.300 millones. El país con mayor consumo es China, quien registra un tercio del consumo mundial de tabaco. 

Países en donde más se redujo el tabaquismo desde 1990. (Fuente: The Lancet)

Treinta años atrás había 990.000 millones de fumadores activos en el mundo. A raíz de conocer dicha cifra, los países comenzaron a implementar diferentes campañas para desincentivar el consumo de tabaco. Una de las iniciativas más conocidas y con mayor impacto fue la de la OMS, que en 2005 creó el Convenio Marco para el Control del Tabaco firmado por 182 países. El plan recomienda una serie de medidas para desincentivar el consumo como por ejemplo elevar los impuestos a su compra, crear leyes sobre zonas libres de humo, mostrar advertencias en las cajetillas y prohibir la publicidad y promoción del tabaco.

La estrategia logró que en los siguientes cuatro años haya la mayor reducción de consumo de tabaco a nivel mundial. “Sin duda, la prohibición de fumar en lugares cerrados tuvo un impacto muy importante en el descenso del número de fumadores en Argentina”, explican desde UATA. No obstante, el estudio publicado por The Lancet también señala que la tasa de progreso a nivel mundial tuvo un considerable desaceleramiento en los últimos cinco años.

“Cerrar las brechas en la adopción, implementación y aplicación de políticas de reducción de la demanda basadas en evidencia es vital para poner fin a la epidemia mundial de tabaquismo”, explica el estudio GBD.

Cómo impacta el tabaquismo a nivel socio-cultural

La gran pregunta es: ¿esta epidemia es contagiosa? ¿Es hereditaria? ¿Cómo se propaga? ¿Por qué cada vez ataca a rangos etarios más bajos? A todas estas preguntas existe una respuesta no solo científica, sino que sociológica. 

Se puede decir que fumar fue “cool” por muchos años. El mal hábito otorgaba un prestigio social que era reproducido por la sociedad tras ser plasmado en el cine, las publicidades y las figuras mediáticas. 

Hernán Pajoni, profesor de la cátedra Estudios Culturales de la Universidad Católica Argentina (UCA), cita al filósofo alemán Theodor Adorno para profundizar sobre la problemática: “Se puede decir que todo el andamiaje del discurso publicitario alrededor del consumo de cigarrillos fue un gran constructor de modelos de vida en términos de comportamiento y formas de distinción”.

Luego, agrega: “Además, como la inversión publicitaria de la industria del tabaco fue de las más importantes, esos textos colaboraron en la construcción de estereotipos de género, de lo masculino y lo femenino en términos de roles sociales y patrones de sexualidad”.

A su vez, Pajoni se refiere al momento en que el rol del tabaco en la sociedad sufrió restricciones a raíz de la revelación de su grave impacto en la salud. “Hasta que se pudo quebrar la resistencia de las tabacaleras sobre los efectos cancerígenos del producto y la protección contra el humo en los espacios cerrados, el cigarrillo fue un elemento clave en el imaginario de la adultez, en los modelos de seducción y la consagración de madurez”, asegura.

Y cierra: “Por eso, la industria del tabaco a la vez fue una industria de producción de valor simbólico, que estableció convenciones y códigos de reconocimiento social basados en las fantasías individuales del éxito seductor de los fumadores”.

Bajo la misma línea, la Unión Antitabáquica Argentina opina sobre las raíces sociológicas del tabaquismo: “Indudablemente la propaganda juega un rol muy importante en la decisión de iniciarse y sostener la adicción, por eso es nuestra lucha por ejercer los derechos a la salud. La promoción, el patrocinio y la publicidad están prohibidos legalmente, pero sabemos que la industria tabacalera siempre tiene estrategias para sortear dicha prohibición”. 

 El tabaquismo y su influencia en la población más joven

¿Es coincidencia que los hijos con padres fumadores se conviertan en fumadores? Pajoni explica: “La influencia de los valores familiares, y sobre todo de las prácticas concretas visibles de los padres, son fundamentales. La familia es una de las instituciones con mayor capacidad de disciplina de acuerdo con los patrones de comportamiento dominantes, para cualquier tipo de consumo y para el valor que se le atribuye al consumo como forma de realización personal o vehículo de un supuesto ascenso social”.

The Global Youth Tobacco Survey (GYTS) señala que el consumo de tabaco se inicia tempranamente en la adolescencia. Y este dato es avalado por la Unión Antitabáquica Argentina que sostiene: “La edad de inicio es alrededor de los 12 a 14 años promedio. Es realmente preocupante”.

En muchas ocasiones esta dependencia comienza a manifestarse desde la primera infancia, al estar en un entorno consumidor de tabaco. El humo en el ambiente es considerado Hta y quien lo inhale se considera fumador pasivo o involuntario. Lo que ocurre es que es difícil poder “descontaminar” el aire, por lo que el Hta se difunde rápida y fácilmente. Los niños son sus principales víctimas, ya que ellos presentan una frecuencia respiratoria más elevada.

“Fumar pasivamente aumenta la morbimortalidad y es la tercera causa prevenible de muerte, después del tabaquismo activo y el alcoholismo”, explica un informe de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). A su vez, la exposición prenatal y durante los primeros años de vida se considera un factor que predispone la iniciación del hábito durante la adolescencia. En caso de estar expuesto al tabaco desde el vientre materno, el mismo deja una impronta neurológica que logra que con el paso de los años el niño sea más propenso a fumar que otro hijo de madre no fumadora.

Bajo la misma línea, los expertos de la SAP explicaron: “El entorno familiar puede favorecer la iniciación en presencia de padres fumadores o madre fumadora durante la gestación o la lactancia. La visión positiva del tabaco en el núcleo familiar, la percepción del placer por el cigarrillo por parte de los adultos y la búsqueda de disminuir tensiones constituyen el desarrollo de la llamada ´tolerancia social´”.

Como conclusión, el informe reflexiona: “Respetar y hacer respetar los derechos del niño, respirar un aire limpio y sin tóxicos, es más importante que el derecho a fumar”.

Además, la UATA menciona la aparición de nuevos dispositivos electrónicos que influyen en la iniciación al tabaquismo: “Se estimula el consumo juvenil bajo la mentira de tratarse de prácticas inocuas, con diseños, colores muy atrayentes y diferentes sabores. Todos sumamente adictivos”. 

Qué medidas se están tomando en Argentina para luchar contra el tabaquismo

Desde el Centro de Investigaciones de Enfermedades No Trasmisibles (CIENTA) proponen trabajar para que dentro de 19 años menos de un 5% de la población argentina sea fumadora.

La doctora Marta Angueira, médica cardióloga especializada en Cesación Tabáquica, sostiene: “Así como oportunamente tuvieron una importante adhesión las políticas públicas implementadas con el objetivo de disminuir el tabaquismo enmarcadas en la Ley de Control de Tabaco de la Ciudad de Buenos Aires y la Ley Nacional de Control de Tabaco, hoy hacen falta nuevas medidas y no estamos viendo que estén en la agenda de los funcionarios”.

Si bien la presidenta de CIENTA asegura que “el mejor cigarrillo es el que no se fuma”, plantea una serie de estrategias para reducir el daño del tabaquismo y optimizar la salud pública con el fin de controlar los efectos de comportamientos adictivos. Entre ellas, menciona al uso del cigarrillo electrónico. “Ha demostrado ser una buena estrategia para aquellas personas que no pueden dejar de fumar, o quieren disminuir el consumo”, apunta.

Por otro lado, desde la UATA manifiestan: “Nos preocupa mucho que hasta ahora se esté utilizando el lema ´Libre de humo´ y no precisamente uno para alejar de la adicción de fumar, sino para ingresar al mercado los nuevos dispositivos de calentamiento de tabaco, con los cuales obviamente no estamos de acuerdo. La realidad es que hay que seguir trabajando en conjunto y con un único mensaje que es insistir en que todas las formas de consumo de tabaco son sumamente nocivas”. 

La entidad lucha día a día contra el tabaquismo en concordancia con ONGs y entidades científicas con quienes difunden los beneficios de la cesación tabáquica y la importancia de no iniciarse. Además, capacitan anualmente a profesionales de la salud con el objetivo de ampliar la oferta de ayuda especializada al fumador. Participan en los programas de Tabaco del Ministerio de Salud de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires.

Recientemente, se actualizó la Guía Nacional de Tabaco y se está impulsando una nueva Ley Provincial de tabaco “realmente superadora”. Por último, UATA impulsa la implementación del Empaquetado Neutra y la suba de impuestos.

Florencia Morales, integrante del equipo de Sociología de CIENTA, remarca: “Lograr una Argentina libre de humo para 2040 no puede ser una iniciativa aislada, sino que debe estar en línea con un plan integral para contribuir a mejorar la salud de la población. Hoy, el COVID-19 ocupa el centro de la escena y se están tomando muchos recaudos para evitar el contagio y las muertes evitables. Pero, ¿qué estamos haciendo como sociedad para prevenir a largo plazo el tabaquismo, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares? Es importante prestarles atención a estas condiciones, que representan una enorme carga a nivel individual y para el sistema de salud”.

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