Salud mental y aislamiento social: ¿Hay un límite?

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Pitido largo. Se marca el número. Ocupado. Cuelga. Suena el teléfono.

Hola, vos recién te intentaste comunicar con Salud Mental Responde, ¿en qué te puedo ayudar?

Mientras se continúa extendiendo el aislamiento social obligatorio en Argentina por más de 130 días, debido a la pandemia del Covid-19, la salud mental de las personas se pone en riesgo. Por eso, diferentes entidades activaron algunos protocolos para poder ayudar y acompañar a la gente en este contexto.

¿Cómo atraviesa la salud mental este período de aislamiento social? ¿Afecta a todos por igual? ¿Existe la posibilidad de que las personas se encuentren más cansadas, ansiosas, angustiadas o preocupadas? ¿Qué recomiendan los profesionales?

La Dirección General de Salud Mental del Gobierno de la Ciudad habilitó un servicio telefónico gratuito por la pandemia del Covid-19, que funciona las 24hs, sin importar que sea feriado o fin de semana. Se trata de un equipo interdisciplinario de psicólogos y psiquiatras (próximamente se incorporará una trabajadora social, también), que actúan como operadores al brindar orientación y contención hacia quien realice la llamada.

Igualdad, equidad y accesibilidad. Victoria Kugler, coordinadora del Programa Salud Mental Responde (SMR), explica que el servicio debe proporcionar los principios de la Atención Primaria de la Salud. Es decir, “un dispositivo que esté al alcance de todos los usuarios que lo necesiten: desde quien tiene una crisis de urgencia, hasta quien quizás te hace una consulta para ver a dónde podría empezar un tratamiento”. Y agrega: “Hay gente que nunca tuvo un contacto con salud mental y lo necesita”.

En el período del 14 de abril al 31 de julio, Salud Mental Responde recibió 4404 llamados (70% mujeres, 30% hombres -aproximadamente), cuando el programa anterior a la pandemia (Operación de Servicios Telefónicos) recibía 3700 al año.

Los principales factores del aumento en la atención remota según el médico psiquiatra Humberto Lorenzo Persano, Director General de Salud Mental del Ministerio de Salud del GCBA, van desde el resguardo que están teniendo los adultos mayores, al miedo general a contagiarse en los hospitales. Como los equipos profesionales se dividieron por semana para evitar el contagio cruzado entre ellos, la oferta se redujo un 50%. Sumado a esto, hay que considerar que el personal de salud es más propenso a contraer el virus que el resto de la población. Por último, los recursos de Salud Mental fueron redistribuidos a este sistema, a la atención de los dispositivos intrahospitalarios, hoteles, paradores (para la gente de los barrios vulnerables).

Hoy la mayoría de los usuarios de SMR ronda la franja etaria de los 40 años: adultos que quedaron sin trabajo, o están inactivos, que les afecta el aislamiento y, además, algunos tienen hijos en edad escolar. Asimismo, predominan los llamados por parte de la tercera edad: gente de 70 y pico, que vive sola porque quedó viuda y, además, no tiene hermanos, o porque, a pesar de tener familia, casi no hay interacción entre ellos. Entonces, llaman. Y, quizás, la misma persona que llamó está tan sola, o angustiada, que vuelve a comunicarse otro día, sino son los propios operadores quienes se contactan nuevamente con el paciente.

Un flujograma de acuerdo a cada situación

Poner la escucha, estar atento. En el 95,12% de los casos (4192 llamados) no hizo falta derivar al usuario, porque el motivo del llamado se pudo resolver en el mismo diálogo entre el operador y el usuario, como cuando se comunican por la angustia que puede generar el encierro y todo lo relacionado al coronavirus, por ejemplo. Las personas buscan un oído para ser escuchados y descargarse.

El otro 4,8% (212 llamados) necesitó Derivación Asistida. Tras el seguimiento (hasta tres llamados) por parte de los profesionales del programa, hay instancias donde, al tratarse de patologías más graves, psiquiátricas, los usuarios son articulados con un efector de su Área Programática: un equipo o profesional acorde a sus características y necesidades, que se encuentra en el hospital más cercano a su domicilio.

Como el servicio está coordinado con una historia clínica electrónica (Historia Clínica Universal), “cuando alguien llama, el profesional que está atendiendo puede entrar y ver la historia previa de ese usuario”, aclara el especialista Persano.

En diversas instancias, las personas ya venían con un plan farmacológico; pero, debido a la cuarentena, se vieron obligadas a interrumpir su tratamiento. Entonces, los operadores de SMR colaboraron en la re-conexión con los equipos tratantes previos a la pandemia, y/o en el vínculo con los nuevos efectores, en caso de que el paciente deseara cambiar y atenderse con otro grupo profesional más cercano a su hogar.

“Estamos evitando saturar el sistema de Salud con consultas”, sostiene Persano. Por eso, el Programa se basa en dos conceptos fundamentales: las Redes Integradas de Servicios de Salud (RISS), que son lineamientos de la OPS, y los Cuidados Progresivos en Salud Mental, propuesto por el Ministerio de Salud (CABA).

Hay situaciones, como sucede con los ataques de pánico, donde las personas acudirían a la guardia de un hospital por sentir falta de aire, dolor de pecho. Pero, como los usuarios se comunican con la línea 107 para corroborar si sus síntomas corresponden, o no, con los de Covid-19, sus operadores los derivan al servicio de SMR, cuando perciben que se trata en realidad de angustia. “Hoy en día complejiza la situación”, dado que “la idea es que circule la menor cantidad de gente en los efectores de salud”, concluye Kugler.

Por otro lado, tanto la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) como la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) también cuentan con este servicio gratuito propio de atención psicológica para la población general. La diferencia principal es que este se activa una vez que el usuario registra una solicitud en las respectivas páginas web. Así pues, un profesional se comunicará para acordar un encuentro con la persona, con modalidad virtual.

Inclusive, la facultad proporcionó una línea exclusiva para el personal de salud. Para comunicarse, deben enviar un mensaje de WhatsApp al 1121779617, de 10 a 18 horas.

Agustina Vicchi (M.Nº41315), psicóloga que tiene contacto con todas las generaciones (desde niños de primaria hasta con adultos mayores) debido a las distintas oportunidades laborales que se le fueron presentando, asegura que el aislamiento social y preventivo “golpea a todos en diferentes maneras, pero golpea a todos”.

Explica que la tercera edad, de cierto modo, está acostumbrada a las limitaciones que se le imponen: ya de por sí, tuvieron dejar el trabajo por las jubilaciones y el físico les va poniendo otro tipo de restricciones. Entonces, “están un poco más acostumbrados a tener que resignarse”, comenta Vicchi. Si bien hay quienes están temerosos y son lo más precavidos posible por ser el grupo que, desde el principio, fue apuntado como el que corre mayor riesgo; también, existen quienes no están de acuerdo con las medidas impuestas por el gobierno y consideran que se les está quitando la libertad.

Algo similar ocurre con quienes tienen algún tipo de discapacidad cognitiva y sus familiares, ya que siempre tuvieron que ajustarse a la realidad porque la vida los fue sorprendiendo a cada instante. Por eso, agentes de salud perciben que son personas “con mucha adaptabilidad”.

El décimo informe sobre salud mental en aislamiento social obligatorio (29 de junio al 3 de julio de 2020), efectuado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA -a través una encuesta online entre 2.758 personas del AMBA- refleja que, tanto la crisis del coronavirus como los 100 días de cuarentena, continúan impactando considerablemente sobre la salud mental de los habitantes.

Incertidumbre. Preocupación. Ansiedad. Angustia. Las principales sensaciones.

La incertidumbre se transformó en el gran actor principal, ya que atraviesa todos los ámbitos de la vida cotidiana (familia, salud, economía, etc.). A su vez, se convirtió en una “’incubadora’ de inseguridad, estrés, ansiedad, angustia y temor al futuro”.

Melina (28 años), estudiante de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA, manifiesta: “De golpe vivimos algo similar a lo que vive quien está preso, pero sin tener responsabilidad. Vivimos lo mismo que alguien en un psiquiátrico, pero siendo plenamente conscientes de nuestro encierro. Es lo más parecido a que nos quiten la libertad. Y agrega: “Yo creo que más está afectando, el consumo de noticias negativas de manera constante”.

Se insiste mucho en la capacidad de reinventarse y descubrir en otros proyectos y actividades el cómo salir adelante. El tema es que el aislamiento no se transforme en soledad.

Hoy resulta sumamente importante estar en contacto con seres queridos o el comunicarse con alguna de las líneas que brindan acompañamiento. Si bien hay que estar aislado socialmente, se puede estar comunicado con todo el resto y no sentirse solo. Esta tristeza puede llegar a perjudicar y traer trastornos emocionales. Vicchi comenta que este contexto no ayuda porque “los miedos y los tocs se empiezan a intensificar”, sobre todo en personas que ya tendían para ese lado por su personalidad y mentalidad psicológica.

Por otra parte, la percepción de bienestar general registrada en el informe de la UBA, también, demostró que el 65% de los encuestados indicó “estar algo peor” (40%) o “mucho peor” (25%), en comparación a su condición previa a la crisis del coronavirus. El 39% señala que su vida se modificó de manera negativa y ve con pesimismo su futuro. Estas cifras resultan alarmantes para los especialistas en salud mental, dado que estos valores fueron superiores a la novena medición.

Asimismo, los resultados obtenidos en torno a la ansiedad, la tristeza, la depresión, la angustia y la pérdida del sentido de la vida reflejan mayor intensidad en los estratos sociales más vulnerables (media baja/baja). Por eso, no resulta casual que dentro del ranking general de preocupaciones frente al contexto de Covid-19 y el aislamiento social se perciba una distribución muy pareja entre las preocupaciones por la salud física, por la salud mental y por la economía.

Los más jóvenes, entre 18 y 29 años, son los que están más preocupados por la economía, que por su salud física. En los adultos mayores sucede lo opuesto, ya que tienen mayor preocupación por su condición física, que por la economía. A su vez, por estrato social, se percibe que en las clases más vulnerables se enfatiza más en la preocupación por lo económico, que por la salud física. En cambio, en los grupos que cuentan con más recursos es a la inversa.

Agobio. Estrés. La incertidumbre laboral y económica últimamente se la menciona “hasta con más miedo que el miedo al contagio”, expresa Vicchi. “El miedo al contagio ya está como asumido, con todas las precauciones que hay que tomar. Salvo que alguien tenga un familiar o un amigo muy cercano que la esté pasando muy muy mal. Sino, en la cotidianidad, ya es como que la gente se ha acostumbrado a vivir en este momento con todas las precauciones habidas y por haber. Preocupa mucho a esta altura toda la parte económica y laboral, explica la psicóloga.

Además, trabajar desde casa no es sinónimo de comodidad: “se cuelga Internet, están con los chicos encima o en condiciones. Se complica el hecho de estar todos dependiendo de las comunicaciones y de las redes. Entonces también se complica y terminan a veces más estresados de lo que sería la presencialidad de una oficina acondicionada con todo”, concluye.

En el último registro de la UBA, el “estrés de recursos económicos” (por cuánto tiempo puede sustentar un individuo o una familia su economía hasta que se acabe) indicó, que el 61% de los trabajadores que viven de changas informales y casi el 50% de quienes se desenvuelven en oficios varios (plomeros, electricistas, peluqueros, jardineros, etc), junto con los beneficiarios de la AUH, tienen recursos económicos solamente para un mes.

En cambio, el 42% de los trabajadores en relación de dependencia aludieron que sus ahorros les serían suficientes para más de cuatro meses. Esta diferencia es la gran brecha en la estratificación social de la Argentina.

A pesar del pedido de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y la facultad de Psicología de la UBA, para que su actividad sea considerada como uno de los trabajos “esenciales”, la realidad es que recién con las nuevas medidas tomadas por el gobierno, estos agentes de la salud pudieron comenzar a ejercer su profesión de manera presencial a partir del miércoles 29 de julio. Por lo tanto, la posibilidad de hacer terapia previamente se vio reducida a la virtualidad (Zoom, Google Meet, videollamada) y a los llamados telefónicos.

Corto “Prestando mis alas”, que ejemplifica cómo puede llegar a ser una sesión de terapia online.

45 minutos. La eficacia o no de hacer terapia a la distancia depende significativamente del entorno de la casa del paciente. ¿Por qué? Porque hay hogares en los que convive mucha gente y, a veces resulta complicado encontrar ese espacio de privacidad, de tranquilidad, como para poder hablar abiertamente. En esos 45 minutos, hay días en los que cuesta muchísimo lograr que la persona del otro lado esté sola y tranquila, salvo que vivan pocos en esa casa:

Siento que se escucha todo. Todo lo que yo diga se va a escuchar-, dice Camila.

Entra mi hermana todo el tiempo, sé que mi mamá está dando vueltas y me está escuchando-, se queja Felipe.

Hoy no puedo, lo dejamos para mañana-, se disculpa Catalina.

Hay veces en que la tecnología tampoco ayuda y se recurre a llamados telefónicos.

También, existen casos en los que, si bien son la minoría, optaron por empezar terapia sin conocer a su psicólogo previo a la cuarentena:

Me encanta, a parte empecé este año y en abril, cuando ya había empezado la cuarentena, y sinceramente me re resultó, estoy re contenta con los resultados por suerte-, señala Daniela

Me encanta, estoy creciendo un montón. Creo que es algo que todo el mundo debería hacer para estar mejor como persona, con o sin pandemia-, reflexiona Martina.

Mantener las rutinas lo más parecido posible a la realidad. Una de las recomendaciones que resuena durante este tiempo pandémico es el no dejarse estar: No vivir de noche y dormir de día, respetar los horarios de las comidas, comer bien, obligarse a mantener la higiene (sobre todo en jóvenes y adultos mayores que responden con un “total nadie me ve”), vestirse todos los días, no venirse abajo.

Asimismo, es importante que los adultos mayores se ejerciten mentalmente: leyendo, trabajando con crucigramas, con palabras cruzadas, con algo que los mantenga siempre enfocando, tratando de recordar y tratando de agilizar la mente. Como también, físicamente: el estar en un departamento no tiene por qué ser un límite, ya que pueden hacer sus pequeñas caminatas en un pasillo, o alrededor de una mesa, o del living a la cocina y de la cocina al living, poniéndolo como meta de ejercicio. A diferencia de la gente joven, con eso alcanza.

Pablo Schaefer suele organizar sus propios eventos, como ir corriendo con cuatro deportistas más desde su casa en Temperley hasta Tigre, o ir a nadar a la laguna de Chascomús. Hoy, su entrenamiento grupal lo hace vía Zoom. Cada sábado a la mañana se reúne con sus compañeros y hacen tres horas de actividad aeróbica, cada uno desde su casa, con lo que puedan. Pablo hizo 1.30 h de cinta y 1.30 h de “rodillo”, bicicleta fija con la de triatlón, que simula estar andando en la calle. Otro hizo tres horas corriendo en el jardín de la casa y hubo quien “se armó discos con latas de pintura y cemento, le clavó un palo y lo usa de pesa”.

Asimismo, Schaefer asegura sentirse afortunado por no tener alguna competencia por delante, porque “te rompe la cabeza” el prepararse durante mucho tiempo para que “ese evento se te suspenda por esta porquería. Te pega. Te tira para abajo. Cree que para quien tiene esta conducta previa, se le facilita un montón el hacer ejercicio durante esta época de aislamiento: “Te ayuda un montón a estar positivo y tener buena energía”.

Crédito de imágenes: Pixabay

Datos útiles

Salud Mental Responde

Todos los días, incluidos feriados y fines de semana – 24hs: 0800 333 1665

Fundación SÍ

Para quienes tienen 60 años, o más, o forman parte de algún grupo de riesgo y necesitan asistencia durante el aislamiento porque no tienen familiares o personas que los puedan acompañar en la Ciudad de Buenos Aires.

Teléfono: (011) 4775-6159

WhatsApp: +54 (11) 54107309 | info@fundacionsi.org.ar

Compromiso Social UCA

El programa​ “UCA te da la mano” busca ofrecer al personal de salud afectado un espacio de reflexión y de orientación frente a la vivencia de la situación de la pandemia por COVID-19.

LÍNEA 144

Para personas en situación de violencia de género.

WhatsApp: 11-2771-6463, 11-2775-9047 y 11-2775-9048 linea144@mingeneros.gob.ar

Aplicación gratuita para celulares (dispositivos Android y Iphone) a través de la página web del ministerio: https://www.argentina.gob.ar/aplicaciones/linea-144-atencion-mujeres

LÍNEA 147

La opción 2 está dirigida a adultos mayores que busquen asistencia e información, y así evitar el riesgo de contagio del Covid-19 y la alteración del sistema de salud.

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