Rosas del Plata: la agrupación que derriba los mitos sobre el cáncer de mama

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Es una agrupación de unas quince mujeres que todos los fines de semana salen a remar y demuestran que, a pesar de haber padecido cáncer de mama, pueden tener una vida plena, activa y saludable.

En el año 2015, Matilde Yahni, una médica de Zona Norte que toda su vida remó en distintos clubes, escuchó en la radio a una argentina que vive en Vancouver, Canadá, llamada Adriana Bartoli, quien comentaba la existencia de grupos de mujeres palistas que habían transitado la enfermedad de cáncer de mama y lo beneficioso que era este deporte para su salud.

Inmediatamente, se comunicó con el equipo rosa de Canadá y Bartoli le contó cómo se desarrollaba la actividad. Yahni creó una asociación civil de Capital Federal y Gran Buenos Aires, similar a la que ya existía en La Plata desde 2013, y se convirtió en la presidenta de Rosas del Plata.

“Tenemos dos objetivo”, aseguró Débora Yael Teplitzki, representante del grupo, “El principal es que todas aquellas que hayan tenido la enfermedad puedan hacer la actividad de remo para mejorar su estado de salud, fortalecer el cuerpo y no reincidir”.

El segundo objetivo es lograr que todas las mujeres comprendan la importancia de hacerse los tres tipos de diagnóstico: el examen mamario, la ecografía y la mamografía. “Las personas, por más que no hayan tenido antecedentes familiares de cáncer de mama, se tienen que hacer estos controles ya que gracias a la detección temprana todas nosotras estamos sanas y remando arriba del bote”, agregó Yael Teplitzki.

Verónica Litvak conoció la agrupación a fines del año pasado durante su tratamiento, cuando otra paciente comentó que estaba queriendo empezar esta actividad. Las ganas por unirse tampoco le faltaron a ella, pero debió esperar a hacerse la radioterapia y que el médico le dé el ‘ok’.

“Al principio estaba muy ansiosa, terminé rayos en mayo del 2021, pregunté a mitad de año si podía comenzar, hice toda una prueba cardiológica, mi doctor me dijo que de a poquito podía hacerlo y arranqué”, contó. Aunque al comienzo hubo complicaciones sobre con quién podía dejar a cargo de sus hijos, entre todas pudieron solucionarlo; a veces asiste el marido de alguna de las chicas y se queda en la orilla cuidándolos mientras van a remar, por ejemplo.

¿Por qué remar?

El ejercicio de estiramiento al remar ayuda a recuperar movilidad, mejorar la postura y prevenir el linfedema, una afección que surge cuando en la operación extirpan los ganglios y se inflaman los brazos.

La reciente miembro de la agrupación rosa sostuvo: “También me da un estado de ánimo diferente, estoy chocha. El grupo es divino, siento que tengo un montón de abuelas para los nenes y mamás para mí; cancelé muchos domingos por no poder dejar a los chicos, pero ahora los empecé a traer conmigo, siempre hay alguien que los mira en la orilla, ellos la pasan bien y yo puedo salir a remar”.

Romina López tiene 43 años, es profesora de educación física y una nueva integrante de Rosas del Plata. Gracias a la autodetección, la mujer notó un bulto pequeño en una de sus mamas y tras hacerse todos los chequeos encontraron el tumor.

En base a un artículo publicado por la Organización Mundial de la Salud, el cáncer de mama es la principal causa de muerte femenina. Sin embargo, la tasa de mortalidad desde 1980 hasta la actualidad bajó un 40% debido a la detección precoz y las terapias eficaces, basadas en cirugía, radioterapia y farmacoterapia.

En octubre, el mes de la lucha contra el cáncer de mama, cuando se realizó la oleada rosa, López vio al grupo. Según contó, le encantó tanto la actividad como la propuesta de difusión y concientización sobre la importancia de la actividad física, algo muy necesario para mejorar la calidad de vida. “Les escribí a través de Instagram para preguntar cómo se podía participar, Débora se puso en contacto conmigo y acá estoy, contenta”, finalizó.

En medio del consultorio donde se atendía, un folleto logró captar la atención de Patricia, Rosas del Plata, ayudanos a seguir a flote’, decía. A pesar de la pandemia, en 2020 la mujer se sumó a la agrupación y desde su casa a través de Zoom practicó día tras día con un palo de escoba y sentada en una silla con el fin de aprender la técnica de remo.

“El grupo para mí es un lugar de contención -explicó Patricia-, no es un grupo de autoayuda, simplemente nos juntamos, remamos, compartimos y nos divertimos”. La camaradería es un lema dentro del grupo que todas cumplen.

Para la integrante, “es un momento de relajación con la naturaleza y el grupo. Todas sabiendo que ya pasaron por algo parecido, pero que una se olvida, es como algo superado. Yo ni me acuerdo que tenía cáncer. Es un cable a tierra que me hace feliz, me hace muy bien”.

Por otro lado, Mónica Kobrinsky a través de la radio escuchó: ‘El grupo de mujeres que reman y tuvieron cáncer de mama’, y fue suficiente para conducirla al equipo en 2018. “Nunca había remado -afirmó-, solo hacía gimnasia. Primero salíamos en un bote convencional de madera, hasta que pudimos comprar nuestro primer bote”.

Nuevos nacimientos

Si bien estos grupos de remo rosas se originaron en Canadá, es una movilización que se extendió por todo el mundo. Están en España, Estados Unidos, Alemania, entre otros. Dentro de Argentina existen 26 equipos actualmente, pero cada año nacen nuevos.

“Es un lindo grupo, nos reunimos y tratamos de venir todos los sábados o domingos. Dentro del bote te olvidás, te dejás llevar y no estás pensando en si pasaste la enfermedad, que en mi caso fue hace más de 17 años”, comentó Kobrinsky. Luego agregó: “Controlándose constantemente se puede transitar este camino y esto hay que explicárselo a las chicas nuevas. Se puede”.

Según Débora Yael Teplitzki, hay que difundir la importancia de la detección temprana y la actividad física tanto para las mujeres que son operadas por cáncer de mama como para aquellas que no padecieron la enfermedad, con el fin de proteger todos los aparatos reproductores femeninos. Rosas del Plata, contra todo prejuicio, cada fin de semana sale a remar, y aún bajo un clima desfavorable continúan activas, aunque sea en tierra.

Canadá: donde comenzó todo

Hasta hace poco en muchos países a las sobrevivientes de cáncer de mama se les aconsejaba no hacer ejercicio que exija esfuerzo repetitivo en la zona superior del cuerpo debido al miedo de contraer una dolorosa condición llamada linfedema de brazo.

En 1990 el Dr. Don Mackenzie, médico especialista en medicina deportiva, investigó dicha creencia, pero no halló evidencias. Frente a esto, invitó a veinticuatro voluntarias que habían sobrevivido al cáncer de mama para ir al gimnasio durante tres meses. El médico canadiense las preparó para remar por otros tres meses más en un bote dragón que exigía mucho esfuerzo físico. Este equipo se llamó Abreast In A Boat.

Finalmente, las palistas lo lograron, no debían remar con mucha fuerza, sino que tenían que hacerlo juntas. El doctor vio que ninguna desarrolló linfedema, por el contrario, estaban en mejor estado que nunca. Este fue solo el comienzo de un movimiento rosa que se extendió a lo largo del mundo.

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