Privacidad 2.0: cómo cuidar la imagen y datos de los niños en las redes

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En la actualidad el derecho a la privacidad y la intimidad es vulnerado sin que muchas veces nos demos cuenta. Desde el momento en el que hacemos clic en la opción “Acepto términos y condiciones” estamos permitiendo que las empresas tengan acceso a nuestros datos y muchas veces no somos conscientes de los riesgos que esto implica. Cada vez es más sencillo acceder a los dispositivos tecnológicos, participar de las redes sociales y compartir contenidos, y además, los chicos acceden a Internet a edades cada vez más tempranas. ¿Cuáles son los derechos que protegen la identidad digital de los niños? ¿Por qué es importante que los padres aprendan sobre la importancia de la privacidad y los datos para cuidar a los niños? 

Desde el momento en el que una persona nace, pasando por su infancia hasta su vida adulta está expuesta a aparecer en las redes sociales y en distintas plataforma online. La elección de crearse un perfil en una red social o hacerse una cuenta de correo electrónico es libre y uno puede hacerlo en el momento que quiera, y así compartir lo que uno desea cuando lo decida. Pero cuando un niño cumple años subimos fotos de él sin consultarle, y no somos conscientes de lo que puede pasar con esos datos. ¿Los adultos somos realmente conscientes de la importancia de resguardar la identidad digital y del uso responsable de las tecnologías para proteger a los menores de edad?

“El uso responsable de las tecnologías digitales propone considerar la identidad o huella digital de niños y niñas, que empieza a formarse a cada vez mayor temprana edad y sin su consentimiento”, explica Ezequiel Passeron, director ejecutivo de Faro Digital, una organización que crea estrategias para un uso reflexivo y crítico de las tecnologías digitales.

Esta identidad digital está conformada por los datos personales (fotos, videos e imágenes en general), que van formando esta reputación web que se compone de toda información que se relacione a las identidades de una persona. Así, Internet funcionaría como un espacio público en donde se dejan rastros o huellas que conforman nuestros perfiles, y muchas veces esas huellas no son necesariamente publicaciones que nosotros hacemos directamente, y es información que está disponible para cualquiera con todos los riesgos que esto implica.

“Cada foto o video que se sube y comparte puede ser tomada por cualquiera que tenga acceso a ella, y en ese sentido no sabemos qué puede suceder con esa imagen”, comenta Passeron y agrega: “Existe una gran brecha de acceso a información y formación que explique cómo funciona internet y las redes sociales y qué consecuencias puede tener para las personas”.

Con los niños menores de 18 años el problema es doble: por un lado, ellos muchas veces no son conscientes de las consecuencias que implica compartir determinadas informaciones en este espacio público que es Internet, y por otro, muchas veces los mismos padres son quienes comparten información de ellos sin pensar en cómo puede repercutir en la identidad digital de estos jóvenes y si es algo que ellos aprobarían al tener un grado de madurez más desarrollado. Lo que se comparte hoy queda almacenado en Internet de maneras que a veces no nos imaginamos. 

“Los niños, niñas y adolescentes son considerados sujetos de derecho, esto significa que deben ser escuchados”, afirma Verónica Papa, técnica en Minoridad y Familia y explica que según el artículo 10 de la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, ellos “tienen derecho a la vida privada e intimidad de y en la vida familiar”. Esto quiere decir, que desde el ámbito legal se intenta proteger la intimidad y privacidad de los menores de edad, ya que tanto en la Convención sobre los Derechos del Niño como en la Ley de Protección Integral, prevalece ante todo el interés superior del niño de respetar los derechos y garantías de los menores de edad.

Esto no quiere decir que se tenga que excluir a los menores de edad del mundo digital, la tecnología es parte de la vida de todas las personas y es necesario aprovechar sus beneficios y educar a los más jóvenes en su correcto uso.

“Es una realidad que hay que aceptar y gestionar. Las edades dependen de cada niño o niña, del grado de desarrollo y formación que tengan. Por eso cada familia debe ocuparse de este tema de manera consciente y reflexiva y no utilizar los dispositivos como “chupetes electrónicos”, explica Passeron. Y, en este punto, Papa desde su perspectiva legal coincide en que “la capacidad de ejercicio no se adquiere de un día para el otro al cumplir 18 años, sino que es un proceso gradual por el cual las personas menores de edad pueden ir ejerciendo derechos por sí mismas de acuerdo a su edad y grado de madurez”.

¿Qué medidas podemos tomar para proteger la privacidad e intimidad de los niños?

  • Enseñar acerca de la identidad digital, cómo esta puede acompañarlos durante toda la vida y puede tener consecuencias tanto positivas como negativas. 
  • Hablar acerca del contenido que pueden y no deberían compartir, y el derecho al olvido, es decir, cómo la información que se publica es difícil de borrar. 
  • Debatir sobre la diferencia entre espacios públicos y privados, y la opción de configurar las redes para preservar ciertos tipos de información y restringir al público.
  • Utilizar contraseñas seguras, que sean difíciles de adivinar para que otras personas no accedan a nuestros datos, y modificarlas cada cierto tiempo. 
  • Enseñar a respetar la privacidad de los demás.

Desde la organización Faro Digital, recalcan la importancia de formarse, interiorizarse en estos temas y problemáticas y poder contar con información de valor junto con estrategias de uso, para poder aprovechar las posibilidades que nos traen las tecnologías digitales y poder gestionar los desafíos.

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