Los empleos del futuro y el desafío de la igualdad de género

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Un informe del Foro Económico Mundial sostiene que sólo el 25% de los “trabajos del futuro” serán equitativos entre hombre y mujeres. ¿Cuál es la situación en Argentina? ¿Qué hacer para revertirla?

El mercado laboral sigue mostrando una tendencia a la división en puestos de trabajos femeninos y masculinos; un prejuicio que repercute en las decisiones de estudio de las futuras trabajadoras. En consecuencia, menos de un tercio de las estudiantes a nivel mundial eligen carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, porque están menos representadas en esa área: son menos, ganan menos y tienen menos posibilidades de ascenso.

Una investigación del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) identificó ocho campos para los cuales la demanda de personal aumenta constantemente en 20 países: Márketing, Ventas, Personas y Cultura, Producción de Contenidos, Computación en la nube, Ingeniería, Datos e Inteligencia Artificial, y Desarrollo de productos. Estos son los considerados “trabajos del mañana”, que proporcionan un indicador de cuánto se respetará la igualdad de género en los futuros entornos laborales. 

Los datos reflejan que solo dos de las ocho categorías laborales emergentes consideradas por el WEF emplean una fuerza laboral similar entre hombres y mujeres: Desarrollo de productos, y Personas y Cultura. Por el contrario, las demás muestran una grave infrarrepresentación de las mismas.

“Se puede aventurar la idea de que hay empleos que están asociados más típicamente a las mujeres, porque se asocian más a tareas de cuidados o relacionados con la educación, y eso tradicionalmente está asociado a los trabajos que hacen las mujeres también dentro de los hogares, entonces cuando las mujeres salen a buscar trabajo, tienden a ser contratadas en ese tipo de actividades”, expresa Santiago Poy, licenciado en sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA, Argentina) y becario doctoral del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en el Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina (de la Pontificia Universidad Católica Argentina).

Por su parte, Bárbara Guerschman, antropóloga social por la Universidad de Buenos Aires (UBA), considera que “hay trabajos fundados en presuntas razones biológicas, como ser maestra: se asocia a que las mujeres son más idóneas por su presunto carácter maternal. Lo mismo ocurre con los trabajos asociados a los hombres por rudezas, fortalezas masculinas”.

“El día que dejen de haber notas de ‘mujeres taxistas, mujeres colectiveras’ como si fuera un hecho anómalo, cuando eso ni siquiera amerite un artículo periodístico, vamos a vivir un cambio. Pero, por ahora, que haya una mujer colectivera o un hombre que sea maestro jardinero sigue siendo una “rareza” que justifica una nota”, agrega la antropóloga.

El investigador explica que “la segregación del mercado de trabajo tiene que ver con la existencia de empleos en los cuales las mujeres se sitúan de manera predominante con respecto a los varones”. Y añade: “En general se habla de ramas de actividades más feminizadas, es una cuestión común y en ese sentido las mujeres están sobre representadas, como el servicio doméstico, el trabajo en hogares, servicios a la salud y enseñanza”.

Lo argumentado por los especialistas coincide con los datos de la Comisión Mundial sobre el futuro del trabajo, de la Organización Internacional del Trabajo (ILO por sus siglas en inglés): la proporción de mujeres en Sanidad y asistencia social es del 75%, en Educación del 65,4%, mientras que en la construcción representan al 8,3%. ¿El resto de los porcentajes?: Hombres.

Cuáles son los trabajos más probables en tener subrepresentación de mujeres en el futuro

Las cifras del estudio muestran que las brechas de género son más probables en campos que requieren habilidades técnicas disruptivas, en particular, Computación en la nube, donde las mujeres representan solo el 14% de la fuerza laboral. También en Ingeniería, donde las mujeres constituyen el 20%; y Datos e IA, donde son el 32% del personal. 

Si bien los ocho grupos de trabajo identificados por el WEF tienden a experimentar una gran afluencia de nuevos talentos, actualmente las tasas de entrada no equilibran la segregación ocupacional: desde el 2018 las brechas de género vivenciaron poco progreso e incluso tuvieron retroceso -en Datos e IA-. Sin embargo, el Desarrollo de productos es el grupo de trabajo con un aumento mayor de representación de mujeres, de 1,7 puntos porcentuales más; mientras que Ventas aumentó 1,4 puntos porcentuales hacia la igualdad de género. 

La innovación tecnológica y la pandemia han llevado a que cada vez más empresas soliciten personal técnico en específicas áreas, y dejen de lado roles que consideran redundantes: el 84% de los empleadores están acelerando su digitalización y el 50% tienen la intención de acelerar la automatización de puestos de trabajo. 

Las profesiones en tecnología y, en particular, la informática demostraron ser grandes ejemplos de cómo las culturas pueden cimentar la segregación de género de manera organizacional y profesional. Entonces, si los roles emergentes también son aquellos que tienen un salario superior al promedio, la falta de mujeres en estos campos aumentará la brecha salarial entre los géneros. Sin oportunidades de reempleo y redespliegue en roles emergentes, la proporción de mujeres en el mercado laboral podría disminuir aún más. 

La situación en América Latina y en Argentina

Si bien no existe ningún país que haya logrado una completa equidad de género a nivel laboral, Islandia se encuentra en el primer lugar de un ranking de 156 países incluidos en el reporte, al haber cerrado un 85% de su brecha. Mientras, Argentina se ubica en el puesto número 35, por debajo de México.

El puntaje regional ponderado por la población de América Latina y el Caribe es 72.1%, sin cambios desde el 2019; lo que significa que el 28,9% de su brecha de género aún no se ha cerrado. A este ritmo, a la región le tomará 68,9 años conseguir la equidad. Particularmente en Argentina, la proporción de mujeres que participan en el mercado laboral es sólo entre 59,1% y 61,9%.

Estos datos, vivenciados en la realidad diaria, tienen consecuencias en las decisiones de las futuras trabajadoras: menos de un tercio de las estudiantes mujeres en el mundo eligen asistir a facultades de ciencias, tecnologías, ingeniería y matemáticas. “Es una tristeza y una injusticia que haya trabajos que sigan catalogados ‘para hombres’ o ‘para mujeres’. El futuro es de todos, y es por eso que todos deberían formar parte. Hombres y mujeres”, expresa Julieta Cancellieri (23), estudiante de Ingeniería Industrial en la UNT, de Tucumán.

“Elegí esa carrera porque siento que todo puede optimizarse: procesos técnicos, económicos, administrativos y hasta humanos en el ámbito de lo gerencial, y es por eso que quiero tener las herramientas necesarias para hacerlo”, cuenta Cancellieri, quien también quiere estudiar FullStack. Sobre la representación femenina en su comisión, cuantifica: “Solo un 19% somos mujeres; 9 mujeres y 38 varones”.

Julieta Cancellieri junto a sus compañeras de la facultad.

Sobre la desigualdad, considera que “en cuanto a los puestos de trabajos relacionados a lo administrativo la cosa es más pareja. Pero cuando hablamos de lo técnico aparece una desigualdad inmensa. En mi caso particular, soy la única de mis compañeras que se ve más atraída a lo técnico que a lo administrativo, y eso genera una reacción de sorpresa para cada profesor que se entera”. 

Cancellieri ha atravesado situaciones de machismo durante su carrera: “En una materia técnica tenemos que pasar a resolver ejercicios frente a todos. Cuando pasa un varón le preguntan algunas cosas y listo. Pero cuando paso yo, me suelen tener media hora al frente haciéndome miles de preguntas esperando a que ‘pise el palito’, porque al ser mujer pareciera que no debería tener claro los conceptos técnicos”. Al respecto, añade que “hay profesores que directamente no dejan participar a mujeres, que no pueden dar una clase completa sin contar algún ‘chiste’ sobre cómo las mujeres solo saben lavar platos, o tirar comentarios sobre que la ingeniería es una carrera de hombres. Obviamente un ambiente así es desgastador y desmotivador para cualquiera”.

Las mujeres deberían quedarse en casa”, le dijo un profesor a Victoria Bermudez (22), estudiante de Ingeniería en Sistemas, durante el secundario, en la materia Tornería, cuando algo le “salió mal”. “Pero yo decidí no quedarme en mi casa y hoy en día estudio y trabajo”, cuenta quien está trabajando como Android Developer: “hago aplicaciones para el celular”, explica.

La secundaria a la que asistía Bermudez era la Escuela Técnica 37 Hogar Naval Stella Maris y, si bien el porcentaje de mujeres que hoy se atreven a ir a escuelas con orientación técnica en computación ha ido creciendo, explica que esto no siempre fue así: “Cuando empecé la secundaria éramos muy pocas chicas y nos hacían cursar a todas a la tarde. Me acuerdo que nos dijeron que hacían eso porque pensaban que la escuela ya era muy difícil para nosotras como para que encima tuviéramos que levantarnos temprano a la mañana. Después eso se dejó de hacer y ahora el número de mujeres aumentó un 40%, hay una buena cantidad de mujeres”.

Victoria Bermudez durante su jornada de trabajo, en modalidad remota.

Respecto al maltrato que sufrió en la secundaria por el simple hecho de ser mujer, Bermudez reflexiona: “Sin dudas hay gente que cree que un hombre sabe o puede más y muchísimas veces no es así. De hecho, las que empezaron con la programación fueron mujeres y actualmente hay numerosos avances increíbles hechos por mujeres. Como, por ejemplo, Katie Bouman, la mujer que hizo el programa que renderizo la primera foto de un agujero negro”.

Desde el año 2018 estudia en la UTN, en Buenos Aires, y dice que al igual que en la secundaria a la que iba, año tras año, el número de mujeres que empieza esa carrera, va creciendo. “Creo que sí hubo y todavía sigue habiendo mujeres que cambian de carrera a causa de la desigualdad de género. Pero yo no lo hubiese hecho. Si bien todavía es algo que tenemos que seguir combatiendo las mujeres, creo que día a día hay más igualdad en los trabajos y respeto por la mujer”.

Para Dulce Salvucci (23), estudiante de Ingeniería Electrónica en la UBA, la desigualdad de género no suele ser un motivo para abandonar la carrera, pero, que las mujeres que la dejan, lo hacen por “el desequilibrio en cuanto a cantidad entre ambos sexos en la carrera” y agrega: “Si bien no muchas mujeres deciden estudiar Ingeniería, no creo que esto se deba a una razón cultural, sino que simplemente no la eligen”.

Desde enero del 2022, Salvucci trabaja en Accenture como Operations IT Analyst and Developer. Mientras algunas mujeres aseguran sufrir situaciones machistas todos los días en su ambiente laboral, este no es su caso: “En Accenture se trabaja mucho el tema de la igualdad. De hecho, la CEO de la empresa es una mujer y más del 50% de los lideres de la empresa son mujeres (managers y directoras). Se podría decir que hay más lideres mujeres que hombres”. Además, reconoce que en la empresa se les da la misma confianza a ambos géneros: “Ahora muchas mujeres están trabajando en la parte de programación y se cree que tanto hombres como mujeres, son capaces de lograr objetivos y desafíos”.

Los trabajos del futuro no tienen género, pero seguirán sin ser equitativos siempre que los que los enseñen sigan pensando tan retrógradamente. Me parece que una solución va de la mano con que las nuevas generaciones tomen las posiciones de maestros, para enseñar y capacitar gente, no géneros”, opina Cancellieri.

La influencia de la pandemia en la desigualdad de género en el mercado laboral

La pandemia por el covid-19, que golpeó al mundo en diciembre del 2019 y obligó a fijar una cuarentena en marzo del 2020 en Argentina, influyó significativamente en la segregación del mercado de trabajo. “Provocó un efecto más intenso en principio sobre la tasa de participación de las mujeres, que se retrajeron más, tuvieron una mayor salida del mercado de trabajo que los varones y tardaron más en recuperar sus niveles anteriores de participación laboral”, explica Poy. 

“Esto ha tenido que ver principalmente con la particularidad de donde se ubican las mujeres en el mercado de trabajo, que tienen mayor prevalencia a la informalidad, una mayor tasa de marginación, tienen empleos más precarios y son justamente los empleos precarios los que se perdieron con más facilidad durante la pandemia”, añade el investigador. 

El estudio del WEF asegura que, a nivel mundial, las reducciones de empleo han sido más pronunciadas para las mujeres que para los hombres. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el 5% de todas las mujeres empleadas perdieron sus trabajos, frente al 3,9% de los hombres empleados: 64 millones de mujeres y 80 millones de hombres perdieron su trabajo; aunque el impacto relativo es mayor en las mujeres, porque son menos en el mercado laboral. 

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) asegura que el efecto negativo fue tal que generó “un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral”, de acuerdo con el Informe Especial COVID-19 N⁰9: La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad. Según el documento, la tasa de participación laboral de las mujeres se situó en 46% en 2020, mientras que la de los hombres en 69% (en 2019 habían alcanzado un 52% y un 73,6%, respectivamente).

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Con respecto al efecto regresivo, Poy argumenta que “ha habido un proceso muy desigual en el periodo de inicial aislamiento, porque muchas mujeres debieron hacerse cargo del cuidado de los niños y el hogar,  de una manera muy intensiva, porque los chicos no iban a la escuela, no iban al jardín, quizás algunos hogares que solían tener ayuda doméstica o niñera no pudieron tenerlo, entonces eso agudizó esa otra cara del trabajo de las mujeres”. 

Guerschman coincide con el sociólogo y considera que “la pandemia hizo visible el peso de la maternidad y las labores asociadas a lo doméstico”. “Estábamos todos 24/7 metidos en la casa, y lo que se hacía evidente es que el espacio doméstico y el laboral se solapaban; y el doméstico más allá que no sea rentado insume horas, y eso es un preconcepto respecto a lo que es el trabajo doméstico, que no lo consideran un trabajo, como ser ama de casa. La pandemia complicó la articulación de ambos trabajos e hizo evidente la asociación de lo doméstico a las mujeres”, explica la antropóloga.

La pandemia puso de manifiesto y enfatizó la necesidad de sistemas de cuidado infantil resilientes y sostenibles. En este sentido, la inversión en la economía mundial de este punto como generador de empleo, puede resultar en altos retornos para la infraestructura económica y social.

Cómo revertir la situación y acelerar la equidad

“Mientras que en muchos países se fomenta que las mujeres entren en los ámbitos dominados por los hombres, rara vez se alienta a los hombres a hacer trabajos considerados tradicionalmente femeninos”, sostiene la ILO en su informe Trabajar para un futuro más prometedor. Por tanto, la Comisión mundial sobre el futuro del trabajo sostiene que “las sociedades tienen que centrarse en los principales puntos de inflexión”.

Los datos recolectados ponen de relieve la persistencia del sesgo de género en las profesiones emergentes y pide esfuerzos renovados para examinar sus causas y poner en marcha una acción reparadora. “Necesitamos políticas específicas y lo ideal es trabajar sector por sector”, considera el investigador del Observatorio de la UCA. Por su parte, Guerschman advierte: “En la medida que se sigan reproduciendo las distinciones de género no lo lograremos”.

Sólo el 25% de los “trabajos del futuro” serán equitativos entre hombre y mujeres, según el informe del Foro Económico Mundial.

En ese sentido, Poy explica: “No es tan fácil pensar políticas en todos los sectores, y habrá algunas políticas dirigidas a que las mujeres altamente calificadas puedan mejorar sus posiciones en carreras altamente calificadas, pero también hay un trabajo por hacer en cuanto a las mujeres de menor calificación, para que también puedan tener participación en mejores trabajos”.

“Tiene que haber una participación de los sectores del trabajo, de los sectores empresarios, de los sectores de la sociedad civil que en un contexto de diálogo social puedan debatir cómo implementar estas medidas tendientes a mejorar la situación de las mujeres en el mercado de trabajo. Eso a su vez tendrá que ir acompañado de políticas que desarrollen las propias organizaciones, orientadas a la equidad de género en los niveles gerenciales, en los niveles de puntos medios, que aseguren la polución de las trabajadores mujeres”, agrega el sociólogo.

La ILO sostiene que “la igualdad de género comienza en el hogar”. En ese sentido, recomiendan adoptar políticas que promuevan compartir los cuidados y responsabilidades domésticas entre hombres y mujeres. “Las políticas de transparencia salarial, como el cumplimiento de requisitos obligatorios de presentación de información y otras medidas que protegen el derecho de los trabajadores a compartir información, pueden arrojar luz sobre la magnitud de las diferencias salariales basadas en el género y facilitar que se corrijan”, sostiene su publicación.

También afirman que es esencial potenciar la representación, voz y liderazgo de las mujeres, “tanto en la economía formal como en la informal, así como en el gobierno, en las organizaciones de trabajadores y de empleadores, y en las cooperativas”. “Recomendamos que se adopten medidas concretas para garantizar la igualdad de oportunidades y la igualdad de género en los puestos de trabajo del mañana que las nuevas tecnologías harán posible”, añaden. 

Por último, la OIT y todos los profesionales consultados coinciden en que la eliminación de la violencia de género y el acoso en el mundo laboral es una condición fundamental para poder revertir la situación y conseguir la igualdad de género en el mercado del trabajo. 

Entonces, para acelerar la inclusión de las mujeres en los lugares de trabajo del futuro, las instituciones y empresas deberían:

  • Repensar los modelos de liderazgo actualmente dominantes, protegiendo un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida;
  • Implementar políticas de formación continua para la promoción de la mujer en puestos directivos;
  • Comprometerse a moldear la cultura actual a favor de la superación de la desigualdad de género.

Por Camila Ceratti e Ivana Martín Smajic. 

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