Los comedores amortiguan la pandemia del hambre en los barrios carenciados

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Si bien hoy estamos en distanciamiento social, preventivo y obligatorio, el día que se decretó la cuarentena obligatoria se volvió un gran problema para todos, pero sobre todo para aquellas personas que viven en hogares precarios, es decir, en condiciones que no les permiten cumplir adecuadamente con las recomendaciones sanitarias para la prevención del coronavirus.

Según el informe de Indicadores de condiciones de vida del INDEC, el 4,7% de las personas que viven en Argentina viven en condiciones de hacinamiento crítico, es decir que habitan con más de 3 personas por cuarto. Este porcentaje representa 1.315.000 de personas en los 31 aglomerados urbanos considerados en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

Personal del Plan Detectar en los barrios carenciados. Foto: Gobierno de la Ciudad

El cumplimiento de las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación en cuanto a la higiene de las manos y del hogar es muy difícil de cumplir en estos lugares ya que 848.000 personas de estos centros urbanos sólo tienen acceso al agua fuera de la vivienda, es decir que en sus hogares no tienen agua corriente. En tanto, el 31,5% de la población solo posee cobertura médica a través del sistema público, lo que equivale a 8.913.000 personas.

Juan Pablo Costa trabaja en Fundación Gestionar Esperanza en el fortalecimiento institucional de organizaciones sociales ubicadas en todo el AMBA. Puntualmente buscan la formalización de comedores y merenderos de escasos recursos, los ayudan a gestionar la personería jurídica y toda la documentación necesaria para establecerse como asociaciones civiles. “Desde que empezó la cuarentena, se trabaja muy fuerte especialmente en asistencia alimentaria, llegando a más de 190 comedores, merenderos y ollas populares”, explica.

Anabella Salinas, militante de una agrupación política, señala que el comienzo de la cuarentena “fue bastante difícil porque el coronavirus ataca en los lugares donde el hacinamiento es moneda corriente. En los barrios populares no hubo un aislamiento como en otros lugares de Buenos Aires. Lo cierto es que nunca hubo un aislamiento social y obligatorio dentro de los barrios, sino que hubo un aislamiento comunitario”.

Mariela Fumarola, trabajadora social de Caminos Solidarios, indica que “los que estaban en situación de calle quedaron totalmente solos ya que ni siquiera había comedores, ni voluntarios. Fue un parate total. Hubo gente que pasó hambre”. Actualmente la situación en los barrios populares no es la mejor y así lo explica Costa: “La desocupación es el principal problema. Al comienzo de la cuarentena, muchas personas que viven de trabajos informales como changas, cartoneros, vendedores ambulantes, entre otros, no pudieron salir a trabajar. Quienes tenían trabajo en relación de dependencia, muchos fueron despedidos y les redujeron las horas de trabajo y sus salarios”.

En relación a esto, el joven de 33 años afirma que la situación “repercutió directamente en la economía de cada hogar, y pasaron a depender casi exclusivamente de la asistencia estatal y de este tipo de organizaciones (comedores, merenderos, ollas…) que surgen de forma solidaria para que no le falte la comida a nadie”. Por otro lado, Fumarola asegura que “si antes veíamos personas en situación de calle y en riesgo de situación de calle, ahora se sumaron personas que quedaron sin el trabajo que tenían”. En cuanto a la ayuda estatal, la mujer de 50 años manifiesta que no reciben ningún tipo de colaboración de parte del gobierno nacional ni tampoco de la ciudad: “todo sale del bolsillo de los voluntarios”.

La salubridad y la higiene es uno de los aspectos más preocupantes. “La falta de agua potable y cloacas, la escasez de productos de limpieza y las condiciones de hacinamiento estructurales en las que viven no van de la mano con las recomendaciones para mitigar la pandemia. Muchos tuvieron que acudir a comedores para poder alimentarse, donde se generan grandes concentraciones de gente y un desafío para los referentes de estas organizaciones, quienes terminaron, en su mayoría, infectados de coronavirus”, explica Costa.

De acuerdo con un relevamiento que publicó la revista Crisis, en la Ciudad de Buenos Aires hay 470 comedores que reciben mercadería para la elaboración de 90 mil raciones diarias. De ese total, 290 están en las villas. “Se estima que hay al menos un 20% más de comedores que no están reconocidos por el Estado, pero igual reparten comida, por lo que el número de personas que no consiguen solucionar su alimentación diaria alcanza los seis dígitos”, indica el estudio.

Lo cierto es que los casos de coronavirus están bajando, Costa manifiesta: “Actualmente, en algunos barrios parecería que la situación empieza a mejorar, a partir de la apertura de nuevas actividades, pero siempre desde la informalidad. Todavía falta mucho para recuperar todo lo que se perdió en términos de trabajo e ingresos familiares”.

En los próximos días, se espera que la campaña de vacunación a nivel nacional comience, pero todavía no se sabe cuándo recibirán las dosis en los barrios populares. Con respecto a esto, Fumarola señala que “tenemos que esperar que el Ministerio de Salud organice todo y después veremos cuándo llegan a los barrios más vulnerables”. En la misma línea, Salinas afirma: “Se nota que en los barrios hay una alta expectativa de que llegue la vacuna. Hay una necesidad de que todo vuelva a la normalidad, y con la vacuna va a ser así”.

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