Su paso por Chiclayo, el vínculo con Francisco y la «desobediencia» que recordó años despues. Rrober Prevost vuelve a sudamérica convertido en Papa
Detrás de unos barrotes de utilería, con las manos aferradas a las rejas y una sonrisa de oreja a oreja, un obispo escucha cómo el animador de una kermés pide a los presentes que pongan dinero para rescatarlo. La escena transcurre en 2022, en el Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, de Chiclayo, durante una actividad llamada Té Show. La “cárcel” es uno de sus juegos: quien compra un ticket puede encarcelar a otra persona, que recupera la libertad cuando se cumple el tiempo pactado o cuando un tercero paga por su liberación. Esta vez, el preso es Robert Francis Prevost, el Papa.
Hoy Prevost es León XIV, el pontífice número 267, el primero nacido en los Estados Unidos y el primero de la Orden de San Agustín. El video, que volvió a circular en TikTok ante la expectativa por su viaje, generó comentarios cargados de afecto en Perú, donde una usuaria lo describió como “un ser de la familia” que “regresa a casa”. Ese hombre que se deja encarcelar por una buena causa aterriza este domingo 8 de noviembre en Argentina, primera escala de una gira que lo llevará también por Uruguay y Perú. El primer Papa en llegar a Argentina lugo de 39 años.

Chiclayo: el pastor que se quedó
Perú ya había hecho de Prevost un misionero mucho antes de que lo hiciera obispo. Llegó por primera vez en 1985, con unos 30 años, enviado por los agustinos a Chulucanas, en Piura; allí lo empezaron a llamar “padre Roberto” y, a los dos meses de instalarse, la fiebre tifoidea lo mandó por primera vez en su vida a un hospital.
Después vinieron once años en Trujillo, entre 1988 y 1999, como formador de religiosos, profesor de seminario y párroco, en plena época de Sendero Luminoso. Cuando la guerrilla asesinó a tres sacerdotes extranjeros en 1991 y la orden recomendó a los frailes foráneos que se fueran, él decidió quedarse. “Era muy importante permanecer al lado de las personas a las que servíamos”, contó después a la periodista Elise Ann Allen, autora de su biografía.
Pero Chiclayo es otra historia. Es la ciudad donde el misionero se convirtió en obispo. El 3 de noviembre de 2014, el Papa Francisco lo nombró administrador apostólico de esa diócesis del norte peruano y obispo titular de Sufar. Tomó posesión el 7 de noviembre y fue ordenado obispo el 12 de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe, en la catedral de Santa María.
Eligió un lema agustiniano, In Illo uno unum: aunque los cristianos son muchos, en el único Cristo son uno solo. Un año más tarde, el 24 de agosto de 2015, obtuvo la nacionalidad peruana por naturalización, y el 26 de septiembre de ese año fue designado obispo de Chiclayo.
Su gestión de casi ocho años dejó marcas visibles: impulsó una Comisión de Ecología Integral, inspirada en Laudato Si, la encíclica de Francisco; en 2017 le pidió al expresidente Alberto Fujimori, condenado por violaciones a los derechos humanos, que pidiera “perdón personalmente” a las víctimas; y en 2023, en plena crisis política, con unos cincuenta civiles muertos en las protestas contra el gobierno, defendió el derecho a protestar.
Ese año se lo vio con botas y el agua hasta los tobillos entre viviendas inundadas, convocando a ayudar a los damnificados. Por eso su vínculo con el país excede la anécdota: “Amo mucho al Perú, al pueblo peruano, por lo que eso es parte de lo que soy”, dijo ya como Papa.
La teóloga Véronique Lecaros sostiene que su manera de mirar la pobreza no habría sido la misma sin “meter los pies en el barro”. La cárcel de utilería y las botas en el agua parecen decir lo mismo: un hombre que aprendió a gobernar con cercanía.

Francisco: un vínculo que empezó con “incidentes”
La relación entre Prevost y Jorge Bergoglio no comenzó como una amistad. Se cruzaron por primera vez en Buenos Aires, cuando Bergoglio era arzobispo y cardenal primado y Prevost, prior general de los agustinos desde 2001. En agosto de 2004 concelebraron una misa en la parroquia San Agustín, en una foto que se haría viral veintiún años después, cuando el segundo fue elegido Papa. Nadie imaginaba entonces que ambos terminarían con el anillo del Pescador.
El propio León XIV le contó a Allen que hubo “un par de incidentes”. Bergoglio le había pedido algo vinculado con cuestiones de personal y él tomó decisiones contrarias a lo solicitado. De modo que, cuando Bergoglio fue elegido Papa, pensó que no lo llamaría para hacerlo obispo, porque sabía que le diría que no, según el asunto, pero se equivocó.
El reencuentro fue el 17 de marzo de 2013, en la misa que Francisco celebró en Santa Ana, la parroquia vaticana confiada a los agustinos. “Me pregunté si se habría acordado de mí”, recordó Prevost. Apenas entró en la sacristía, Francisco lo reconoció. Después, según relató, él se enfrentó a un funcionario de la Santa Sede, en un asunto que prefirió no revelar, y Francisco le dijo que nunca olvidaría lo que había hecho. Prevost cree que ese episodio, y su fama de hombre “franco”, que “decía las cosas como las veía”, empujaron el nombramiento en Chiclayo.
La confianza de Francisco lo fue llevando hasta Roma: en 2023 lo puso al frente del Dicasterio para los Obispos, y ese mismo año lo hizo cardenal. Cuando Francisco fue internado en el Gemelli, fue Prevost quien presidió en la Plaza de San Pedro el rosario por su salud. El Papa murió el 21 de abril de 2025 y, el 8 de mayo, al segundo día de cónclave, los cardenales eligieron a Prevost como sucesor.
Eligió llamarse León, por León XIII, el Papa que respondió a la primera revolución industrial con la encíclica Rerum Novarum. El nombre es una definición de época: León XIV ve en la inteligencia artificial un desafío de magnitud semejante, y por eso es el tema de su primera encíclica, Magnifica Humanitas.
Según Allen, Francisco valoraba de él su capacidad administrativa, su manera de resolver “sin crear conflicto”, su trabajo sostenido durante años por la justicia social y su fama de “amigo de los pobres”.
En los encuentros semanales que mantuvieron, el jefe de la Iglesia se despedía con un único consejo: “No pierdas el sentido del humor, tienes que sonreír”. Quien haya visto el video de la cárcel tendrá la sensación de que el consejo fue bien recibido.
Según fuentes eclesiales, León XIV rendirá un breve homenaje a Francisco el 9 de noviembre en la catedral de Buenos Aires, y coronará su paso por el país el 11 con una misa en Luján, donde se exhiben una rosa de plata y una sotana blanca que pertenecieron a Bergoglio, donadas por el actual Papa.

El cáncer: un nódulo, una lobectomía y un viaje en pie
Sin embargo, a menos de un mes de emprender el viaje a América Latina, el Papa tuvo que pasar por el quirófano. Durante un chequeo médico se detectó un pequeño nódulo, de menos de tres centímetros, en el pulmón derecho del pontífice, de 71 años. El diagnóstico fue de adenocarcinoma pulmonar localizado, en etapa temprana. El 13 de octubre de 2026, en el Hospital Gemelli de Roma, los cirujanos le practicaron durante unos noventa minutos una lobectomía: le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho.
Según los informes difundidos tras la operación, el análisis patológico confirmó que el tumor estaba localizado y que no se había extendido a los ganglios linfáticos ni a otros órganos. No necesitó quimioterapia ni radioterapia complementarias, y quedó en condición de “libre de enfermedad”. Tras recibir el alta y los informes postoperatorios favorables, retomó sus actividades públicas y confirmó el viaje.
“Argentina, allá vamos”
La decisión se conoció en una audiencia en el Vaticano, cuando León XIV pronunció una frase que los medios argentinos convirtieron en titular: “¡Argentina, allá vamos!”. Fue pocos días después de la operación y antes de partir hacia la gira que incluye Uruguay, Argentina y Perú.
Me llena de alegría regresar al continente en el que he vivido tantos momentos de mi vida. Que este viaje sea una ocasión para abrir nuestros corazones los unos a los otros, fortalecer nuestra comunión como hermanos y hermanas, y renovar nuestro compromiso de anunciar el Evangelio con alegría. #Uruguay #Argentina #Perú
— Papa León XIV (@Pontifex_es) October 26, 2026

En la visita a Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre, recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján, además de la visita al Cottolengo Don Orione de Claypole. Habrán pasado treinta y nueve años desde la última vez que un papa pisó suelo argentino, la de Juan Pablo II en 1987. Después viene Perú, su segunda patria, adonde lo espera Chiclayo.
A Argentina llega un hombre al que el barro peruano le enseñó a gobernar, al que Francisco eligió a pesar de unos desencuentros y al que un quirófano acaba de recordarle la fragilidad que tiene todo pastor. Llega, también, con el consejo que recibió de su antecesor, el que ahora tendrá que cumplir en la tierra de Francisco: sonreír. Probablemente lo haga como en aquel seminario de Chiclayo: tras las rejas de un juego, esperando que alguien aparezca a rescatarlo. Y a estas horas, con la frase ya dicha, queda claro que se está dejando encontrar.




