La hazaña como motor de vida: 3 historias que desafiaron todos los límites

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Las historias detrás de grandes hazañas deportivas revelan cuál es el combustible interno para correr los límites de lo posible y desafiar la naturaleza. Alfredo, Mariano y Heber cuentan sus hazañas y qué los impulsó a lograrlas.

¨La suerte está echada. De nuevo por última vez avanzamos por el glaciar Rongbuk en pos de la victoria o de la derrota final¨, escribió George Leigh Mallory en sus últimas anotaciones que fueron encontradas en su cuerpo sin vida a 521 metros de la cumbre del Everest. Mallory había partido en 1924, luego de dos intentos fallidos, a hacer cumbre en la montaña más alta del mundo. Al día de hoy, la incógnita sobre si Mallory y su compañero Irvine fueron los primeros expedicionarios en haber completado el ascenso es un misterio. Un año antes de la expedición, Mallory se encontraba en América promoviendo su travesía y fue consultado por el motivo por el cual estaba tan obsesionado con el Everest . Según la leyenda, el británico sólo se limitó a contestar: ¨Porque está ahí¨.

Puro romanticismo, amor por la naturaleza y la superación con uno mismo son algunos de los motivos que motivaron a Alfredo Barragán, Heber Orona y Mariano Lorefice en sus diferentes historias. La pregunta del por qué, ante la propuesta descabellada de ir tras una hazaña, puede desatar miles de respuestas que para la mayoría no tendrán mucho sentido, mientras que para otros muchos la pregunta es otra: ¿por qué no?

 ¨Desde niño leía sobre expediciones y soñaba con hacer expediciones en la naturaleza, como lo más natural, lo más espontáneo. Me veía como un señor de barba que fuma en pipa y cruza el mar ̈, cuenta Alfredo Barragán desde Dolores, provincia de Buenos Aires, sobre cómo surgió esa curiosidad por la naturaleza y el deporte.

¨Lo mío es la más pura pasión deportiva. Se conjuga la pasión deportiva, con el amor por la naturaleza y la curiosidad por la naturaleza. Eso hace como resultado un explorador deportivo, que es como yo me defino¨, dice Alfredo después de más de 35 años de haber cruzado el Océano Atlántico en una balsa de madera para comprobar la teoría que 3500 años antes que Cristobal Colón, navegantes africanos pudieron haber llegado a las costas de América conducidos por específicas corrientes marinas. 

Sin ningún tipo de ayuda externa, sin timón y con sólo una vela, Alfredo junto a 4 tripulantes convencidos en su teoría se lanzaron al Océano. Cincuenta y dos días después, los cinco integrantes de la expedición, llegaron a las costas de Venezuela dando por sentada la teoría que los había llevado hasta allí.

¨Cuando la gente escuchaba de lo nuestro había dos respuestas. Decían imposible y están locos. No eran capaces de concebir semejante esfuerzo, semejante desmesura. Entonces nos dimos cuenta que Atlantis tenía la oportunidad de ser útil en ese terreno. No desafiamos al mar, sino al escepticismo general. Esta expedición se podía hacer convocando personas e instituciones de 5 países y haciéndola con la verdad como único emblema y sin un peso. No teníamos un peso y gente de 5 países se sumó y uno prestó un coche, otro tomó la decisión de proveer unos pasajes aéreos, otro proveyó la comida y otro prestó un equipo de radio. Está claro entonces que estas grandes luchas son encabezadas por románticos. Hay otros no tan románticos, pero que terminan rindiéndose y siguiendo esa bandera. Por eso creo que al mundo no lo va a salvar el tecnicismo sino el romanticismo¨, dice convencido Alfredo sobre lo que lo llevó a concluir con su sueño que hoy continúa inspirando a muchas personas. 

Alfredo ha hecho también innumerables expediciones en todos los continentes, desde la expedición Atlantis hasta cruzar los Andes en globo, la búsqueda de derribar imposibles ha sido constante. 

¨Las expediciones son criaturas, las inventamos, les dimos vida, las hicimos y están vivas. Atlantis está absolutamente presente 37 años después, no es normal. Yo creo que está para quedarse, Atlantis está llena de proyectos. Sirve como inspiración a mucha gente y ese es nuestro compromiso. Y por supuesto damos gracias a la vida que nos ha dado esta oportunidad ̈, advierte el capitán de esa barca de madera que cruzó el océano.

El trabajo y la planificación también fueron una clave en la concreción de la hazaña: ¨Creo en la planificación, creo en la perseverancia y nada mágico, nada sobrenatural, ninguna energía extraña. Todo absolutamente terrenal. No me importa ser el que se rompe el lomo 25 horas por día, lo hago en las cosas que me enamoran, que hacen mi vida divertida. No me dedico a cosas que no elegí, a nada que yo no haya elegido. Lo elegí porque me enamoré, entonces si trabajo 25 horas en lo que me enamora soy el más feliz del mundo ̈, cierra Alfredo sobre su gran travesía en el mar.

¨Mi primer desafío fue ir a la escuela en bicicleta, quedaba a 45 km y después cada vez quise avanzar un poquito más¨, cuenta Mariano Lorefice sobre sus inicios en la bici. Tiempo más tarde, completaría expediciones que son difíciles de imaginar para cualquier persona de a pie. Dos vueltas al mundo, unir Ushuaia con Alaska, varias recorridas de norte a sur del país y hasta llevar la bici a cuestas para hacer cumbre en montañas como el Aconcagua o el Ojos del Salado, son algunas de las travesías de Mariano a bordo de sus dos ruedas.

Sus inicios estuvieron más vinculados a la competencia deportiva de triatlones, y  competencias Ironman. Más tarde, la curiosidad por conocer el mundo arriba de la bici lo llevó a recorrer distancias maratónicas. ¨Quería explorar el mundo en bicicleta. Me estaba cansando de las competencias. Me parecía más interesante pedalear, conocer lugares, conocer gente, culturas y enfrentarme a un desafío geográfico, físico, mental y social¨, dice.

¨Utilicé las competencias extremas para demostrar mi teoría: con la bicicleta, la voluntad y la alimentación sana uno podía llegar a cualquier lugar sin contaminar, y entonces subí el Aconcagua llevando la bicicleta hasta la cumbre sin ningún tipo de experiencia en la montaña¨, cuenta sobre una de sus hazañas.

 ̈ Siempre fue una búsqueda a dónde podía llegar ̈, reflexiona este ciclista. La búsqueda lo llevó a conocer el mundo, culturas y atravesar los paisajes más inhóspitos, siempre arriba de sus dos ruedas.

 ̈ Inicialmente fue una especie de desafío, curiosidad, búsqueda interior, espiritual. Sin embargo, después viajando me di cuenta que lo importante era llegar a lograr un estado de disfrute de la naturaleza, un estado de comunión y me sentí ciudadano del mundo y eso fue también lo que me marcó. Creo que involuntariamente todos viajamos en este planeta que gira alrededor de su eje y alrededor del sol, nadie puede evitar estar en viaje y el planeta, la tierra, es nuestra nave y hay que cuidarla. En realidad no hay que cuidarla porque se cuida sola, se trata de no destruirla ̈, nos cuenta Mariano sobre uno de los objetivos que tienen sus travesías, hacer campaña para el cuidado del planeta. 

En su última travesía que culminó hace semanas, Mariano volvió a unir La Quiaca con Ushuaia en una travesía llamada ¨Pedaleando por la vida 2021¨ cuyo objetivo es recaudar fondos para reforestar el Amazonas junto a la organización @onetreeplanted. 

¨Mis abuelos me criaron en un pueblo de montaña desde los 3 hasta los 10 años, en Polvaredas a 150 km de la ciudad de Mendoza ̈, cuenta Heber Orona sobre cómo descubrió ese amor por subir montañas. ¨Cuando mi madre puede establecerse mejor en la ciudad de Mendoza y retomo los estudios, no olvido el lugar que la infancia me marcó, lo cual todas las vacaciones de verano seguían siendo en Polvaredas, luego conozco a un compañero en el secundario que también le gustaba la montaña y empezamos a transitarla¨, recuerda Heber. 

Mientras devoraba libros de Messner, Terray y ascensos de otros montañistas, Heber empezó a incursionar en el Aconcagua a los 20 años.¨ Siempre soñando como muchos colegas y montañistas ir alguna vez a los Himalayas y en mi caso subir cualquier montaña de 8 mil metros, no importaba si era la más alta como Everest, solo ser parte de una expedición y dar lo mejor de mí por ese sueño. Tal fue así que en el año 1998 viajo a la 5ta mas alta, el Monte Makalú de 8.463 metros y fue el nexo para al año siguiente ir Everest.¨

Fue al año siguiente en 1999 cuando Heber se convertiría en el primer argentino en hacer cumbre en el monte Everest por la cara norte (Tibet) sin oxígeno ni porteadores de altura. ̈Siempre he considerado que las montañas deben ser ascendidas de una manera deportiva y por tal con la ética que merece, por eso decidí ir sin los tubos de oxígeno en Everest ̈, reflexiona este montañista experimentado sobre su ascenso a la montaña más alta del mundo. 

El curriculum del mendocino en la montaña es realmente extenso, incluyendo la cumbre de las montañas más destacadas del mundo. Sin embargo, uno de sus grandes logros es sin dudas haber alcanzado culminar uno de los desafíos más grandes del montañismo, las siete cumbres. El desafío consta en lograr la cumbre de las montañas más altas de cada continente, añadiendo además la más alta de Norteamérica. 

¨Los desafíos siempre fueron focalizados en superación a mi mismo y no hacía la montaña tomándola como grandes conquistas. Puedes ir a cualquier otra montaña que no sea la más alta del planeta y tener desafíos deportivos personales que te pongan a prueba en otros aspectos. En el contexto de montañismo hay muchas variables que pueden influir en el éxito de lograr su punto más alto, su cumbre o lo que uno esté buscando como desafío¨,relata Heber.

¨En mi caso no subo montañas para satisfacer los comentarios de otros, pero muchas veces eso es tu combustible interno que te lleva a desafiar lo que otros consideran que no eres capaz. Algo así me pasó cuando cuándo no podía concluir el proyecto 7 cumbres, hacía falta muchos recursos económicos, ya la montaña no era el verdadero desafío pero si los medios para ir a ella, y cuando muchos consideraban que no lo iba a lograr y en mi peor momento personal completé la última cumbre que me faltaba que era Vinson en la Antártida¨, recuerda el montañista de pura sangre sobre una de sus grandes hazañas.

Su camino deja una huella que sirve de inspiración para muchos. ¨Considero que la mejor huella es el buen ejemplo, si alguien normal y soñador como yo pudo lograr ciertos desafíos propuestos, muchos pueden hacer lo mismo si se tiene convicción de lo se que está haciendo¨. 

̈ Las hazañas no se buscan, lo que se busca es una meta determinada que tiene que ver con alguna pasión o con algún acto de amor ̈, reflexiona Miguel Espeche, psicólogo y periodista, tratando de limitar el porqué de esta búsqueda que hace que algunas vayan en búsqueda de lo imposible.

 ̈Cuando se busca la hazaña propiamente dicha, tiene que ver más bien con el guinnes record, que obviamente tiene una calidad inferior a lo que conmueve cuando vemos actos de arrojo, de valentía o de valentía científica o de aventura.¨

¨Uno conoce sus propias fuerzas cuando tiene a su vez, fuertemente arraigado en el corazón, un deseo. A ese deseo se remite y si tiene que generar acciones heroicas lo hace. Los motivos por lo que una persona pone su vida al límite en pos de una conquista, son tan disímiles como la cantidad de personas que tienen una pasión. Todo esto habita en el misterio del albedrío humano ̈ , concluye Espeche.

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