La Galería Güemes cumple 100 años

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En diciembre de 2015 uno de los edificios históricos más importantes de Buenos Aires cumple 100 años; la Galería Güemes, el centro comercial que inspiró un cuento de Cortázar, hospedó al escritor Antoine Saint-Exupery, y fue por muchos años el punto más alto desde el cual se podía contemplar la ciudad.

Durante el siglo pasado Buenos Aires fue la ciudad que atrajo a un sinfín de artistas de todos los rubros; con sus calles, su música, y sus edificios inspirados en la arquitectura de las grandes capitales europeas: uno de ellos fue la Galería Güemes.

La galería se inauguró el 15 de diciembre de 1915, siendo el primer rascacielos de la ciudad, con 87 metros de altura. Dos salteños, Emilio San Miguel y David Ovejero, eran dueños del terreno y contrataron al arquitecto Francisco Gianotti, el mismo que luego construyó la confitería El Molino, quien era muy reconocido en su época.

El edificio se construyó al estilo de los grandes espacios europeos, con el objetivo de convertirlo en un lugar de encuentro, destinado no solo a las compras sino también a ser cede de importantes eventos sociales y culturales. A principios del siglo XX, Florida era la calle más elegante de una Buenos Aires que ya era la París de Latinoamérica.

Al día de hoy, la galería sigue estando en la planta baja, por donde puede acceder el público, con locales y restaurantes, algunos de los cuales abren sus puertas desde hace más de 60 años. Además, hay oficinas en los primeros cinco pisos que siguen funcionando.

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Pero son muchas las cosas que cambiaron; durante sus primeros años hubo un hotel que iba del nivel del 6° al 14. Las joyas de la Galería Güemes se encontraban tanto en el extremo más bajo como en el más alto: en el subsuelo del edificio había un teatro, un salón de eventos y un restaurante. Y en el último piso un mirador, que fue el punto más alto de la ciudad durante varios años con una vista única de 360 grados en pleno centro.

“Hubo muchos personajes que pasaron por aquí, tiene una historia muy rica. Cantó Carlos Gardel en el año 17, y se hospedaron personalidades como Jean Mermoz y Antoine Saint-Exupery, quien comenzó a escribir aquí “Vuelo Nocturno”, uno de sus clásicos”, cuenta Humberto Magistrelli, gerente de la Galería.

Este histórico edificio fue musa inspiradora del cuento “El otro cielo” de Julio Cortázar, publicado en 1966, quien la describía como una galería de hombres, característica de la transición de la adolescencia a la adultez. Aún quedan vestigios de la época dorada: el bar Boston, al que hasta hace poco solo ingresaban hombres, los sellos Policella, y la cigarrería Ko E Yu.

Sin embargo, no pudo lucir siempre su esplendor: “Durante sus 100 años se lo trató, lamentablemente, como un edificio viejo. Durante muchos años el patrimonio no se protegía como se hace ahora”, asegura Magistrelli.

“En el último tiempo se han hecho tareas de restauración, las entradas de luz natural se volvieron a estar presentes, se han hecho fachadas, y se reabrió el mirador después de unos 60º 70 años, con la idea de que el edificio tenga todo ese esplendor que tuvo en sus mejores años”, explica.

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El mirador es el punto más alto de la galería, ubicado en el último piso y con una vista de 360°. Este permaneció cerrado durante 30 años, en los años en los que la galería se vino a menos, sin dinero para refaccionarla. En 2013 volvieron a ponerlo en condiciones y en octubre de ese años se abrió nuevamente al público.

Hoy se puede acceder a él subiendo por una escalera caracol muy angosta, y desde allí, es posible ver las cúpulas y techos de la Ciudad de Buenos Aires en pleno centro. En los días más despejados se llega a divisar incluso la ciudad de Colonia, en Uruguay. La reparación y reapertura del icónico mirador significó que se pudiera celebrar el siglo de su inauguración con una de sus partes más distintivas e históricas abierta al público y en excelentes condiciones.

Tras años de abandono, y luego de efectuarse cientos de reparaciónes, la Galería Güemes celebrará en diciembre el centenario de su inauguración. Con su esplendor recuperado, sus fachadas refaccionadas y el icónico mirador abierto al público, guarda un deje de nostalgia que, tal vez, logre inspirar a nuevas generaciones de artistas, para seguir siendo parte de la historia del a Ciudad de Buenos Aires.

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