Mientras los grandes estudios de la industria cinematográfica negocian los límites de su uso, la tecnología ya permite hacer películas de manera autónoma con presupuestos antes impensados.
Pocos fenómenos evolucionaron a un ritmo tan extremo como la inteligencia artificial. Su primera aparición oficial data de 1956, en la Conferencia de Dartmouth, donde nació la IA como campo de estudio. Sin embargo, no fue hasta la llegada de la arquitectura Transformer en 2017 –y, sobre todo, en los años que siguieron, con la popularización de herramientas como ChatGPT y Gemini–, que ese desarrollo se sintió con toda su intensidad.
Hoy, su evolución se plasma en casi todos los ámbitos de nuestras vidas. Ya no hace falta abrir una aplicación dedicada para interactuar con esta tecnología. Un ejemplo de esto es Meta, que llegó a integrar su asistente, Meta AI, directamente dentro de WhatsApp, permitiendo responder preguntas, buscar información instantáneamente e incluso generar imágenes sin salir del chat. Así, al imitar procesos propios de la inteligencia humana, la IA fue ganando terreno en tareas cada vez más cotidianas. Ese avance no tardó en sentirse también en la industria del entretenimiento.
El capítulo más reciente de la tensión entre Hollywood y la IA se centró en el acuerdo firmado a mediados de agosto entre la Motion Picture Association (MPA) y ByteDance, la empresa china dueña de TikTok. Este consistió en un memorando de entendimiento para implementar la protección de la propiedad intelectual en herramientas de IA generativas.

El acuerdo afecta particularmente a Seedance y Seedream, modelos de IA desarrollados por ByteDance para la generación de contenido multimedia. Su objetivo principal fue evitar el uso no autorizado de contenidos de Hollywood, una de las mayores preocupaciones en torno a la IA dentro de la industria del cine.
Mientras los grandes estudios de Hollywood negocian maneras de establecer límites en el uso de herramientas de IA en la industria, cada día aparecen más posibilidades para hacer cine con presupuestos que antes eran impensados, y que hoy resultan viables debido a la aparición de dichos sistemas inteligentes.
¿Qué película de IA marcó el primer hito de la IA en un festival importante?
En junio, el festival de Tribeca proyectó por primera vez un largometraje de ficción real generado totalmente por IA del estudio Fountain 0: «Dreams of Violets». La película, creada por los hermanos Ash y Pooya Koosha, se realizó con un presupuesto de apenas 2.000 dólares, y fue el primer filme generado de manera autónoma con IA que logró entrar a un festival de esta magnitud.
El director y guionista de Irán, Ash Koosha, narra la represión del régimen iraní contra manifestantes en enero de este año que, según datos registrados por la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), terminó con la vida de al menos 7000 personas.
Ambientado en Teherán durante la violenta represión de las protestas antigubernamentales, el docudrama sigue a cinco personas cuyas vidas se cruzan en un callejón poco antes de ser ejecutadas por las fuerzas de seguridad. Todo lo que ocurre es narrado a través de los ojos de un niño de diez años con parálisis cerebral quien, desde su ventana, presencia la escena en su silla de ruedas.
En tan solo tres meses, Koosha logró producir una película entera sin actores ni equipo técnico desde el exilio en su casa en Londres. El caso de Dreams of Violets ejemplifica cómo la IA está universalizando el acceso a la realización cinematográfica.
Hoy, cineastas independientes tienen acceso a una serie de programas de IA de generación de videos, guiones y efectos especiales. Debido a estos avances tecnológicos, hoy es posible crear producciones audiovisuales de alta calidad con un bajo presupuesto y sin la necesidad de grandes estudios ni equipos masivos.

De Gemini a Claude: las herramientas que usó Koosha
Los hermanos Koosha lograron llevar a cabo un proyecto entero desde su casa. Esto fue posible gracias al acceso a la tecnología propia de Fountain 0 para la puesta en escena y la precisión de los fotogramas. Además, Koosha utilizó las siguientes herramientas avanzadas de inteligencia artificial:
- Kling AI: Fue utilizado para generar y editar videos e imágenes realistas o creativos a raíz de descripciones de texto o fotos, lo que permite simular tomas de alta calidad sin necesidad de cámaras profesionales.
- Google Nano Banana: Fue empleada para generar las imágenes y fotogramas principales (keyframes).
- Claude AI (de Anthropic): Sirvió para la optimización de la escritura del guión, el idioma y como soporte en la edición lingüística.
- Google Gemini: Ayudó en tareas de investigación para el proyecto, como también en la colaboración en tareas creativas y de producción.
El director iraní, Ash Koosha, declaró a The Hollywood Reporter que no decidió utilizar la IA por curiosidad tecnológica, sino por necesidad. Afirmó que “hubiera preferido hacer esta película…con la dignidad de una producción completa”, pero esto no estaba a su alcance. Como cineasta en exilio, sin acceso a Irán, a sus locaciones ni a su gente, la herramienta le permitió contar una historia que de otro modo hubiera sido imposible filmar.
En el caso de Dreams of Violets, la IA no solo parece democratizar el acceso para hacer cine, sino que también presenta la posibilidad de contar historias que serían imposibles producir mediante las vías tradicionales. Esto abre las puertas a un nuevo interrogante: ¿la IA puede reemplazar el cine convencional?

¿La IA amenaza la existencia del cine tradicional o solo lo imita?
La recepción de la película no fue unánime. El crítico de cine de la revista Variety, Owen Gleiberman, reconoció el logro técnico del filme pero fue contundente con el resultado artístico final: “Después de un rato me pareció soporífera”.
Además, The Wrap se posicionó en una postura similar, afirmando que el largometraje aterriza en Tribeca con un “golpe seco en lugar de una explosión revolucionaria”. Afirmó que las imágenes generadas por IA son tan fragmentadas e imprecisas que, sin buscarlo, se terminaron pareciendo a cómo opera el trauma en la memoria. A pesar de ello, al tratar una masacre real, con personajes verdaderos que murieron, la imprecisión a la hora de narrar la historia deja de ser una virtud y se convierte en una limitación tecnológica.
El público general tuvo una reacción más bien negativa. En plataformas como Letterbox, muchos comentarios acusaron a la producción de usar una tragedia real como la excusa perfecta para promocionar sus propias herramientas inteligentes. Además, muchos cuestionaron la ética de usar IA para narrar un hito de esta índole como una falta de respeto al hecho histórico.

Por otro lado, la cofundadora de Tribeca, Jane Rosenthal, se ubicó en una postura más positiva. Defendió la inclusión de la película en el Festival de Tribeca y manifestó: “¿Es perfecto? No. Pero es algo que debería verse ahora mismo”.
Dreams of Violets puso sobre la mesa una nueva posibilidad para cineastas. Demostró que hoy es posible llevar a cabo una película entera sin actores, sin cámaras, sin equipos técnicos e incluso sin grandes presupuestos, y aún así, ser aceptado en un festival de cine de alta gama. No obstante, aún no parece consolidarse como un reemplazo directo de un equipo humano.




