Viajar también puede ser una manera de conocerse a uno mismo

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Algunas personas viajan obligadas por el trabajo, otras lo hacen por placer. Según la Real Academia Española, viajar es desplazarse siguiendo una ruta o trayectoria de un lugar a otro. Pero hay quienes tienen visión otra visión. Para ellos, esta actividad lleva a conocerse a uno mismo y suele ser una terapia para responder a preguntas de la existencia ¿por qué vivimos?, ¿quién soy?, ¿cómo quiero vivir?

Estos aventureros que se lanzan al mundo muchas veces lo hacen sin seguir una ruta convencional, ya que a medida que el viaje se desarrolla, trazan su propio camino. Es el caso de Benjamín Pastrana que, con 23 años, en el 2010 decidió emprender un viaje hacia Alaska. Motivado por la película “Into the Wild”, dejó su vida tranquila y estructurada para atravesar todo el continente y llegar al Magic Bus, el mítico punto final en Alaska que fue la meca del protagonista de la película.

En el 2010, junto a un amigo, Benjamín Pastrana decidió dejar su club de rugby, renunció a su trabajo en el Banco Central, cerró un noviazgo, preparó la mochila y dio comienzo a su aventura que lo llevó al descubrimiento de su propio ser. La idea surgió luego de ver la película que cuenta la historia de un chico que, luego de terminar el colegio y cansado de la sociedad consumista donde vive, toma sus libros preferidos y se va al medio del bosque -literal- en Alaska. “Arrancamos el viaje con algo de plata que teníamos, pero después se tornó más complicado cuando no teníamos un mango”, recuerda Benjamín al hablar del comienzo. Él es músico, y eso fue clave para financiarse el recorrido. Con su guitarra, una gorra y su carisma, se ganaba algún que otro peso en las calles latinoamericanas que lo ayudaba a seguir su aventura hacia el norte.

Durante el transcurso del viaje, Pastrana se guió constanmente en una frase que leyó en uno de sus libros: “Cuando uno confía, el Universo provee”. Y fue así. Nunca se sacó de la cabeza que iba a llegar al Magic Bus, que iba a poder sortear todas las dificultades que el viaje le pondría y que iba a cumplir su sueño. Como todo gran desafío, una vez que se realiza, todo cambia. Benjamín asegura que no es el mismo que en el 2010 emprendió un viaje hacia la otra punta del continente.

La filosofía del viajero es muy distinta a la filosofía de una persona que vive en una ciudad, con un trabajo fijo, con más “responsabilidades”. Al ser consultado sobre qué haría si el mundo se terminara mañana, Benjamín dio una respuesta simple que demuestra su pensamiento. “Voy a comprar una cerveza y me la tomo acá con vos, ahora. La vida es para disfrutar cada momento como si fuese único y pleno”. Más de uno debe querer ir a viajar por el mundo, encontrarse con su amor imposible o hacer la locura más grande que se pueda imaginar si hoy fuese el último día de la vida.

“A mi viajar me ayudo a entender la vida de otra manera. Una vez leí una frase que decía que es preferible saltar que quedarse con la duda. Mi consejo es saltar, si después uno se choca contra una roca mala suerte, se aprende de los errores. Pero si en el salto abriste las alas, perfecto”. De esta forma, Benjamín resume su experiencia como viajero, como aventurero, como método de su buena vida.

Esta forma de vivir es compartida por muchos más viajeros. Tal es el caso de Marina Orza, periodista de 41 años que, junto a su marido y su hija, emprendió un viaje por Latinoamérica. “Prefiero arrepentirme de lo que hice que de lo que no hice”, es la frase cabecera de esta familia que arriba de una kombi recorre el continente.

Empezaron a viajar cuando Marina tenía 37 años, por lo que ya llevan más de cuatro años realizando esta travesía que, además de ser considerado un viaje, también lo toman como un trabajo. La kombi no es solamente un medio de transporte, también es una radio. Ambos son periodistas y amantes de la radio. “¿Por qué no combinar el amor por los viajes con la pasión de hacer radio?”, se preguntaron cuando estaban haciendo los preparativos del viaje. Y así empezaron a subir los primeros podcasts a su propia web, donde trataban temas referidos a los lugares que visitaban, sus costumbres y sus personajes. A través de los programas radiales, la pareja busca que la gente viaje con ellos. “Tratamos de grabar muchos sonidos para que el oyente se teletransporte”, reafirma Marina.

Luego de cuatro años viajando por todo el continente la pregunta es cómo hacen para sobrevivir, de qué viven, cómo se financian. Su principal fuente de ingresos es la venta de vestidos que compraron en uno de sus viajes a la India. Pero, por otra parte, resaltan que no se dan un montón de gustos que la gran mayoría de las personas sí, por ejemplo, no van a recitales, no van al cine, no salen a comer a restaurantes. “Para nosotros el lujo va por otro lado, nuestro lujo es el silencio, sentarse a mirar las hojas de los árboles, ir a un río a comer”.

Tanto Benjamín Pastrana como Marina Orza, coinciden en que viajar te enseña a confiar. Benjamín fue ayudado por un hombre llamado Bob en Alaska, quien luego de treinta minutos de charla y la confesión de un sueño, le compró los pasajes para que el argentino vuelva al país. Benjamín, luego de llegar al Magic Bus, soñaba con volver a Buenos Aires. Su impedimento era que apenas le quedaban cuatro dólares. Bob, un hombre de 60 años que lo hospedó una noche, le regaló los boletos de vuelta.

Por su parte, Marina y su familia descubrieron la hospitalidad y la solidaridad de la gente. Muchas veces llegaban a lugares de noche y que no conocían. Y más de una vez terminaron pidiendo indicaciones en el departamento de bomberos de la localidad y durmiendo ahí mismo. Otro punto que recalca Marina es que “entre los viajeros los años no se notan, el estilo de vida del que viaja es muy similar y su filosofía es la misma”.

Viajar es salir al mundo y exprimirlo al máximo. Si emociona pensarlo, imagínate hacerlo.

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