El secreto del mejor pan dulce se guarda en una abadía

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Son furor hace años sobre todo en Navidad. Viven en Victoria, a 30 km de la Ciudad de Buenos Aires en un convento que ocupa una manzana y en dónde guardan un secreto que difícilmente se revelará. Son dueñas de una de las mejores recetas de pan dulce de los últimos tiempos. Estas monjas benedictinas de la abadía Santa Escolástica dedican su tiempo a la oración y al trabajo. Se levantan por la mañana temprano, asisten a la primera oración a las 5 am y luego cada una se encarga de hacer el trabajo que le corresponde hasta que llega la hora del almuerzo. Además de talleres de cocina en dónde elaboran alfajores, conitos de dulce de leche, colaciones, turrones y chocolate belga, tienen cursos de encuadernación y hacen también talleres de ornamentos, entre otras cosas. Pero se destacan por hacer uno de los mejores Pan Dulces de hace ya varios años.

Todo comenzó alrededor de 1998 haciendo honor a uno de los grandes lemas de la Congregación: “Serán verdaderamente monjes si viven del trabajo de sus manos” . Fue en ese año que una de las hermanas llegó al monasterio con una receta familiar del pan dulce que años después sería furor. La hermana Mercedes, quien hace ya varios años reside en el monasterio de Victoria, sostiene que para ellos siempre fue una preocupación encontrar la forma de generar una fuente de trabajo. “Es muy linda y verdadera la frase de San Benito pero a la hora de encontrar algo que nos ayude a vivir, no es tan fácil”, sostiene.

Mercedes comenta que al principio había talleres de muchas cosas pero no de cocina hasta que una abadesa se dio cuenta de que producir alimentos podía llegar a ser una gran oportunidad y sobre todo, alimentos producidos por monjas.

Empezaron con alfajores y productos elaborados con chocolate que tuvieron una gran aceptación por parte de los vecinos que se acercaban al convento para comprar. Luego llegaría la famosa receta del Pan Dulce traída por la familia de una de las hermanas y que tuvo un éxito impensado.

Al principio la producción no era masiva. Se utilizaban hornos no industriales por lo tanto sólo se hacían 18 pan dulces a la vez, algo que en ese momento era una novedad. “Fue impresionante porque si bien nosotros ya teníamos nuestros clientes de siempre se empezó a hacer famoso el pan dulce, ya que los vecinos lo recomendaban. Fue como una cadena que se alimentaba hasta que llegó un momento en el que tuvo un éxito que ninguna hubiese imaginado”, dice la hermana Mercedes .

Luego de que empezaron a ver que estaban teniendo mucha aprobación por parte del público, en el 2001 decidieron rearmar parte del monasterio para pasar a tener un local más grande ya que al principio era solo una especie de vitrina. Así fue que convirtieron un cuarto de huéspedes en un negocio para vender sus productos.

“Invertimos en una época en la que todo era muy complicado ya que fue el año del corralito. Nosotras pensamos que no íbamos a vender mucho ya que la economía estaba muy mal pero fue llamativo porque vendimos más que nunca. Esa Navidad en dónde todos los negocios eran saqueados y era un lío impresionante, acá venía mucha gente”. Con el pasar de los años continuó este éxito arrollador hasta que en el 2009 decidieron abrir otro local en Capital Federal, en el barrio de Recoleta.

Hoy el éxito continúa más que nunca y venden en épocas de fiestas entre 20.000 y 30.000 pan dulces. Tienen sus cocinas equipadas con la más alta tecnología y con hornos que pueden llegar a elaborar hasta 80 pan dulces al mismo tiempo. Ya en octubre comienza la producción intensa del equipo de repostería que se encarga de comprar insumos de calidad y abastecerse con una gran cantidad de stock para así llegar tranquilos para la fecha de Navidad. “Nosotras le ponemos especial atención a que toda la materia prima sea de calidad por eso vamos a probar con diferentes proveedores qué frutas están mejores y comparamos todo, ya que es fundamental para que el pan dulce salga rico” sostiene Mercedes.

Pero hay algo que resulta especialmente llamativo pese a que las ventas continúan creciendo cada vez más. Esta abadía se caracteriza por no tener casi publicidad sobre sus productos, algo que es impensado para todo aquel que quiere que su negocio prospere. “Nosotros tenemos una persona de confianza que nos maneja todo lo relacionado a la promoción de nuestros productos. Pero nosotras elegimos a quien darle una nota ya que en realidad no es lo que nosotros buscamos” sostiene Mercedes. Su idea de negocio es lo que llamamos el famoso “boca en boca”, que hasta ahora ha funcionado de manera notable.

Si bien su lema es “Ora et labora”(ora y trabaja) ellas tienen muy claro que no deben descuidar la oración sino buscar el justo equilibrio entre trabajo y vida espiritual. Por eso tienen horarios establecidos para todas las actividades y sobretodo mucha organización porque es la única forma de poder combinar el trabajo de todos los días con su vocación.

Actualmente hay 35 hermanas en el monasterio y cada una con tareas diferentes. Las que están en repostería son cuatro pero en cuanto llegan las fiestas se refuerza el staff y pasan a ser seis que se dedican exclusivamente a la producción del pan dulce.

Durante los últimos años y cuando la venta de muchos productos caía por el problema de la inflación las monjas benedictinas producían y vendían cantidades inimaginables. “Los productores que nos vendían las materias primas nos decían:  “hermanas, ustedes tienen un Dios aparte” . Es que la situación del país no influyó en las ventas de este pan dulce que eligen miles y miles de personas. “Si bien nuestras ventas no cayeron, por supuesto que la inflación nos afectó porque para nosotros todo era mucho más caro y si bien las gente nos seguía comprando, era costoso. ” sostiene la hermana.

En cuánto al precio se encargan de asesorarse y hacer comparaciones con el pan dulce de las panaderías para poner un precio acorde y que no sea muy elevado. Mercedes comenta que tratan de que  sea lógico con el objetivo de no tener pérdida y sacar un margen de ganancia.

Son un verdadero boom que comenzó en Victoria, partido de San Fernando y se fue expandiendo lentamente. Es que estas mojas son un ejemplo de trabajo y dedicación y cuyas recetas, sobre todo la del famoso pan dulce es un misterio que se pierde en el tiempo.

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