El riesgo de medicar la falta de atención

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Cambio en los hábitos alimenticios, insomnio, alteraciones en las relaciones sociales y hasta un posible deterioro de la vista. Esas son algunas de las consecuencias que padece Álvaro, un joven de 21 años que cuando transitaba la adolescencia comenzó a consumir un fármaco denominado Ritalina, una droga utilizada usualmente por quienes padecen trastornos de atención cuyo componente principal es el Metilfenidato.

Álvaro cursa ahora Derecho en la Universidad de La Plata, pero su panorama en el 2007 era distinto. Tras los continuos llamados de atención desde el colegio donde estudiaba por su mala conducta y bajo rendimiento académico, fue derivado a una psiquiatra que le indicó un tratamiento psicofarmacológico  con Ritalina y Rubifen, dos marcas distintas del mismo fármaco.

Al principio notaba una mejora en su capacidad para concentrarse, pero su motivación comenzó a disminuir cuando no notaba apoyo de la escuela a la que concurría ni un firme seguimiento de su psiquiatra.

A partir del 2008 comenzó a acomodarse el consumo de Ritalina a su gusto: lo tomaba solo para estudiar para los exámenes que se llevaba a diciembre. Como le resultaba efectivo para aprobar, cuando se le terminaba la caja simplemente iba a buscar una nueva receta a la psiquiatra. Su consumo de Metilfedinato se prolongó por 5 años.

El psiquiatra Eduardo Kalina explica que esta droga “es un remedio que tiene que estar muy bien supervisado con un buen monitoreo, un buen seguimiento. Se le da la dosis mínima necesaria para que el chico esté más tranquilo y se tiene que evitar que tenga efectos adversos.”

En ese sentido, Kalina considera que casos como el de Alvaro son consecuencia “claramente  de mala praxis porque el medicamento deba darse en dosis pequeñas, ir viendo de acuerdo a la edad y a la vida del paciente. Y cuando da efectos adversos hay que volver atrás, modificándolo o neutralizándolo”.

“Es necesario vigilar regularmente a los pacientes para descartar la aparición de tics o su exacerbación”, advierte el prospecto del laboratorio Novartis -que elabora la droga Ritalina.

El caso de Alvaro es un llamado de atención para un país como la Argentina en el que consumo de fármacos en busca de mejorar el rendimiento escolar continúa creciendo. La última cifra pública fue publicada por el Observatorio de la Confederación Farmacéutica Argentina y exponía que entre el año 2004 y el 2010, la venta de dichos psicoestimulantes aumento un 60%.

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