El regreso de los autocines: traer el pasado al presente

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Debido a la pandemia, el cine se reinventó y volvieron los autocines.

La pandemia hizo que regresara una forma de ver espectáculos que ya estaba pasada de moda hace décadas: el autocine. Aunque ahora, a diferencia de los de antes, hay que tener presentes las medidas de distanciamiento social e higiene para así poder seguir con los cuidados que requiere el coronavirus. Esta forma de ver películas desde los automóviles permite seguir viviendo la experiencia de compartir un momento con familiares o amigos.

La idea del autocine nació en Estados Unidos y comenzó como un experimento en el patio de una casa. Hasta que, en mayo de 1933, se inauguró el primer Drive-In Theater en New Jersey. La entrada costaba US$ 0,25 por vehículo y lo mismo debía pagar cada persona que estuviese adentro. En 1958 ya había 4.063 autocines en todo Estados Unidos.

A Buenos Aires, los autocines llegaron entre los años 60 y 70. En ese entonces, había cuatro ubicados en Villa del Parque, en Panamericana y Pelliza, en General Paz y Constituyentes -donde hoy está Tecnópolis- y el de la Ribera en la ex Ciudad Deportiva de La Boca. En la década de los 80, los autocines fueron cerrando de a poco. Pero lo que nadie se imaginaba era que, algunos cuantos años después, una pandemia iba a hacerlos volver.

En este momento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podemos encontrar autocines en La Rural, Estadio Obras, Punta Carrasco, Parque Sarmiento y en el estacionamiento Norte de Aeroparque. En tanto que en la provincia de Buenos Aires están AutoFlap en la República de los Niños, Multiplex Canning de las Toscas Shopping, autocine al río en San Isidro, autocine al río en Bella Vista y autocine Italia, en Escobar.

Es cierto que este año fue duro para la mayoría de los sectores, pero aun así muchos se pudieron reinventar y el cine no fue la excepción. Fueron las propuestas novedosas como esta, las que hicieron que el 2020 sea más llevadero. En una entrevista con La Vanguardia, Mariano Suez, propietario de Atlas Cines, señaló: “Ante la necesidad de la gente de poder salir, porque la cuarentena aquí fue tan larga, por lo menos se podía salir con el auto, veía un poco la calle y era una salida más o menos divertida”. Atlas Cines cuenta con seis complejos y 35 pantallas apagadas desde ­marzo. Suez reconoce que las pérdidas fueron muy grandes este año, aunque asegura que el autocine las ha hecho reducir un poco. “Es muy duro estar parado sin poder hacer nada”, afirma el empresario, y sostiene que por eso apostó por el autocine, para que la compañía siga teniendo presencia hasta que los cines tradicionales vuelvan a abrir, lo que está previsto para el próximo 1 de enero.

El Atlas La Rural, inaugurado el 11 de septiembre pasado, tiene capacidad para 120 autos y cuenta con un proyector digital sacado de una de las salas de cine y además es el único autocine cubierto, por lo que las funciones no se suspenden por causas meteorológicas. Bajo estrictos protocolos sanitarios, aprobados por las autoridades porteñas, se logró recrear en uno de los pabellones del predio, una verdadera experiencia de sala de cine, con una pantalla gigante y oscuridad total.

Pablo Amato, de 29 años, quien se considera fanático del cine, dice que durante la primera parte de la cuarentena extrañó mucho no poder ver películas en la pantalla grande y que cuando empezaron a volver los autocines, no dudó en sacar entrada. “El precio me pareció muy accesible, hasta más que los cines a los que estábamos habituados, ya que por $1500 se podía llevar a cinco personas en el auto”, remarcó.

En cuanto a la organización, dice que fue muy buena y que todas las indicaciones que le dieron para poder ingresar, fueron muy claras. Como muchos espectadores, Pablo también degustó de unos pochoclos y un café: “Con el servicio gastronómico uno se tenía que comunicar por WhatsApp para así evitar todo tipo de contacto. Fueron muy eficientes, organizados y todo lo que pedí me lo trajeron al auto en perfectas condiciones”.

Aunque disfrutó de esta nueva experiencia admite que elige los cines tradicionales en lo que a la visualización se refiere: “Se puede ver mucho mejor la pantalla en los cines convencionales, además el sonido es mucho más envolvente que el del estéreo del auto. Prefiero el cine normal, considero que la experiencia es mejor en cuanto a calidad, aunque reconozco que, si uno tiene la oportunidad de poder ir a un autocine, debe hacerlo”, aseguró.

Este autocine abre de jueves a domingo y las entradas sólo pueden comprarse a través de Internet. Al entrar, se le toma la temperatura a los que se encuentran dentro del auto, que deben llevar tapabocas y usarlo durante toda la película. Una vez adentro, los espectadores sólo pueden bajar del auto para ir al baño. Los autos deben estacionar guardando una distancia mayor a la que sería habitual. Para poder escuchar la película, se debe sintonizar una frecuencia específica de FM en la radio del auto y si la batería del vehículo se llegase a agotar debido al uso del estéreo, el autocine cuenta con personal de asistencia para hacerla funcionar rápidamente.

En Chovet, un pueblo ubicado en el sur de la provincia de Santa Fe, que cuenta con aproximadamente 2500 habitantes y en el que nunca antes hubo autocines, la experiencia fue distinta. Catalina Rollán tiene 24 años y cuando se enteró de que se iba a abrir un autocine en las afueras del pueblo, no dudó en ir con sus amigas: “Como nosotras llegamos temprano, tuvimos una buena ubicación, pero mi familia que fue más tarde estuvo atrás y no pudo ver muy bien”, contó.

A diferencia del autocine porteño, éste es al aire libre y la pantalla sobre la que se proyectó la película no era tan grande, es por eso que tuvieron que poner dos. Además, la entrada fue gratuita ya que lo organizaba la Municipalidad y que antes de que la película empezara, se repartían golosinas a los ocupantes de cada auto. Al igual que en el cine Atlas de la Rural, se debía sintonizar una frecuencia radial para poder escuchar el audio de la película. Para Catalina, también fue la primera vez que veía una película en un autocine. “La experiencia me encantó y sin dudas volvería”, dice y, admite que, si bien le gustan mucho las películas de Disney, como la que se proyectó ese día, también le gustaría que pasen películas “con temáticas para adultos”.

Por unas horas, las personas que entran al predio de La Rural y al lugar que hasta hace algunos años había sido un basural en la localidad de Chovet, se olvidan de lo que está pasando fuera de allí y se limitan a disfrutar de la película. No se ven manos embadurnadas con alcohol en gel, sino sosteniendo algún café o medialuna y, por supuesto, adentro de bolsas de pochoclos. Por un momento, todos los que se encuentran ahí pueden sentirse en otro presente, en un escenario muy distinto. Tal vez, se imaginan en un mundo ideal.

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