El impacto de la pandemia en la alimentación: cambios en la dieta y aumento de peso

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Desde que el coronavirus se desató en el mundo se vivieron muchos cambios. A partir de las restricciones por la pandemia y las modalidades de home office y clases a distancia, muchas personas se vieron obligados a encerrarse en sus casas, por lo que los hábitos alimenticios se vieron afectados. Los argentinos mayores de 18 años aumentaron en promedio entre 8 y 10 kilos, según un estudio elaborado por la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

Cuando comenzó la pandemia y la cuarentena muchas personas practicaron sus habilidades culinarias, es decir, aprovecharon el tiempo en casa para cocinar y no siempre las comidas más saludables. Entre el papel higiénico y el alcohol en gel que no estaban en stock también faltaban la harina y la levadura. Eventualmente las cosas se acomodaron y uno se acostumbró a la nueva forma de vida. 

El estar todo el día en casa predispone a uno al picoteo entre comidas, a comer sin control y a estar aburrido y buscar algo de comer para pasar el tiempo. Todo está disponible y a nuestro alcance. No sólo esto, sino que acudir al delivery a la hora de almorzar o cenar fue algo recurrente en muchos casos.

El estudio “Fenotipo de comportamiento alimentario y emociones como predictores de ganancia de peso durante el confinamiento por COVID-19” de la SAN establece un aumento promedio de 8-10 kilos en la población. Según el informe, hay tres aspectos que pueden afectar la forma en la que nos alimentamos: la frecuencia de actividad física, los hábitos de sueño y los sentimientos y emociones. 

La nutricionista Silvina Tasat, miembro titular de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y vocal titular de la Fundación para la Alimentación, Nutrición y Salud (FANUS), asegura que el “comer más y no mejor”, y la falta de actividad física fue lo que hizo que mucha gente aumente de peso en una “forma bastante alarmante”.  

Por su parte, Andrea Cohen, nutricionista en Google Argentina, cuenta que “hubo un aumento generalizado” en el peso de la gente por lo que hoy está atendiendo en su consultorio particular “a más gente en forma virtual que comparado en otros años en forma presencial”.

En cuanto a la actividad física se nota un gran descenso, ya que un 54,9% redujo su nivel de actividad. Más allá de la actividad deportiva tradicional que uno puede hacer en un gimnasio o en su casa se perdió el mínimo de actividad diaria. Es decir, durante la presencialidad, existe un movimiento habitual por más reducido que sea; ya sea caminar para tomar un colectivo, caminar unas cuadras hasta el colegio de los chicos o al trabajo. Con la pandemia llegó el sedentarismo y la falta de actividad física, explica Tasat.

Cohen también da un lugar importante a la falta de actividad física como un factor influyente en los cambios en el peso. “Mucha gente no se enganchó con las clases virtuales”, asegura. Y de los que sí, varios las terminaron dejando. 

Otros factores que alteran el peso

Por otra parte, los hábitos de sueño afectan la forma en la que nos alimentamos. Entre menos dormimos, más azúcares y grasas saturadas consumimos. Según el estudio, un 77,3% de las personas sufrió alteraciones en el sueño. Por lo que podría haber una relación entre la comida no saludable y cómo y cuántas horas dormimos. 

El estudio demostró “la importancia de una adecuada calidad del sueño en relación con el mantenimiento del peso corporal. En particular, se ha descrito que la disminución de las horas de sueño incrementa significativamente el riesgo de ganancia de peso, tanto en adultos como en niños y adolescentes”.

Estos fueron tiempos de intensas emociones y sentimientos en toda la gente. La mayoría de los encuestados expresó un incremento de emociones negativas, sobre todo ansiedad, desmotivación y aburrimiento. El aumento de la percepción de este tipo de sentimientos está ligado a un mayor riesgo de aumento de peso. 

Tasat divide el hambre en el “hambre real” y el “hambre emocional”. Dice que uno puede comer para “tapar algo y no realmente por una necesidad fisiológica”. Cohen agrega que la angustia y la ansiedad muchas veces “traen a que la gente empiece a comer más”, y agrega que algunas emociones llevan a que uno pueda buscar canalizarlas con la comida. 

Entonces, la “falta de sueño, disminución de la actividad física, snack post cena, comer en respuesta al estrés y comer por la apariencia o aroma del alimento fueron comportamientos ligados a la ganancia de peso durante la cuarentena”, según el estudio de la SAN.

¿Cómo comer mejor?

Tasat y Cohen dejan algunas recomendaciones para estimular una mejor alimentación:

  1. Ir al supermercado con una lista y sin hambre.
  2. Planificar lo que se cocinará y comprar acorde a eso.
  3. Ir a la verdulería sin lista.
  4. Animarse a probar distintos alimentos saludables.
  5. Consultar con un profesional para un tratamiento más personalizado.

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