Detener el reloj biológico para elegir cuándo ser madre

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“A los 35 años mi ginecólogo me lo planteó y yo lo vi como algo lejano, innecesario, porque pensé que era algo que en dos o tres años se iba a resolver. Nunca me imaginé que me iba a encontrar a los 40 años sin pareja y sin hijos”. Así comienza su relato Mariela -que prefirió no dar su apellido para la nota- una abogada de 41 años que, influenciada por su amiga Érica, el pasado año hizo una importante elección para su vida: congeló sus ovocitos.

Érica -que pidió resguardar su apellido- tiene 42 años, fue la primera en decidirse, y terminó por convencer a tres amigas de hacer lo mismo. “Mi hermana tenía 43 años y se estaba haciendo tratamientos pero no quedaba embarazada, y me decía constantemente ‘Vos tenés que fertilizar, porque no sabés lo que puede pasar el día de mañana’, y al final me decidí”, explica Érica, que criopreservó sus ovocitos hace tres años y todavía no decidió utilizarlos.

“Yo veo a mi hermana que ahora va a cumplir 46 y finalmente está embarazada y siento que la ciencia está muy avanzada. Yo que sé, por ahí me enamore a los 46 y quiera tener un hijo a esa edad y lo tendré, gracias a esto”, relata.

Ambas sintieron que ese no era el momento adecuado para tener un hijo. El deseo estaba, pero no un padre con quien tenerlo.

Y como miles de mujeres en Argentina, recurrieron a detener su reloj biológico para dejar una puerta abierta a un futuro como madres, porque, tal vez, algún día conocerán a la persona ideal un poco más tarde de lo que es ideal para el cuerpo.

Pero para la ciencia, “imposible” es una palabra casi inadmisible. Desde los ‘80, gracias a los avances en el ámbito de la genética, es posible luchar contra los límites temporales impuestos por el cuerpo, congelando las células reproductoras de la mujer para preservar su calidad y usarlas años más tarde.

Hoy, a 18 años del primer niño nacido con ovocitos criopreservados en Argentina -y tercero en el mundo-, esta técnica de fertilización asistida es cada vez más popular entre las mujeres que quieren postergar la maternidad.

Un fenómeno sociocultural

La criopreservación o vitrificación es una técnica que permite la preservación de ovocitos, las células reproductoras que luego de ser fecundadas se convierten en óvulos. A través de su extracción y posterior congelamiento, los ovocitos pueden ser almacenados durante años y ser utilizados más tarde para la gestación.

El hecho de extraer óvulos no afecta la fecundidad femenina: es posible quedar embarazada tras haberlos congelado. Además, los niños no presentan alteraciones de salud derivadas de este método.

Es una tendencia que revela un fenómeno sociocultural profundo vinculado con la evolución del rol de la mujer a lo largo del tiempo.

Lejos quedó esa concepción de la maternidad como una exigencia social; ya no se trata de un deber, el único objetivo prioritario en la vida de la mujer. En un mundo que cada vez se torna menos patriarcal, la mujer ya no se ve obligada a depender de la voluntad de esposos o familia para decidir el momento en el que quiere tener un hijo, y por lo tanto es libre de controlar su fertilidad.

El matrimonio se vuelve cada vez más opcional, y los cambios en las estructuras familiares resultan a veces en mujeres solteras que buscan tener un hijo sin un padre que las acompañe. Y a raíz de las crecientes posibilidades educativas y profesionales, logran acceder fácilmente a la universidad e ingresar al competitivo mercado laboral. Estos fenómenos derivan en una notable independencia de la mujer, y permiten que ella pueda decidir su proyecto de vida libre de presiones y obstáculos.

“Hoy en día el rol de la mujer ha cambiado -tiene otras prioridades, de realización personal, estudio, trabajo-, y los hijos aparecen a una edad más tardía de lo que se estaba hablando hace 30 o 40 años atrás”, sostiene José Rateni, gerente general del CEGYR (Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción).

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Postergar la maternidad

No perder la funcionalidad (calidad) y reserva (cantidad) ovárica: ésa es la razón por la que millones de mujeres eligen este tratamiento. Usualmente, se empieza a considerar alrededor de los 25 a 30 años, aunque desde los últimos años las consultas a partir de los 35 están en alza.

Originalmente, comenzó a aplicarse en pacientes que padecían enfermedades oncológicas. Dado que los tratamientos como la radioterapia y quimioterapia pueden afectar la capacidad reproductiva, previo a la realización de estas terapias aquellas mujeres que consideran ser madres en un futuro, proceden a congelar los ovocitos para preservar su funcionalidad.

Hoy en día, son cada vez más las mujeres que consideran la vitrificación por cuestiones sociales.

En general, son solteras o recientemente divorciadas que esperan tener una pareja estable o mujeres que buscan realizarse personal o profesionalmente y deciden postergar la maternidad para evitar más responsabilidades en sus vidas.

La técnica

El primer paso previo al tratamiento es una ecografía y muestra de sangre para chequear cómo están las hormonas ováricas. A partir de allí se decide el tipo y cantidad de hormonas que serán inyectadas para estimular la formación de ovocitos. Tras la ovulación, se extraen los ovocitos del útero. Dependiendo de la edad y salud, se obtienen de 6 a 25 ovocitos por ciclo de congelación -lo necesario para un embarazo exitoso es de 8 a 12. Finalmente, se procede a conservarlos en nitrógeno líquido a -196°C para ser almacenados.

Los costos del tratamiento van desde $30 mil hasta $45 mil, a lo que se le suma aproximadamente 4 mil pesos por mes para el mantenimiento de los ovocitos congelados, precio que se mantiene de por vida, sin verse afectado por la inflación.

Son valores considerablemente menores comparados con otros países: en Estados Unidos por ejemplo, los precios oscilan entre 6 mil y 15 mil dólares por tratamiento y entre 100 y 1000 US$ de conservación.

Según el Dr. Gustavo Martínez, director del SAMer (Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva), “la efectividad depende de la calidad de los ovocitos y del entrenamiento que tengan los operadores, tanto quien realice la estimulación ovárica (médico) como el que haga la criopreservación propiamente dicha (biólogo)”
La instancia de la estimulación es la más crítica, dado que en función de los resultados se determina si se puede llevar a cabo el tratamiento.

Algunas mujeres no pueden pasar más allá de esta instancia, como es el caso de Lisa Denis. “En ciertas mujeres como yo, que tenía 36 años al momento de la decisión, las hormonas que producen los óvulos pueden funcionar incorrectamente, entonces hace que no produzcan muchos óvulos o sean de mala calidad. Por eso los análisis hormonales no me dieron bien, y tristemente no pude seguir con el tratamiento”, explica Lisa, que a sus 41 años ya encontró pareja y ahora está probando un tratamiento de fertilización in vitro para lograr tener su tan esperado hijo.

Fecha de vencimiento

Los ovocitos pueden ser almacenados por un tiempo indefinido, hasta que la paciente decida buscar el embarazo. Al momento de descongelarlos, preservan la misma calidad que cuando fueron congelados; es decir, funcionan de la misma manera en que lo hubiesen hecho a la edad en que la mujer realizó el tratamiento.

Luego del descongelamiento, se debe realizar un procedimiento de fertilización asistida tradicional: se fertiliza con los espermatozoides de la pareja o donante, y luego se inserta el embrión en el útero.

¿Pero cuándo es el momento adecuado para descongelar los óvulos? “Depende de la concepción de maternidad que tenga cada mujer: si es un proyecto personal o en pareja”, declara José Rateni.

Algunas mujeres deciden ser madres solteras, para lo que deben recurrir a un banco de esperma o donantes para fecundar sus ovocitos. Otras sostienen que si no encuentran una pareja estable antes de determinada edad, posiblemente no los terminen utilizando.

“Yo asocio la maternidad con una familia. No tengo la inquietud de ser madre como objetivo de vida, por encima de cualquier cosa. Me corro un poco de ese egoísmo de muchas mujeres de cumplir con ese deseo sin pensar en las necesidades del niño”, cuenta Mariela.

0012650207Cuando el tiempo apremia

Los especialistas en Ginecología coinciden en que a partir de los 35 años, la capacidad reproductiva de la mujer comienza a decaer: los ovocitos disminuyen apresuradamente en calidad y cantidad. Según SAMeR (Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva), la tasa de esterilidad a los 34 es de 10%, mientras que a los 44 aumenta a un 85%.

Además, la tasa de anomalías cromosómicas (como malformaciones congénitas y retrasos mentales) que portan los ovocitos a partir de los 40 es considerablemente alta. Por ejemplo, las posibilidades de tener hijos con síndrome de Down a los 20 años es de 1 en 1600, mientras que a los 35 años es de 1 en 380 y a los 45 años es de 1 en 30.

Por estas razones, los expertos recomiendan llevar a cabo el congelamiento hasta los 42 años como edad máxima.

Madres profesionales

En 2014, las oficinas en Silicon Valley de Apple y Facebook propusieron pagar a sus empleadas un ciclo de vitrificación, para atraer a más mujeres porque los números de empleadas femeninas en esa zona estaban decreciendo.

Muchos lo consideraron una intromisión en la planificación familiar; una estrategia para controlar la maternidad en pos de aumentar la productividad, e incluso se cuestionó hasta qué punto no se trataba de una maniobra para evitar pagar las licencias de maternidad.

Este hecho planteó un interrogante estrechamente vinculado con la realidad actual: ¿es realmente incompatible la maternidad con la realización profesional? Numerosas mujeres argumentan que el trabajo no presenta una limitación –innegablemente involucra complicaciones- pero no es imposible, solo requiere de mucha voluntad y un adecuado manejo del tiempo.

Esto da pie a una crítica vinculada con la cultura del trabajo contemporánea, que tiene como metas principales la productividad en el menor tiempo posible, y genera una feroz competencia en el mercado laboral. El resultado: la mujer se siente presionada por postergar la maternidad para igualar sus posibilidades con las de sus colegas masculinos.

Debates éticos

Como muchas otras técnicas que implican una manipulación genética, la vitrificación puede conllevar implicaciones éticas según el ojo con que se mire, dado que se trata del manejo de estructuras celulares que generarán vida.

“La técnica no genera un problema moral, ya que el ovocito es una célula. Es diferente la criopreservación de embriones, porque lo que se criopreserva tiene la potencialidad de desarrollar una vida humana”, argumenta el Dr. Gustavo Martínez.

El debate ético nace más particularmente por el procedimiento posterior a la congelación, cuando se fertiliza el ovocito en el laboratorio antes de insertarlo en el útero. “El problema más crítico no surge cuando se congela el ovocito, porque no es una vida. El tema es qué se hace después con ese ovocito. Lo establecido por la Iglesia es que el chiquito sea concebido no por inseminación o en probeta sino dentro de la forma más natural, para preservar la dignidad del bebé”, explica el sacerdote Ignacio Laxague. Y agrega: “Cada vez se habla más del derecho a tener un hijo y no se consideran los derechos de éste”.

Otra cuestión que involucra dilemas morales es el caso de las madres solteras, que deciden tener y criar a su hijo solas, sin la ayuda de un padre. Para ello deben recurrir a donantes de esperma, hombres que aportarán a la gestación de su hijo pero que usualmente las madres no conocen.

Por su parte, José Rateni, como otros especialistas en la cuestión, hace hincapié en respetar la elección particular de cada mujer: “Es una decisión absolutamente personal. Hay que ver cómo conforma el proyecto de ser madre: si es un proyecto personal o es de pareja. Uno no puede juzgar la actitud de nadie”.

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