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Crímenes de arte: un negocio millonario entre sombras

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Por fuera del sistema del arte que conocemos, resguardado en los museos, las galerías y en las vitrinas de las colecciones privadas, se despliega un circuito alternativo que opera desde la oscuridad: el mercado negro del arte. 

El mercado negro abarca desde el robo de piezas, el expolio de obras tales como El Retrato de una dama de Giuseppe Ghislandi -que cobró relevancia el año pasado-, el tráfico ilícito de bienes culturales y hasta falsificaciones, como las del falsificador Ken Perenyi que circularon en el mercado del arte de Nueva York en los ‘60.

Noah Charney, historiador del arte y autor de The Art Thief (El ladrón de arte), fundó en 2009 la Asociación para la Investigación de los Delitos contra el Arte (ARCA, por sus siglas en inglés), enfocada en la investigación y capacitación académica para combatir el tráfico ilícito de obras.

Los delitos relacionados con el arte son interdisciplinares, al igual que la historia del arte, no se limitan a un solo campo. Abarcan la seguridad en los museos, la arqueología, el derecho, los estudios museísticos y el mercado del arte. Por eso, la ARCA actúa como puente entre los diversos campos intervinientes.

Para el historiador, el mercado negro del arte no es como cualquier mercado negro convencional. “Si tienes un kilo de cocaína, cualquier kilo de cocaína tiene más o menos el mismo valor. Las obras de arte no son así”, sintetizó Charney y agregó: “Tienes objetos únicos que son excepcionalmente valiosos para un número muy limitado de personas”.

Sin embargo, existe una complejidad inherente a este mercado. Si una obra de arte es identificable de forma única, es decir se le adjudica cierta fama, entonces no hay mercado para ella, ni negro ni de ningún otro tipo. “No se puede vender una obra de arte robada como se vendería un objeto que no es único, que es sustituible por otro objeto porque es uno de un número infinito de unidades. Es mucho más difícil encontrar compradores para ellas”, explicó el fundador de la ARCA.

En una entrevista con Punto Convergente, Perenyi relató su paso por el escenario del arte, cómo perfeccionó su técnica y lo que significó adentrarse en el ámbito de la falsificación en un mercado anómalo que permitió la entrada de obras de dudosa procedencia en sus circuitos. Así, los crímenes de arte se configuraron como una de las actividades delictivas más rentables del mundo y de las más fascinantes para las ávidas audiencias.

Casos poco frecuentes son la venta de obras en la denominada Dark Web, el robo de obras aclamadas para pedir su rescate a la víctima o compañía de seguros o en aún más extrañas ocasiones, para quedarselas. “Eso es extremadamente raro”, resaltó. Es así que solo conocemos un puñado de casos a lo largo de la historia en los que eso ha ocurrido fuera de tiempos de guerra.

Pero este no es el mismo caso de las obras de menos renombre. Si una obra de arte no es de un artista famoso y tiene por lo tanto un valor relativamente bajo es mucho más fácil encontrar un comprador, pero no puede venderse si no es de boca en boca en el marco de redes delictivas, lo que dificulta su rastreo. “De hecho, gran parte de las obras se recuperan gracias a policías que se hacen pasar por coleccionistas de arte”, comentó Charney. Además, con el auge de las plataformas, los delincuentes hallan compradores de manera anónima mediante la red.

A pesar de estas dificultades, existe un as bajo la manga de cualquier detective: la procedencia. La procedencia es la historia documentada de un objeto. Su importancia aumentó tras la Segunda Guerra Mundial debido a la preocupación por garantizar que las obras de arte que habían cambiado de manos de forma ilegal o indebida durante la guerra no se vendieran. 

Pero existe una variante que Noah Charney denomina la “trampa de la procedencia”. A veces existe una confianza excesiva hacia la procedencia que lleva a que las obras no sean examinadas con demasiado detenimiento, los falsificadores lo aprovechan y adulteran la historia de origen de las obras.

Asimismo, gran parte de los delitos del arte implican a saqueadores de tumbas que extraen antigüedades directamente de la tierra en excavaciones ilegales, pero los nuevos formatos.

La fascinación por los crímenes de arte

A las audiencias les interesan las historias de crímenes reales, los misterios sin resolver interesan a las personas. “El arte parece un mundo para una élite adinerada y no para el resto. La mayoría de la gente piensa que los delitos relacionados con el arte se reducen a un par de robos en museos cada año y que eso es todo. Pero cada año se denuncian decenas de miles de robos de obras de arte. Solo en Italia, se denuncian entre 10.000 y 20.000 robos de obras de arte al año”, desmintió el historiador.

Lo que la mayoría ignora es que la mayoría de los delitos contra el arte son perpetrados por grupos del crimen organizado o en su nombre, lo que, según Charney, significa que financian y alimentan las demás actividades en las que está involucrado el crimen organizado. “Hay grupos terroristas como el ISIS que se han financiado a través de delitos contra el arte. Así que es mucho más grave de lo que la gente cree si piensan que ocurre de forma muy esporádica y que en realidad no es importante porque solo afecta a las colecciones de los ricos”.

El rol de los organismos internacionales

Paula Andrea Reynoso, Auxiliar Superior de 4.ª en el Departamento de Protección del Patrimonio Cultural de la Policía Federal Argentina (PFA), explicó los desafíos que enfrenta Argentina en la prevención y combate del tráfico ilícito de bienes culturales.

La PFA, a través de la Dirección General de Cooperación Internacional (DGCI), con representación del Departamento Protección del Patrimonio Cultural (DPPC) es la única institución que se dedica de manera exclusiva a perseguir este tipo de delito en el país. Además, nuestro país asume la restitución de bienes de otros estados, los cuales se dieron de manera regular en los últimos años, habiendo devuelto bienes a los Estados Unidos Mexicanos, República Oriental del Uruguay, República del Perú, República Popular China y la República Portuguesa. 

Por su parte, la INTERPOL es una institución fundamental en el combate del tráfico ilícito de bienes culturales, delito que posee una naturaleza transnacional. “El accionar de los delincuentes es rápido y sapiente en numerosas ocasiones, por lo que una red de comunicación es imperiosa, en este caso nuestro DPPC que trabaja bajo la órbita de la Organización Internacional de Cooperación Policial (OICP)”, explicó Reynoso.

Según la historiadora, un desafío en su labor consiste en la falta de registros apropiados tales como el fichaje, fotografía y certificados por parte de los legítimos tenedores de bienes culturales. Al momento de sufrir un robo, no contar con material obstaculiza la labor del investigador. 

“Es dificultoso y muchas veces se vuelve una tarea compleja cuando no se cuenta con documentación y registros. En oportunidades donde aquel que ha sufrido un robo no cuenta con una fotografía, vuelve las tareas investigativas aún más desafiantes, ya que la foto comparación es una herramienta muy provechosa al inicio de una investigación. A su vez, contar con fichas técnicas puede aportar en patrullajes tanto en plataformas digitales como durante las tareas investigativas” comentó la auxiliar.

Por otro lado, en cuanto al elemento distintivo del arte en términos de su valor, Reynoso coincidió con Charney: “Muchas veces el problema de este tipo de delitos es que se busca medir su valor en términos monetarios, y si bien algunos de los objetos están construidos con materiales valiosos los cuales pueden tener circulación en un mercado ilegal, el valor de este tipo de bienes radica en su valor artístico, cultural, identitario e histórico”.

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