Cementerio de la Recoleta: historias y curiosidades a casi 200 años de su inauguración

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Historias de amores, traiciones y tragedias en el cementerio más visitado de la Ciudad de Buenos Aires. Los turistas llegan en busca de curiosidades y esculturas, dignas de un museo al aire libre.

Es una tarde fría en la ciudad de Buenos Aires y los edificios de estilo francés se alzan calle tras calle en el barrio de la Recoleta. Calle Junín al 1700. De repente aparece una inmensa pared de ladrillos que rodea toda la manzana, y sólo asoman algunas edificaciones y esculturas que dejan escapar su belleza. Se trata del Cementerio de la Recoleta, conocido por sus imponentes mausoleos y bóvedas, pertenecientes a muchos de los protagonistas de la historia argentina.

A punto de cumplir su bicentenario, el cementerio sigue en pie al lado de la Basílica del Pilar desde su inauguración en 1822. Fue fundado por Bernardino Rivadavia y “fue el primer cementerio público de la ciudad”, relata Eduardo Lazzari, historiador y presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre. Día tras día recibe a miles de turistas en busca de sus impactantes historias y mausoleos, arquitecturas tan imponentes que ubican al cementerio a la altura del Père Lachaise​ de París, en Francia.

Desde el punto de vista de las esculturas el Cementerio de la Recoleta posee una exquisita colección, considerada la más grande del mundo al aire libre en un predio tan pequeño. Más de 1500 esculturas hechas por los mejores escultores entre 1870 y 1930, artistas franceses, italianos, ingleses, irlandeses, argentinos, están allí dando una muestra extraordinaria de arte.

“A lo largo del tiempo se fue consolidando como el panteón nacional de la argentina.” Eduardo Lazzari.

Si hablamos de las importantes personalidades que están enterradas ahí, como señala el historiador y autor de Ciudad de Angeles: historia del cementerio de la Recoleta, Omar López Mato, es más fácil decir quiénes no están enterrados ahí. Algunos tal vez, lograron su fama después de su muerte, por las historias que se desarrollan tras los entierros.

“A lo largo del tiempo se fue consolidando como el panteón nacional de la Argentina. Allí están sepultados 26 presidentes argentinos, 5 de los miembros de la Primera Junta de gobierno de 1810, héroes de la Independencia fundadores de la Patria. Es uno de los grandes cementerios patrimoniales del mundo”, afirma Lazzari sobre el espacio, que hoy se encuentra cerrado en el marco de la pandemia.

Historias detrás de las estatuas de la Recoleta

Uno para allá y el otro para acá

El vicepresidente Salvador María Del Carril aparentemente era un poco “seco de bolsillo” y lo dejó en claro cuando publicó en diarios de la época los gastos de su esposa, de los cuales él no se haría cargo. Esto sin duda trajo problemas al matrimonio incluso hasta el último momento. Cuando murió Del Carril su viuda, Tiburcia Domínguez, pidió que se lo enterrara sentado “como un buen señor burgués”. Lo interesante de la historia es que cuando ella murió dejó por escrito que debía ser enterrada de espaldas a su marido. “Los monumentos miran uno para un lado y el otro para el otro”, explica López Mato.

Sabú: el perrito de la nariz gastada

Sabú es una escultura de Wíeredovol Viladrich que se encuentra en la tumba de Liliana Crociati, una joven que falleció en su luna de miel en Austria a causa de una avalancha en 1970. Su padre consternado, mandó a hacer este monumento de Liliana, donde está acompañada del perro. “Últimamente el cementerio se ha convertido en un lugar de visita turística, y entre las actividades de los turistas está esto de tocarle el hocico a Sabú por una costumbre turística, y el hocico se pone brillante”, aclara López Mato. Viladrich usó una foto en la que la joven tenía 15 años y estaba con el perro, le gustó y lo sumó a la obra, pero Sabú había fallecido varios años antes.

Rufina Cambaceres

“La joven fue sepultada en 1902 y se convirtió en una gran leyenda urbana”, relata Lazzari. La encontraron muerta cuando cumplía los 18 años con sus joyas. Hay varias historias alrededor del caso: una de ellas es que la madre se juntaba con el novio de Rufina y un día la medicó para que se quedara dormida. La joven entró en un estado de coma profundo que no fue detectado por los médicos y se creyó que estaba muerta. “Se la enterró y en algún momento se notó que el ataúd se había movido. Pensaron que había tenido un ataque de catalepsia”, narra López Mato.

Niños ángeles en el cementerio

“Hay un monumento en el cual hay una enorme alegoría hecha en bronce de un niño que es llevado al cielo por un ángel y la desesperación de sus padres que lo miran desde abajo”, relata Lazzari. Existe una vieja costumbre, de los niños ángeles o el velorio del angelito, que cuando un niño muere, se lo velaba vestido de ángel, e incluso se lo enterraba en pequeños cajones blancos. López Mato explica “el uso del blanco como luto y asociado con la pureza”.

El cementerio de la Recoleta guarda entre sus paredes cientos de estatuas y esculturas que son dignas de museos. Con los años se volvió una visita obligatoria para cualquier turista, que desee escuchar las historias de aquellas piezas inmóviles y taciturnas, pedazos de la historia argentina.

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