Punto Convergente

El futuro del bolsonarismo: Flávio y Michelle se disputan la herencia de Jair en 2026

Aunque Jair Bolsonaro no puede ser candidato, su sombra ordena el relato de campaña de ambos bandos.

Inhabilitado y bajo arresto domiciliario, el expresidente sigue funcionando como el eje simbólico alrededor del cual Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva construyen sus narrativas rumbo a 2026. 

Con Bolsonaro impedido de comunicarse públicamente, la campaña de su hijo apeló a un recurso inédito: un avatar de inteligencia artificial habló en su lanzamiento, pidiendo apoyo para el sucesor. Partidos de izquierda impugnaron la maniobra ante el Tribunal Superior Electoral, alegando manipulación del electorado. 

Para el bolsonarismo, el avatar es la única vía de explotar la popularidad del líder «cuando está silenciado judicialmente». Para sus críticos, en cambio, se trata de una maniobra irregular que altera la equidad electoral, según se desprende del debate que instaló el fallo. 

La inhabilitación de Jair Bolsonaro reconfiguró por completo la derecha brasileña. Forzada a competir por su herencia, esa derecha quedó dividida entre la legitimidad hereditaria de Flávio y la legitimidad electoral y religiosa de Michelle Bolsonaro, la exprimera dama, lo que fragmenta al bloque opositor. 

El vínculo de la familia con aliados internacionales también entró en juego. La cercanía de Flávio con Donald Trump y Javier Milei terminó siendo aprovechada por Lula, que desplazó el eje del debate hacia la soberanía nacional y la defensa institucional frente a la injerencia extranjera. 

El «bolsonarismo», sostienen varios análisis, ya trascendió la figura biográfica de su fundador. Se consolidó como una identidad ideológica y legislativa propia, al punto de que retiene su poder de movilización local aun sin Bolsonaro al frente del proceso

El expresidente, además, sigue siendo el centro gravitacional del proceso judicial. Su defensa pidió la absolución por el intento de golpe de Estado, calificando el juicio de «persecución política», mientras el bolsonarismo presiona en el Congreso por una amnistía amplia para los implicados

El oficialismo, en cambio, encuadra ese mismo juicio como la prueba definitiva de una amenaza antidemocrática. Así lo resume el enfrentamiento de relatos: para unos es «democracia contra fascismo»; para otros, «patria contra comunismo» frente a una supuesta componenda judicial.

Las encuestas muestran el impacto de ese traspaso de caudal electoral: Flávio aparece empatado o con leve ventaja sobre Lula en segunda vuelta. Su campaña, además, vincula directamente al juez Alexandre de Moraes con Lula, bajo el eslogan de que votarlo es votar al magistrado. 

La sucesión, sin embargo, no está saldada puertas adentro. Al no estar Jair en la boleta, estalla la disputa entre Flávio y Michelle Bolsonaro, y esa sombra de liderazgo tutelar incomoda a la propia derecha, aunque termina beneficiando al oficialismo al mantenerla dividida. 

El trasfondo doctrinario tampoco es nuevo. Una tesis de la Universidad de Uberlândia describe cómo Olavo de Carvalho fue el «gurú» ideológico que articuló el antipetismo y el anticomunismo, mientras Bolsonaro construía el llamado «cuerpo digital del rey» en redes sociales. 

Esas narrativas conspirativas, dicen los especialistas, siguen siendo el marco teórico con el que la base bolsonarista confronta al gobierno. Es la identidad unificadora que sobrevive a la ausencia física del propio Bolsonaro en la contienda de 2026.

Autor

Scroll al inicio