La Libertad Avanza movió el terreno del debate político en Argentina. Qué puede hacer la oposición. Opinan los analistas Ana Iparraguirre, Mario Riorda y Georgina Paolino
“La batalla cultural” es una de las frases más repetidas de la gestión de Javier Milei. Pero hay algo que va más allá de la frase, en la Argentina de hoy, las reglas del debate político cambiaron. No alcanza con decir que gobierna la derecha. El marco en el que se discute la política es distinto, y ningún dirigente puede ignorarlo si quiere tener chances reales, coindicen los analistas consultados por Punto Convergente.
El fenómeno excede a la Argentina. En distintos países de América Latina surgieron liderazgos de derecha con discursos más confrontativos, fuerte presencia digital y crítica a las políticas tradicionales. Sin embargo, sería apresurado hablar de una “ola de derecha” uniforme en la región.

“Los datos no son del todo claros. Hay países que se corrieron a la derecha, pero también otros que mantuvieron sus gobiernos o se movieron hacia la izquierda”, advirtió Ana Iparraguirre, consultora en comunicación política. Para la especialista en comunicación política, más que una ola homogénea, existen tendencias estructurales que hoy favorecen a las derechas.
Mario Riorda, especialista en comunicación política, fue en la misma dirección:
“No creo que haya hegemonía cultural. Los resultados tienen mucho más que ver con castigos a los oficialismos y con un descontento generalizado que con una adhesión masiva a una cultura de derecha.”
— Mario Riorda
Entre las tendencias que identificó Iparraguirre aparecen el desgaste de gobiernos que estuvieron largo tiempo en el poder, la creciente preocupación por la seguridad y un cambio profundo en los formatos de la comunicación política.
“La nitidez es clave. Las posiciones moderadas tienden a diluirse. Lo vimos con Rodríguez Larreta. La gente elige posiciones claras, y esas posiciones están asociadas a una presencia digital que genera emociones más fuertes. Todo eso lo capta mucho mejor la derecha.”
— Ana Iparraguirre
El cambio de eje: derechas e izquierdas
Hay un consenso entre los especialistas consultados, el principal acierto político de Milei fue interpretar un malestar que ya existía y darle un significado político. No crear uno nuevo.
Georgina Paolino, consultora en comunicación estratégica, fue directa al respecto:
“Milei no es la causa del cambio cultural. Milei leyó el agotamiento de la sociedad argentina: el agotamiento de una forma de ver el mundo, de ver la política, de ver el vínculo entre el ciudadano y el Estado. No trajo algo nuevo; interpretó un malestar y encontró palabras para expresarlo.”
— Georgina Paolino
Iparraguirre señaló que el gran logro comunicacional de Milei fue modificar el eje principal de la discusión pública. “Hasta la elección de 2023 había un eje transversal que era kirchnerismo-anti kirchnerismo. Milei logra reemplazarlo por otro: casta contra el resto de los argentinos. Eso le permitió pescar en una red muy amplia: sectores del PRO, independientes, votantes desencantados del peronismo. Leyó el clima de época y se adueñó de él”.
La novedad no estuvo necesariamente en las ideas, sino en la capacidad de convertir distintos malestares sociales en un relato político común.
La batalla cultural y sus límites
Desde el inicio de su gobierno, Milei definió buena parte de su proyecto como una “batalla cultural”. El término se convirtió en una de las expresiones más repetidas por el oficialismo para describir su disputa contra ideas asociadas al progresismo, el estatismo o determinadas agendas opositoras.
Pero ¿cómo se mide una batalla cultural? Para Paolino, un cambio cultural se consolida cuando ciertos valores dejan de discutirse y pasan a formar parte del sentido común de una sociedad. Y eso, advirtieron los tres especialistas, está lejos de haberse producido.
Riorda sostuvo que muchos de los temas que inicialmente generaron impacto dentro de la llamada batalla cultural fueron perdiendo fuerza con el tiempo. “La mayoría de esos tópicos hoy tienen más rechazo que aprobación. Lo que empezó como una agenda con impacto y novedad se fue desinflando. Ya no podríamos hablar de temas de aceptación mayoritaria”
Iparraguirre observó algo similar. Las investigaciones de opinión pública no muestran un respaldo social creciente a los temas más ideológicos de esa agenda, como las discusiones sobre género, ambiente o derechos reproductivos. Por eso, para ambos especialistas, hablar de una victoria cultural definitiva resulta prematuro.
Lo que sí quedó instalado
Donde sí apareció un consenso más claro fue en el terreno económico. Riorda consideró que el principal legado discursivo del oficialismo no está en las controversias culturales, sino en haber instalado nuevas prioridades para evaluar a los gobiernos.
“La idea del déficit quedó instalada como un gran pivote desde el cual se juzga la responsabilidad de las gestiones, incluso en gobiernos progresistas. Eso sí quedó. El resto se fue erosionando.”
— Mario Riorda
En otras palabras, hay dos batallas culturales superpuestas que el debate público suele mezclar. Una económica, con el déficit y la inflación como condiciones del debate, que sí logró instalarse. Y otra identitaria, como las de género, aborto y medioambiente, que no obtuvo mayoría y perdió fuerza.
Ese corrimiento obligó también a la oposición a reposicionarse. Incluso dirigentes que cuestionan al Gobierno suelen aclarar que no pretenden regresar a esquemas económicos del pasado reciente. El desacuerdo aparece en los métodos, pero cada vez menos en la necesidad de ordenar las cuentas públicas.
Para entender por qué la sociedad toleró el ajuste, hay que recordar el punto de partida. En los gobiernos anteriores llegó a haber un dólar distinto para cada actividad: el “dólar Netflix”, el “dólar Coldplay”, el oficial, el blue. Cuando Milei simplificó ese esquema, gran parte de la sociedad lo leyó como honestidad.
El desafío de la oposición
La gran incógnita es qué hará la oposición frente a este nuevo escenario. Paolino Señaló que uno de los principales problemas del peronismo es su dificultad para actualizar ciertos lenguajes y formas de representación.
“El peronismo tiene un mapa semántico que atrasa 90 años. Hablan de obreros cuando ya no hay tantos obreros. Hablan de Cristina o Néstor como si los pibes de 20 años supieran quiénes son. Si te movés por fuera, te llaman traidor. No salirse de la línea hace que sean cada vez menos competitivos.”
— Georgina Paolino
La autenticidad se volvió un tema central en esta política. La diferenciación entre la vida pública y la privada ya no existe con las redes sociales, y en ese contexto Milei tiene una ventaja concreta: muestra lo que es.
“La política hoy exige audacia. Muchos dirigentes peronistas reconocen la necesidad de cambiar. Pero la propia estructura
partidaria dificulta esos movimientos. Y no salirse de la línea hace que conecten cada vez menos con una sociedad que sí está pidiendo audacia“. Agregó Paolino.
Iparraguirre prefirió no ofrecer recetas generales. A su entender, no existe una fórmula única para reconstruir una alternativa competitiva porque todo dependerá de los liderazgos concretos que emerjan. Riorda coincidió y agregó: “Las experiencias internacionales son absolutamente heterogéneas: más radicalidad desde una postura progresista o más del centro desde
una más moderada. No hay una receta única que garantice efectividad de antemano.
Lo que sí quedó claro, según Iparraguirre, es lo que no funciona: la nostalgia.
“Las elecciones son sobre futuro. Vos no vendés pasado en una campaña.”
— Ana Iparraguirre
Mientras el peronismo no articule un camino alternativo y creíble, la gente preferirá quedarse en el barco donde el capitán parece saber hacia dónde va.
Un debate abierto
A casi tres años de la llegada de Milei al poder, los especialistas coincidieron en que todavía es temprano para determinar si la transformación impulsada por el oficialismo tendrá efectos duraderos.
Paolino fue precisa: para que haya un cambio de paradigma cultural real, la ciudadanía tiene que internalizar las nuevas reglas. Y eso no se logra solo con un mensaje político eficaz. Tiene que haber resultados concretos que lo respalden.
Lo que sí parece haber cambiado, es el terreno sobre el que se desarrolla la discusión política argentina. Algunas consignas, preocupaciones y prioridades que antes ocupaban lugares secundarios pasaron al centro del debate público.
La pregunta ya no es solamente quién ganará las próximas elecciones. También es si quienes aspiren a gobernar en el futuro podrán hacerlo sin discutir dentro del marco que el propio Milei ayudó a instalar. La respuesta, sugirieron los analistas, empezará a verse en la oferta electoral de 2027.



