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MET Gala: del esplendor a la polémica, el declive del evento más importante de la moda

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La gala del Costume Institute recaudó 42 millones de dólares, pero Jeff Bezos como copresidente y las protestas en Nueva York dejaron al desnudo una crisis.

Durante 78 años, la MET Gala se las arregló para sobreponerse a sus propios excesos. Sobrevivió a los vestidos meme, a los memes sobre los vestidos, a los reclamos por elitismo, a las acusaciones de irrelevancia y a varios escándalos de invitados. La edición 2026 puede ser la primera que no logra disimular las grietas.

Recaudó un récord de 42 millones de dólares, sí, pero también juntó protestas en la puerta del museo, una pasarela alternativa llamada Ball Without Billionaires a pocas cuadras, una campaña de boicot en el subte de Nueva York y la ausencia explícita de figuras como Meryl Streep, Zendaya y el alcalde Zohran Mamdani.

Beyoncé, una de las más llamativas de la noche.

El motivo se puede resumir en dos nombres: Jeff Bezos y Lauren Sánchez. Anna Wintour, que dirige la gala desde 1995, sumó al matrimonio como copresidentes honorarios después de que aportaran, según Page Six, al menos 10 millones de dólares para sponsorear la noche.

Por primera vez en décadas, el auspiciante principal del evento no fue una casa de moda sino el cuarto hombre más rico del mundo. La industria reaccionó rápido y los apodos también: “Gala Amazon Prime” y “Bezos Ball” circularon más que cualquiera de los vestidos.

Por primera vez en décadas, el auspiciante principal del evento no fue una casa de moda sino el cuarto hombre más rico del mundo.

Qué es la MET Gala (y por qué no es una fiesta cualquiera)

Antes de meterse en la polémica, conviene aclarar de qué estamos hablando. La MET Gala oficialmente llamada Costume Institute Benefit, no es un desfile ni una entrega de premios. Es una cena benéfica que se hace cada primer lunes de mayo en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, y su único objetivo es recaudar dinero para el Costume Institute, el departamento del museo dedicado a la moda.

Ese departamento es el único del MET que no recibe presupuesto general y debe financiarse solo. Por eso la gala importa tanto en lo concreto: es la caja registradora del año. Cada edición coincide con la inauguración de una gran exposición de moda, y de ahí salen la temática y el dress code que los invitados tienen que interpretar. La de 2026 se llama  Costume Art y se abrió al público el 10 de mayo.

La entrada individual ronda los 75.000 dólares y nadie entra sin la aprobación personal de Anna Wintour (der. de la imagen)

Los números hablan solos. La entrada individual ronda los 75.000 dólares, hay unas 450 personas seleccionadas a dedo y nadie entra sin la aprobación personal de Anna Wintour. Ni siquiera pagando. La directora de Vogue Estados Unidos arma la lista, define quién se sienta al lado de quién y hasta vetó del menú el ajo, la cebolla, el perejil y la bruschetta. No es exageración: lo confirmó The New York Post.

Por qué se volvió “los Oscar de la moda”

La gala arrancó en 1948 como un evento bastante modesto. La publicista Eleanor Lambert organizó una cena de medianoche en el Waldorf Astoria con entradas a 50 dólares, pensada para la alta sociedad neoyorquina. Durante más de dos décadas fue eso: una reunión de gente con dinero para juntar más dinero. Nada de celebridades, nada de temáticas, nada de alfombra roja.

La gala arrancó en 1948 como una cena en el Waldorf Astoria con entradas a 50 dólares (Instagram: @risenyofficial)

El giro vino en 1972, cuando Diana Vreeland, ex editora de Vogue convertida en consultora del Costume Institute, mudó el evento al museo y empezó a invitar a Andy Warhol, Cher, Mick Jagger y Elizabeth Taylor. Vreeland también inventó las temáticas anuales, que obligaron a los invitados a pensar la ropa como concepto y no como prenda. Ahí nació el ADN actual del evento.

El segundo gran salto lo dio Anna Wintour en 1995. La editora entendió que la moda necesitaba la fama para sobrevivir en la era moderna y construyó una maquinaria mediática global. Bajo su dirección, la gala empezó a recaudar millones, a marcar tendencias y a funcionar como termómetro cultural. La exposición Heavenly Bodies (2018) atrajo a más de 1,6 millones de visitantes y se convirtió en la más vista en la historia del Costume Institute.

Bad Bunny se transformó para la Met Gala.

El año en que la polémica eclipsó los vestidos

La crisis de 2026 no apareció de la nada. En noviembre de 2025, el museo anunció que la gala sería “posible” gracias al financiamiento de Bezos y Sánchez. La frase, casi una dedicatoria, prendió la mecha.

Un grupo activista llamado Everyone Hates Elon empezó a pegar carteles en el subte de Nueva York acusando al fundador de Amazon de habilitar las operaciones de ICE, después de que Forbes publicó que la agencia migratoria contrató 140 millones de dólares en servicios cloud a Amazon y Microsoft durante 2025.

Las críticas escalaron rápido. El alcalde electo Zohran Mamdani anunció que no iba a asistir para “concentrarse en la asequibilidad de la ciudad”. Meryl Streep rechazó una invitación para ser copresidenta justamente por la presencia de Bezos, según Daily Mail. Zendaya, que en cada gala anterior convirtió su look en un momento viral, del traje de armadura medieval de 2018 al vestido de Cenicienta que cambiaba de color en 2019, tampoco dijo presente. Billy Porter y Tina Fey hablaron públicamente contra Wintour en las semanas previas.

Problemática del Met Gala 2026: Protestas en contra de Jeff Bezos.

Y los looks tampoco ayudaron. Variety tituló su crónica “How the Met Gala Transformed Into the Tacky Bezos Ball” y señaló algo curioso: con miles de obras de arte para inspirarse, hubo tres versiones distintas del retrato Madame X (Lauren Sánchez, Claire Foy y Julianne Moore) y más de quince celebridades disfrazadas de estatua. La uniformidad fue tan llamativa como la falta de creatividad.

Las ausencias que pesaron más que los vestidos

La lista de quienes no fueron dijo tanto como la lista de quienes sí. Bella Hadid, una de las modelos más fotografiadas del mundo, no pisa la alfombra desde 2022, pero esta vez los fans hicieron ruido al detectar que le había dado “me gusta” a un vídeo crítico contra la participación de Bezos. Ariana Grande se bajó por el lanzamiento de su disco Pearl y la gira asociada. Kate Middleton volvió a rechazar la invitación de Wintour, como cada año desde 2014. Y Kanye West, vetado de hecho por las controversias acumuladas, ni siquiera figuró en la lista de tentativos.

Blake Levily lució un vestido de archivo de Atelier Versace en tonos pastel con un corsé de tul y cristales.

Mientras tanto, en las mesas que sí se llenaron, los magnates tecnológicos desplazaron a los diseñadores. Además de Bezos, hubo presencia fuerte de ejecutivos de Meta y OpenAI. La gala recaudó 42 millones de dólares, 11 millones más que en 2025. En los papeles, fue un éxito. En la conversación pública, otra cosa.

¿Sobrevivirá la MET Gala a sus propias contradicciones?

La pregunta que dejó la edición 2026 es incómoda y difícil de responder rápido. La MET Gala se construyó durante 78 años como un equilibrio entre filantropía, moda y poder. Cuando los tres se sostenían mutuamente, funcionaba.

Anne Hathaway se despegó de Meryll Streep y asistió al evento.

Pero el contexto cambió: en un país donde la desigualdad económica está cada vez más a la vista, una fiesta con entradas de 75.000 dólares financiada por el cuarto hombre más rico del mundo deja de leerse como glamour y empieza a leerse como otra cosa.

La gala no se va a morir mañana. El dinero está, los vestidos también, y Wintour sigue al mando. Pero por primera vez en décadas, el debate más interesante de la noche no fue qué llevaba puesto Beyoncé. Fue si todavía tiene sentido este modelo de evento.

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