Traducción automática: ¿está en peligro la profesión de los traductores?

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Google Translate, Systran, DeepL. Todos conocemos esas aplicaciones que nos ayudan a traducir y, probablemente, también los utilizamos regularmente. Y eso lo saben los traductores que, a veces, tiemblan pensando en el futuro de su trabajo. Pero, ¿verdaderamente representan un peligro o son más bien aliadas?

“Es una pregunta que genera polémicas”, afirma Edgardo Galende, coordinador de la Comisión de Recursos Tecnológicos del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires. “Algunos lo ven como un peligro, algo que va a sustituir a los traductores humanos. Pero esa visión es la minoritaria hoy en día. Lo que está pasando es que la traducción humana y la traducción automática coexisten”.

Galende explica que los traductores automáticos no pueden reemplazar al profesional, porque todavía cometen errores. Lo que sí sucede es que el traductor humano cambió parcialmente su rol, ya que permite que algunas cosas las haga el traductor automático y en otros casos interviene.


“Los traductores automáticos no pueden reemplazar al profesional porque todavía cometen muchos errores”

Edgardo Galende

Laura Melidoni, dedicada a la traducción legal y de marketing, encuentra utilidad en las herramientas de traducción asistida en lo vinculado al estudio de mercado, ya que “en este tipo de documentos se repiten bastante lo que son las estructuras, y las herramientas de asistencia ayudan a poder mantener una consistencia y no perder tiempo en buscar traducciones que ya habías realizado para agilizar el trabajo”.

La traducción ha avanzado en su lado tecnológico, y se crearon aplicaciones como Google Translate que soluciona cuestiones de entendimiento para usuarios. Pero hay otros rubros que no va a poder ocupar: “Se puede usar la traducción automática para entender el documento, tener idea sobre qué habla, pero aún no son perfectos. En cuestiones importantes, como las diplomáticas, legales, se necesita un ojo humano que las revise.”, explica Laura.

Edgardo Galende opina que lo mejor es ver cómo pueden ayudar en su trabajo estas tecnologías y sacar provecho de ellas. Por ejemplo, se pueden utilizar para textos más mecánicos o con estructuras simples y vocabulario restringido (lo que se conoce como lenguaje controlado), especialmente cuando no se requiere de una creatividad especial (como una lista de países o una serie de instrucciones muy sencillas).

En cambio, hay géneros discursivos que requieren de más atención y cuidado. “El campo de la literatura es quizás el más complicado para que un traductor automático pueda procesar y ofrecer buenos resultados, las aplicaciones automáticas todavía no pueden hacer cosas como pensar en las sutilezas o los matices del significado de las palabras”, explica Galende.


“La literatura es un área más sensible de la lengua con la que la traducción automática no puede trabajar fácilmente”

Edgardo Galende


¿Qué otras herramientas puede utilizar un traductor para facilitar su trabajo?

  • Programas que permiten tomar una foto de un escrito y transformar la imagen en texto editable a través de un reconocimiento óptico de caracteres.
  • Programas que corrigen automáticamente cuestiones de puntuación, ortografía y estilo.
  • Software de traducción asistida por computadora (que no es lo mismo que la traducción automática), como Trados, Wordfast o memoQ, que permiten reutilizar traducciones de frases que se repiten, gracias al uso de enormes bases de datos que funcionan como memorias.

“Es difícil decir con seguridad cómo va a ser la tarea del traductor mañana”, piensa Edgardo Galende, “pero siempre va a ser útil, ante los cambios que vendrán, capacitarse y conocer bien las nuevas tecnologías”.

El Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires ofrecerá una charla el día 21 de mayo a las 18:30 hs. sobre la traducción automática.

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