Cuando para leer no hace falta la vista

Lautaro Barborik hace veinticinco años que es ciego por una patología congénita, es decir, nació sin la capacidad de ver. A pesar de que algunos objetos cotidianos para él requieren una adaptación especial, no ha tenido mayores inconvenientes para realizar sus actividades diarias. Es amante de la literatura, su mamá le leía cuentos antes de dormirse, pero con el tiempo creció y quiso hacerlo por sí mismo.

Por su parte, Candela Sánchez estudia en el centro de la Ciudad de Buenos Aires. Vive en Quilmes y tiene casi una hora de viaje hasta llegar a la universidad. Va en auto, lo cual le impide realizar una de las actividades que más le gusta en su tiempo libre: leer.

En dos situaciones prácticamente opuestas y, en apariencia, aisladas una de la otra, existe un factor común que actúa como nexo y facilitador: los audiolibros. Un formato creciente en Argentina, pero que todavía requiere impulso para que adquiera más difusión y aumente su consumo.

De acuerdo a los datos del censo realizado en 2010, alrededor del 8% de la población en Argentina sufre algún tipo de discapacidad, es decir, 3,2 millones de personas. En tanto,  264 mil argentinos sufren discapacidad visual, es decir, el 0,7% de las personas son no videntes por diferentes causas.

La Asociación Civil Tiflonexos trabaja por la integración de personas con dificultades visuales desde hace más de diez años.  Posee una biblioteca dedica a la temática, donde la gente, previa inscripción, puede acceder al material.

“Hoy la biblioteca ya cuenta con más de 54.000 libros en formato digital, de los cuales 45.500 están disponibles en audio y para su impresión en braille”, explica Marta Triana, encargada del área de Comunicación Institucional y Biblioteca de Tiflonexos.

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Pero los audiolibros no están destinados únicamente a las personas que padecen alguna discapacidad visual. Pueden ser, también, una herramienta más de consumo de literatura para las personas que no encuentran momento o lugar para leer en formato digital o físico, como en el caso de Candela Sánchez.

“El consumo de audiolibros va en aumento paulatino en Argentina, aunque la única forma de que se pueda difundir de manera efectiva es a través de la experiencia personal de haberlos escuchado”, dice Flavia Pittella, curadora de libros en Bajalibros.com y autora de artículos relacionados a la literatura y los libros en Infobae.

La experta considera que en su caso particular constituyen un modo de consumo de cultura diferente, ya que los utiliza en momentos en que no podría leer un libro papel o electrónico (mientras maneja, cocina o va caminando).

De acuerdo a un informe acerca de la evolución del libro electrónico en América Latina y España, actualmente la oferta de audiolibros en español supera los 3.000 títulos, lo cual contrasta con los apenas mil que había disponibles algunos años atrás. Algunas de las tiendas más conocidas son Audible y Audioteka. La primera es de Amazon y tiene la mayoría de sus títulos en inglés. La segunda, por el contrario, es española y dispone de una gran variedad de libros, tanto en autores como en sus temáticas.

Los audiolibros son un formato de lectura que se encuentra en crecimiento, no solo en Argentina, sino también a nivel mundial , tanto para personas que sufren alguna discapacidad visual como para aquellos que los eligen como método de lectura.

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