Cómo trabajan las redes para construir la nueva masculinidad

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Por mucho tiempo los hombres fueron descritos como el sexo fuerte, agresivo y dominante. Hoy, ese modelo se encuentra en discusión.

Los hombres no lloran. A las mujeres les encanta el maquillaje. Los hombres son buenos con los números porque son más racionales. Las mujeres son re emocionales e inestables. Si un hombre tiene un problema, lo arregla a las piñas. Las mujeres no tienen códigos, se viven criticando. Y así, se pueden nombrar cientos de estereotipos más.

A nivel social, se cree que todos los hombres entran en una categoría y todas la mujeres, en otra. Por ejemplo, en el 2019, un estudio de la División Insights de Kantar reveló que el 96% de los anuncios de productos de limpieza y de cuidado de bebés siguen siendo dirigidos a mujeres mientras que los hombres siguen siendo representados en spots relacionados al deporte, la toma de decisiones financieras e, incluso, en la compra de autos.

Así funciona la idea binaria del género: hay dos opciones y, dependiendo de cuál se le asigna a una persona cuando nace, se ve determinada cómo va a ser criada, qué características tiene, sus aptitudes, sus habilidades, sus gustos e incluso su sexualidad.

Esto puede verse de forma clara en los juguetes y en cómo estos se dividen entre los que son “para nenas” o “para nenes”. “¿Acaso las niñas no pueden conducir un coche o disfrazarse de superhéroe? ¿Y los niños empujar un carrito de bebé o utilizar un estudio de costura?”, se preguntan en Bebés y Más, sección dedicada a la crianza en el sitio Webedia.

Catálogos de juguetes para niños. Fuente: Webedia.

Los hombres nunca se vieron obligados a cuestionar sus formas de existir y de actuar ya que, siempre les funcionó y nunca les generó ningun conflicto vivir en sociedad habitando su masculinidad. Por el contrario, las mujeres se vieron obligadas a luchar contra el determinismo de género y, en consecuencia, a romper el modelo de mujer única. Como explica la historiadora Gerda Lerner siempre fueron reprimidas física y psicológicamente, entonces: “para ellas, la historia consistió en la lucha por la emancipación y en la liberación de la situación de necesidad”. Sin embargo, impulsados por los movimientos feministas y de lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT) de los últimos años, comenzaron a surgir los cuestionamientos alrededor de la masculinidad y sobre cómo la construcción de la misma también tiene efectos negativos en los varones.

Como respuesta al estereotipo de “hombre de verdad” surge el concepto de las nuevas masculinidades, que plantea algo tan simple como revolucionario: hay muchas formas distintas de ser hombre y todas son correctas. El objetivo principal de este planteo es eliminar la idea de que deben: “ser exitoso todo el tiempo, súper racional, no debe tener emociones, debe ser dominante en su vida y llevarse puesto todo, debe tener una pareja, debe ser proveedor, padre de familia, blanco, alto, musculoso, con un pene grande, debe tener un deseo sexual activo todo el tiempo y en todo lugar”, detalla Juan Pablo Ares, miembro de la Fundación Argentina LGBT (FALGBT).

Sin embargo, este modelo único e indiscutible sigue muy instalado en la sociedad y se relaciona a muchos conflictos que enfrentan los varones, tanto en sus relaciones con otros como con ellos mismos. “Todo lo que se corra de ese ser hombre se corre del sistema, y si hay diversas formas de ser hombre, se cae de por sí la idea de que eso es ser hombre. Y entonces, para que no se caiga, hay que reforzarlo mediante la violencia y la agresión o la discriminación”, comenta Juan Pablo. En el 2019, el 24% de las víctimas de agresión por diversidad sexual fueron hombres homosexuales.

El uso de la violencia para defender el “ser hombre”, en especial durante la crianza, es un tema que está muy presente en las charlas y grupos que organiza la Secretaría de Nuevas Masculinidades de la FALGBT, en donde trabaja Ares. “No es que la tenemos integrada, sino que la aprendemos y se nos disciplina desde niñes y nos disciplinamos entre nosotros para usar la violencia y la agresión como un lenguaje, como una forma de revalidar nuestra masculinidad. Usamos la violencia como salida a cualquier proceso emocional intenso”, explica Ares.

Esto desemboca directamente en lo que Hugo Huberman, psicólogo social y coordinador de la campaña Lazo Blanco, define como “tres tipos de violencia”: la violencia hacia otro varón, hacia las mujeres y hacia la comunidad en general.

Géneros y violencia

El 1 de abril del 2020 ya se habían registrado 86 femicidios según el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven”. En este momento, el lector podría objetar diciendo que, estadísticamente, asesinan a más hombres que a mujeres y tendría toda la razón. Sin embargo, de acuerdo al estudio sobre homicidios realizado en el 2019 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en el 2016 a nivel mundial los hombres también conformaban el 90% de los sospechosos por homicidio . Es decir que los hombres no sólo están matando mujeres, sino que también se matan entre ellos.

De acuerdo a Huberman todo se puede explicar con la jerarquía: “Esto es lo más importante porque sobrevive el más macho, que es el que tiene mayor jerarquía, aunque siempre esté destinado a que otro tenga una mayor a la suya. Es una cadena que tiene que ver con una zanahoria y el conejo. Esta es la gran trampa que tiene el sistema: te ofrece pero te quita más de lo que te da”. La mayor jerarquía se va logrando en razón a cuán “hombre” sos para la sociedad.

Estos mandatos no sólo generan dolor para afuera sino que también lastiman hacia adentro; la constante presión de tener que cumplir un modelo predeterminado provoca que los varones se desconecten de sí mismos: “La adquisición de la masculinidad hegemónica es un proceso a través del cual los varones llegan a suprimir toda una gama de emociones, necesidades y posibilidades, tales como el placer de cuidar de otros, la receptividad, la empatía, y la compasión. Tales emociones y necesidades se las suprime porque están asociadas con la feminidad que fue rechazada en la búsqueda de masculinidad”, explican en el Cuadernillo de Masculinidades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Para poner en duda lo establecido como sentido común, grupos como la FALGT o Lazo Blanco, buscan educar a jóvenes y adultos sobre estas temáticas. “Con chicos funciona revisando los estereotipos de género y las dobles intenciones: a qué se dedica mamá, a que se dedica papá, por qué están divididos los roles de trabajo. Con jóvenes tiene que ver con la no violencia y con la aceptación de las diferencias. Y con adultos se trabaja en contra del modelo hegemónico de ser masculino, de ese modelo que sostiene al patriarcado y que implica mucho riesgo para las mujeres”, explica Huberman. Y completa: “El hombre es un ser humano con las posibilidades abiertas para ser el humano que quiera. No hay una definición de ‘ser hombre’. Él puede decidir convertirse en el hombre que quiera ser”.

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