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Artemis II y Atenea: el día que Argentina brilló a 70.000 km de la Tierra con un satélite propio

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Una misión histórica de la NASA volvió a llevar astronautas alrededor de la Luna por primera vez en más de medio siglo y sumó tecnología espacial nacional a bordo, marcando un nuevo capítulo en la participación del país en la exploración del espacio profundo.

A comienzos de abril de 2026, el mundo fue testigo del despegue de Artemis II, una de las misiones más ambiciosas de la NASA. A bordo del cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen realizaron un vuelo tripulado de 10 días alrededor de la Luna. Sin embargo, para la Argentina, el protagonista del viaje no estaba dentro de la cápsula Orion, sino en el adaptador de la nave.

Allí se encontraba el microsatélite ATENEA, un CubeSat de clase 12U (aprox. 30×20×20 cm) desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto con universidades nacionales. Este dispositivo fue desplegado unas 5 horas después del despegue en una órbita alta que alcanzó unos 70.000 km de distancia, convirtiéndose en el artefacto argentino que operó más lejos de la Tierra en la historia. Su objetivo principal consistió en probar tecnologías de comunicación de largo alcance, recopilar datos GPS fuera de la constelación convencional y medir radiación en el espacio profundo.

El dispositivo fue desplegado en una órbita alta que alcanzó unos 70.000 km de distancia.

Atenea: 1 de los 4 microsatélites que integraron la misión Artemis II

Junto al CubeSat argentino viajaron otros 3 microsatélites internacionales, desarrollados por Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, seleccionados entre más de 60 propuestas globales para integrar la misión.

ATENEA operó durante el tiempo previsto de su vida útil – alrededor de 20 a 25 horas – transmitiendo telemetría científica hacia estaciones terrestres argentinas. Esta validación tecnológica permitió confirmar el funcionamiento de sistemas en condiciones reales de espacio profundo. Además, expertos argentinos lograron asistir al dispositivo de Arabia Saudita en tareas de restablecimiento del contacto tras fallas de comunicación.

El posteo de la CONAE tras el lanzamiento.

Ciencia desde el fin del mundo

Mientras la cápsula Orion continuaba su travesía alrededor de la Luna, enviando imágenes impactantes de la Tierra vista desde el espacio profundo, el CubeSat nacional transmitía telemetría. Las estaciones terrestres ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego, operando en simultáneo con el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) y la antena de espacio profundo DS3 en Malargüe, recibieron señales que confirmaron la obtención de datos científicos.

El desarrollo de esta masterpiece fue también resultado del trabajo de universidades como la UNLP y la UBA, que aportaron sistemas electrónicos, antenas y dispositivos experimentales. También participó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) con la fabricación de los paneles solares, junto con la empresa estatal VENG S.A.

Entrevista a Santiago Rodríguez, ingeniero e investigador de la UNLP.

Preparando el terreno para Marte

Con todo este despliegue espacial, buscan establecer una presencia humana sostenible en las cercanías de la Luna como paso previo a futuras misiones tripuladas a Marte.

Las imágenes obtenidas por la tripulación capturaron la inmensa belleza del cosmos.

Las imágenes obtenidas por la tripulación no solo capturan la inmensa belleza del cosmos, sino que también acompañan el desarrollo de tecnologías necesarias para continuar la exploración.

Una vez cumplidas las metas experimentales, el CubeSat reingresó a la atmósfera y se desintegró de forma controlada, completando exitosamente su misión. El desempeño de ATENEA consolidó la presencia argentina en la red internacional que hoy redefine la exploración del espacio profundo.

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