Desde la era de Pelé, ninguna nación logró repetir el título de forma consecutiva. La hazaña de Italia y Brasil, los únicos bicampeones que hicieron historia en la Copa del Mundo.
A lo largo de la historia de los Mundiales de fútbol, solo dos selecciones consiguieron coronarse campeonas en ediciones consecutivas: Italia, que lo logró en la década de 1930, y Brasil, que repitió la hazaña a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Desde entonces, han pasado más de seis décadas sin que ninguna nación vuelva a alcanzar esa cima, lo que convierte a ambas escuadras en protagonistas únicas de la cronología deportiva global.
Italia estableció el primer precedente en los años treinta
Italia conquistó su primer título mundial el 10 de junio de 1934, en Roma, al vencer a Checoslovaquia 2-1 en la prórroga. Cuatro años después, el 19 de junio de 1938, la Azzurra derrotó a Hungría 4-2 en Colombes, Francia, y se convirtió en el primer equipo de la historia en defender con éxito la copa del mundo. Al frente del equipo en ambas ocasiones estuvo Vittorio Pozzo, el único entrenador que ganó dos Copas del Mundo en toda la historia del fútbol.
El secreto de Pozzo no residía en la continuidad del plantel. Según revelan las crónicas de la época, el técnico turinés quería, en sus propias palabras, “gente con ilusiones frescas, con el apetito intacto por ganar”. Del equipo campeón de 1934, solo los armadores Giuseppe Meazza y Giovanni Ferrari permanecieron en el once titular de 1938; el resto llegó renovado.

Entre 1930 y 1938, la selección italiana ganó los cinco torneos internacionales más importantes de la época: la Copa Internacional en 1930 y 1935, los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 y los dos Mundiales. Como sintetizó el periodista especializado Doug McIntyre décadas después: “Pueden decir lo que quieran. Italia siempre será la primera”.
Brasil repitió la gesta con la generación de Pelé
El 29 de junio de 1958, en Solna, Suecia, Brasil venció a la selección anfitriona 5-2 en la final y obtuvo su primer título mundial. Un adolescente de 17 años llamado Edson Arantes do Nascimento marcó dos goles en esa definición y cambió el fútbol para siempre. “El Campeonato del Mundo de 1958 cambió mi vida y moldeó mi destino. Para siempre”, declaró Pelé en sus memorias.

Cuatro años más tarde, en Chile, Brasil defendió el título con una conquista que llevó a Pelé a recordarla con palabras precisas: “Ese Mundial fue muy importante para Brasil porque volvimos a ser campeones del mundo”. La Canarinha superó a Checoslovaquia 3-1 en la final del 17 de junio de 1962 y pasó a ocupar junto con Italia el único lugar reservado a las selecciones bicampeonas consecutivas.
La dupla Pelé-Garrincha representó en aquellos años la expresión más alta del jogo bonito. Como describió la revista ESPN Deportes, Pelé logró que “un deporte colectivo se transformara en individual”, porque demostró un talento capaz de eclipsar cualquier adversario. Nilton Santos, capitán de aquel plantel, resumió el espíritu del grupo con una frase que se volvió emblema: “Si no entran ellos, no jugamos nosotros”.
Más de seis décadas sin que nadie repita el doblete
Desde 1962, ninguna selección logró retener el título mundial. Alemania, Argentina y Francia acumularon coronas a lo largo de las décadas, pero ninguna pudo defenderla cuatro años después. La profundización del calendario internacional, la internacionalización de los planteles y la homogeneización del nivel competitivo global transformaron la defensa del título en una empresa cada vez más difícil.
El caso más reciente que estuvo cerca fue el de la propia Francia, campeona en 2018 y finalista en 2022, derrotada en los penales por Argentina. Pero ni ese esfuerzo alcanzó para igualar lo que Italia y Brasil.
La magnitud de la hazaña se mide mejor con una cifra: Italia acumuló el récord de ser campeona vigente durante 16 años seguidos, entre 1934 y 1950, debido a la interrupción de los Mundiales por la Segunda Guerra Mundial. Ese dato estadístico es apenas un reflejo de hasta qué punto la supremacía futbolística sostenida resulta hoy un desafío que el fútbol moderno todavía no logró reescribir.