Fotografía de Kiran Ridley / Getty Images
La mayoría de las personas recuerdan tres o cuatro robos de museos célebres, que parecen sacados de una película y de los que se leen en los titulares. Sin embargo, los miles menos espectaculares que tienen lugar en todo el mundo constantemente pasan desapercibidos.
“Hay muchos cada día y es demasiada información para que la gente la procese. Se fijan en los que aparecen en los titulares, como el del Louvre recientemente”, explicó Noah Charney, historiador del arte, autor de “The Art Thief” (“El ladrón de arte”) y fundador de la Asociación para la Investigación de los Delitos contra el Arte (ARCA).
Arthur Brand: el Hércules Poirot del arte

Siete minutos fue lo que necesitaron los ladrones del Louvre para hacerse con ocho piezas históricas del tesoro napoleónico que pertenecieron a la corona francesa. Vestidos como obreros con chalecos reflectantes burlaron la vigilancia de uno de los más emblemáticos museos parisinos al que accedieron con un montacargas desde la galería de Apolo, de vistas a los muelles del Sena. Así, a plena luz del día y ante el ojo público, se hicieron con diademas, tiaras y collares valorados en más de 100 millones de dólares y que aún siguen desaparecidas.
Este peculiar caso fue asignado a Arthur Brand, uno de los más reconocidos detectives de arte del mundo en colaboración con la Policía Francesa. A lo largo de su trayectoria Brand ha recuperado obras e íconos desaparecidos tales como Los caballos de Hitler y pinturas de Salvador Dalí y Pablo Picasso, que en conjunto alcanzan un valor de 220 millones de euros. Su pericia y reputación lo llevaron a ocuparse de casos de alta complejidad, incluyendo el reciente robo de diamantes napoleónicos.
“Lo primero que estudio es el modus operandi”, explicó el detective sobre la metodología de investigación, refiriéndose al caso del Louvre, y mencionó la importancia de los contactos en el mercado negro del arte. “Tengo una red de informantes que me ayuda, y por supuesto, son criminales. Para mí es muy importante ya que ellos se mueven en esos círculos criminales”, destacó. Considera que esta red fue de principal importancia en casos como el de los caballos de Hitler. Pero esos informantes también pueden ser personas comunes y corrientes, no ligadas a los circuitos criminales que recurren a Brand antes que a la Policía.
Sin embargo, en las últimas décadas aconteció un cambio de metodología. Según el detective, antes era más común robar pinturas, pero hoy en día se roban objetos de oro y de plata que se pueden derretir para volverlos inidentificables. “También se roban objetos con diamantes como en el Louvre, ya que se pueden desmantelar y vender los diamantes uno por uno. Así, nadie los reconoce como los originales”, agregó Brand.
La venta de arte robado tiene complejidades. “En las películas siempre hay una persona misteriosa que compra un cuadro robado y lo esconde en su casa. Pero eso es Hollywood, porque nadie quiere tocar un cuadro robado”, adviertió el detective y agregó: “Esos cuadros a veces se destruyen al no poder venderlos, y a veces se intercambian en el mundo criminal por drogas y armas”. Entre ellos solo un 10% se recupera, mientras que el otro 90% se pierde para siempre.
Brand recuerda el caso de Leonardo Patterson quien había sido acusado de vender falsificaciones y objetos saqueados de sitios arqueológicos. El caso ilustró las complejidades al trabajar en casos internacionales en los que cada país se maneja con un sistema legal diferente. “Si trabajo en España, trabajó junto a la Guardia Civil o Nacional, en Perú con INTERPOL Perú, en Holanda con la policía holandesa, en Alemania con la policía alemana. He trabajado con unas 15 diferentes fuerzas policiales, en 15 diferentes países y, de momento sigo, unos siete casos”.
El retrato de una dama

Los crímenes internacionales de arte no solo abarcan el robo a los museos. En agosto de 2025, la Unidad Fiscal de Mar del Plata recuperó una de las obras expoliadas durante el nazismo y desaparecida desde hace más de 80 años, El Retrato de una Dama (1700), atribuida al pintor italiano Giuseppe Ghislandi y robada de la colección privada del coleccionista judío Jacques Goudstikker durante la Segunda Guerra Mundial.
Lo más sorprendente del hallazgo es que fue accidental. Peter Schouten, corresponsal en Buenos Aires del diario neerlandés Algemeen Dagblad (AD), reconoció la obra por la foto de una propiedad marplatense, publicada por una inmobiliaria local. El lienzo sobre óleo que podía confundirse con una réplica resultó ser el original, y coincidía con el registro de los Países Bajos de obras robadas.
El retrato fue posteriormente vinculado al jerarca nazi Friedrich Kadgien (mano derecha de Hermann Göring), ex propietario de la propiedad. Tras la alerta de Interpol y de la Aduana, el fiscal federal Carlos Martínez inició un expediente y ordenó allanamientos que resultaron en la imputación de Patricia Kadgien y su esposo Juan Carlos Cortegoso por encubrimiento agravado.
“En este caso, el delito previo es particularmente grave, porque es un robo en contexto de genocidio”, explicó Martínez y agregó: “Nosotros entendemos un plan sistemático del régimen nazi de apropiarse de obras de arte en los países en los que se invadían como modo de financiar al régimen”.
Este caso sirve para ahondar en las dificultades de la trazabilidad de los bienes artísticos. “Son bienes de difícil localización. A veces por su tamaño: en este caso es un cuadro grande, pero muchas veces tenemos bienes paleontológicos que son huesos, pequeñas vasijas, fácilmente transportables o movibles cruzando las fronteras y es difícil seguirles el rastro”, señaló Martínez.
“Como se trata de bienes que no tienen un registro, suelen ser presa de maniobras de lavado. El lavado busca que a dinero negro se le dé una apariencia lícita. Esa apariencia se da en las obras de arte, que son bienes que tienen un margen de precio bastante amplio y subjetivo”, explicó el fiscal.
“Lo que diferencia al mercado negro del arte de otras economías ilícitas es que no siempre funciona de manera completamente clandestina. Muchas veces se mueve dentro del propio sistema del arte, aprovechando zonas grises, falta de controles y vacíos legales”, agregó Mía Seminara, licenciada en Gestión e Historia del Arte por la Universidad del Salvador.
Atraco en la Fondazione Magnani Rocca

El robo más reciente ocurrió en Italia. El 22 de marzo de este año, la Fondazione Magnani Rocca, ubicada a las afueras de Parma sufrió el robo de tres obras su colección permanente: Los Peces (1917) de Renoir, Naturaleza muerta y con cerezas (1885-1887) de Cézanne y Odalisca en una terraza (1922) de Matisse, con un valor conjunto aproximado de USD 10 millones, fueron sustraídas de la Villa dei Capolavori.
La Policía y los Carabinieri investigan el caso, con particular foco en el fallo del sistema de alarmas que posibilitó el hurto y que retrasó su inicio durante tres valiosos minutos en los que los asaltantes se dieron a la fuga.
Los criminales forzaron la puerta de acceso de la Sala Francesa del primer piso y escaparon a través del parque del establecimiento. Sin embargo, no lograron su objetivo completo gracias a la intervención de los carabinieri y del personal de seguridad.
En respuesta al hurto, la Fondazione Magnani Rocca dio a conocer una carta abierta dirigida al público, a los medios de comunicación, a las instituciones y a las entidades del territorio, en la que llama a la reflexión planteando que “la mejor manera de responder a quienes roban la belleza es venir a verla de nuevo: contarla, compartirla. No se puede permitir que pisoteen la belleza”.