“Yo no soy una percha de tu ropa”

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“No respires. Ahí va, no respires. Sonreí. No tanto. ¡No respires! Si respiras se te infla la panza.” Sofía no respiró. La sesión duro 15 minutos. A cara lavada, un hombre que hace dos semanas había conocido en un boliche de Puerto Madero fotografió todos sus perfiles. Sofía tenía miedo de que noten la cicatriz en su hombro. Intentó disimularla con maquillaje antes de llegar a la agencia situada en el corazón de Palermo. Ya se lo habían advertido: “La única puerta de entrada es la perfección.”

Firmar con una agencia de modelaje es el objetivo N° 1 de las jóvenes que sueñan con convertirse en modelos profesionales. Estas actúan como intermediarias entre ellas y quienes las contratan para participar de campañas y desfiles. Son organizaciones que reclutan y contratan mujeres aspirantes a entrar al mundo de la moda y les consiguen trabajos dentro de la industria. Las agencias le cobran al cliente y luego les pagan a las modelos, quedándose generalmente con un 10% o 20% de las ganancias. Cuanta más variedad de modelos tenga la organización, más chances tendrán los clientes de encontrar a la joven que se ajuste a sus demandas. Es por esto que no son solo las jóvenes las que se contactan con las agencias en primer lugar, sino también las agencias las que se encargan de encontrarlas a ellas y tentarlas con una representación segura y trabajo inmediato.

A Sofía la tentaron con viajes, dinero y fama. Su metro ochenta, cabello rubio y ojos verdes bastaron para llamar la atención de Agustín, el encargado de seleccionar nuevas caras para sumar a la agencia. Sofía faltó a la facultad y se presentó un lunes a la entrevista, tal como habían acordado por Instagram dos días antes. En la era de las redes sociales, reclutar modelos se convirtió en un click y las agencias mundiales supieron aprovechar esta oportunidad. IMG, una de las organizaciones líderes de la industria, explica en su página web que Instagram y Facebook les da la posibilidad de ver la belleza natural de las potenciales modelos en su vida diaria evitando que estas gasten dinero en sesiones de fotos y books profesionales. Para David Cunningham, vicepresidente de la agencia, “los nuevos medios revolucionaron completamente el modelo económico del sector, facilitando los procesos y permitiendo la visibilización de chicas que en otra época no hubiesen sido descubiertas.” Como Sofía.

Todo parecía brillante, limpio y deslumbrante dentro de la oficina en la que citaron el 25 de abril de 2016. De las paredes colgaban primeros planos de mujeres serias y delgadas, una al lado de la otra, ocupando cada espacio blanco. Allí esperó unos minutos hasta que entraron dos mujeres y un hombre vestidos en tonos pasteles, con lentes de sol y cuadernos en sus manos. Sofía se sintió observada. Por los tres que acababan de llegar, y por las 300 mujeres serias y delgadas de mirada penetrante que apuntaban sus ojos hacía ella, inmovilizadas desde sus marcos de plástico.

Las tres personas ni la saludaron. Se comunicaban entre ellos, la miraban, se hacían gestos, la volvían a mirar. Pocas palabras, pero se entendían. Aunque Sofía no entendía. “Las pestañas. Están bien. ¿Era morocha? Volver a su color. O un poco más oscuro. Alisado permanente. Usó ortodoncia. Tiene que usarla de nuevo. La altura okey. Empezamos con tres menos de acá a un mes.”

Tres menos en un mes. Hablaban de kilos. Sofía en ese entonces pesaba 53, y no era lo que esos tres representantes de la agencia esperaban para su nueva modelo. “Vamos a tener que amoldar tu cuerpo a los requisitos de la agencia.” Sofía no dijo nada. No quería sonreír, pero sonrió. “Correr cuatro kilómetros todos los días. Agua. Fruta. Verduras. Nada de alcohol, de harinas, de lácteos. No más carne.” El hombre hizo un silencio y le tomó la mano. “¿Vos estás dispuesta a ser una modelo internacional?”

A Kate Moss la descubrieron en un aeropuerto cuando tenía 14 años. A Naomi Campbell en un shopping del sur de Londres. A Claudia Schiffer en una discoteca en Mallorca. Modelos internacionales que desde entonces conquistaron cada pasarela y perpetuaron su nombre en la industria de la moda. Hoy, las agencias de modelaje les prometen a sus representadas que con esfuerzo, dedicación y exigencia alcanzarán el destino de Kate, Naomi y Claudia.

Frente a esa pregunta, Sofía no dijo nada. Tampoco quería sonreír, pero sonrió.

Martina Daireaux, Licenciada en Nutrición, advierte que actualmente existe una exigencia muy grande en el mundo de la moda y de la televisión en cuanto al peso y a la perfección estética. “Hay mujeres que buscan estar delgadas a toda costa, aún poniendo en riesgo su salud. No saben que el cuerpo necesita miles de nutrientes y que con una dieta proteica, como realizan la mayoría de las modelos, no alcanza. Me tocó varias veces atender a jóvenes que se encontraban por debajo de su peso y lo único que les interesaba cuando venían a las consultas era verse flacas en el espejo y no en la balanza”, agregó.

Son varias las agencias en Argentina que aspiran a la “talla cero” en sus modelos, sin importar los riesgos físicos y psicológicos que generan sus demandas en las jóvenes. En 2015, el diputado Helio Rebot presentó un proyecto de ley para prohibir en desfiles y en publicidades a aquellas modelos que no cumplan con el índice de masa corporal que recomienda la Organización Mundial de la Salud, inspirado en la legislación de España y Francia, donde las modelos extremadamente delgadas tienen prohibido desfilar.  A pesar de que la ley nacional 26.396 declara el interés en “la prevención y control de los trastornos alimentarios” y de que la Asociación de Lucha contra la Bulimia y Anorexia reveló en su último estudio que el 28% de los adolescentes porteños desarrolla conductas vinculadas con este tipo de enfermedades, el proyecto no tuvo éxito y por el momento no existen regulaciones que limiten el accionar de las agencias del país.

Emiliano Mocchiutti, el creador de la agencia Look 1, afirmó en una entrevista realizada por la periodista Soledad Vallejos, que se necesitan dos años para formar a una nueva modelo. “Dos años para sacarle el barro. Hay clientes o amigos que me miran raro cuando les muestro a alguna chica con la que voy a empezar a trabajar, me dicen que estoy equivocado, no le tienen fe. Y pasan dos años y me dicen que es un bombón”, agregó . A su vez, criticó la conducta de algunas jóvenes que no logran soportar las presiones: “Me agota ver como muchas veces uno trabaja con una chica y le dedica todo su esfuerzo para que después, de un día para el otro, abandone porque no se puede bancar el éxito y la exigencia. Ellas trabajan con su cuerpo y para conseguir las medidas que se piden hay que tener una conducta de alimentación muy sana y balanceada. No se puede salir de noche ni tomar alcohol. Hay que descansar y trabajar durante largas jornadas, a veces de hasta 20 horas.”

A pesar de que la mayoría de las agencias le rinden culto a la delgadez extrema, para Ash Mateu, productora de moda de medios gráficos como DMAG, Vanidades, Gente y Ohlala, los estándares de belleza están cambiando y la talla cero ya no es el movimiento predominante en la industria de la moda. La estilista sostuvo que la democratización que generaron las redes sociales en cuanto a la comunicación permitió darle lugar a un sinfín de influencers que hoy inciden en la opinión pública más que cualquier campaña. “No creo que señalar a las agencias de modelos y encasillar el problema en una oficina de representantes sea del todo justo. Es fácil pararse en la vereda de enfrente y señalar con el dedo, pero dudo que los valores culturales estén forjados por una única industria. No son solo las agencias las que fomentan tal exigencia: somos las estilistas, los clientes, los fotógrafos, los representantes, pero por sobre todo, la audiencia. Creo que de a poco los usuarios están buscando identificarse con una imagen más real y saludable”, explicó.

“No soy la percha de tu ropa”, empieza la carta que escribió Sofía en Facebook. Un poco contestándole al representante de la agencia que la contactó hace ya un año, otro poco hablándole a una sociedad fundada sobre estereotipos irreales y violencia machista. “Muchos me habían hablado del gran mito de las agencias de modelos que impulsan la anorexia, pero jamás lo creí hasta que lo viví en carne propia. Frente a la pregunta de si estaba dispuesta a ser una modelo internacional no emití sonido alguno. Hoy, después de haber bajado ocho kilos y de estar luchando contra una enfermedad insoportable, no voy a cometer el mismo error de callar. La pregunta no era si estaba dispuesta a ser una modelo internacional, sino si estaba dispuesta a dejar mi vida entera por la plata, la fama y la anorexia.” Sofía continuó criticando la actitud de los representantes de la agencia que la llevaron a obsesionarse con su cuerpo y explicó que en su pelea por curarse conoció un sinfín de jóvenes que habían pasado por lo mismo. “No les importa nada. Solo que su ropa se exhiba bien en tu cuerpo. Para ellos, cuanto más te parezcas a una percha, mejor. Hoy yo elijo vivir, y no morir mientras desfilo con tacos altos y luciendo mis costillas antes de llegar al final de la pasarela.”

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