Un año de crisis para la industria editorial argentina

Debido a las complicaciones económicas que atraviesa nuestro país en la actualidad, muchos ámbitos se ven afectados. La gente no llega a fin de mes con sus sueldos en consecuencia de la acelerada inflación y el constante aumento de tarifas, por lo que comienza a recortar gastos secundarios. Es habitual el cierre de los negocios, puesto a que no alcanzan a cubrir sus gastos y mucho menos mantenerse en pie.

Algunos rubros que día a día cierran sus puertas son los restaurantes, los teatros y las librerías. Hay momentos dentro de una economía en dónde los ciudadanos no pueden tener acceso a bienes que no son de primera necesidad.

Según el informe anual de la Cámara Argentina del Libro (CAL) en el 2016, se registró una caída del 22% en las ventas.

Si bien en el primer semestre la importación de libros en la Argentina aumentó un 50% en relación al mismo período del 2015, se registró una baja del 6% en las exportaciones, lo que hace que Argentina pierda competitividad en el mercado mundial.

El aumento de costos ha encarecido las impresiones, y la inflación, la subida de tarifas y el atraso salarial han derrumbado las ventas. Graciela Rosenberg, presidenta de la CAL, explica en el informe semestral la cantidad de títulos se mantiene similar en comparación con el 2016, pero lo que se vio reducido fue el tiraje de cada uno de ellos.

En lo que va del 2017, se registró una caída del 15% en la producción de libros.

Tanto editoriales como librerías además de luchar contra la crisis económica actual, hace ya mucho tiempo que compiten por audiencias con la tecnología. Ambas batallan por su subsistencia, pero la realidad es que algunas ya dejaron de existir, como las librerías El Vitral y Adán Buenosayres en la calle Corrientes. Las que aún se mantienen en carrera son las grandes empresas que dominan la mayor porción del mercado, tal es el caso de Editorial Planeta.

Casos que sorprenden son las pequeñas editoriales independientes y emergentes que se mantienen gracias a los libros importados y una menor cantidad de libros nacionales.En gran medida lo que les permite subsistir son las ferias de libros que organizan entre ellos y consideran muy exitosas, como por ejemplo la Feria del Editor.

Las editoriales independientes son la respuesta a la concentración de grandes grupos que tienen la mayor porción del mercado. Son librerías con un claro perfil y objetivo de ofrecer libros no tan comerciales, librerías de nicho que apuntan a un público específico y ese es el valor agregado que las destaca.

Waldhuter es un ejemplo de editorial independiente, cuyos dueños Gabriel y Jorge Waldhuter abrieron recientemente una librería en la avenida Santa Fe. Waldhuter es originalmente un distribuidor que importa libros de editoriales independientes.Su objetivo es exhibir libros no tan comerciales tanto del exterior como locales, en menor medida.

Waldhuter, en Comicópolis. (Facebook: Waldhuter Libros)

“Las librerías que cerraron son librerías de dificultosa economía, están en lugares de alquileres caros con una oferta mediocre, son de segunda mano, no son lo que más público atrae. Los libreros de segunda mano están en peligro, tienen que vender muy barato al público en un año difícil, es un producto de pasear por la calle corrientes y tentarte. La primera necesidad es el libro de moda o el de estudio y justamente no son los que se encuentran ahí”, afirma Jorge Waldhuter, convencido de que su reciente proyecto puede tener un lugar en el mercado ya que su stand en la Feria del Libro es uno de los más concurridos año tras año.

“Hace años la gente nos pide que pongamos un local porque quieren visitarnos más de una vez al año”, cuenta el dueño. Asimismo explica que no importan títulos que se producen en Argentina sino que ofrecen novedades.

Librerías tradicionales que llevan años en el mercado como es el caso de Librería Santa Fe tienen experiencia en situaciones como ésta dado que han enfrentado varias crisis. Juan Villella, ex encargado de uno de los locales en la avenida Santa Fe y actual subgerente del Grupo Ilsha,comenta que “en situaciones como ésta las editoriales deben apostar a las reimpresiones, que ya están amortizadas y reducir el catálogo de novedades”.

Actualmente, el rubro de libros infantiles y el denominado rubro para “young adults” son los que mejor se mantienen en ventas. La producción de libros infantiles es una de las pocas que puede competir con las tecnologías y con los e-books, puesto a que el valor agregado de la gráfica no puede adaptarse a lo digital. Además, el libro en papel les permite a los niños que interactúen con la creatividad que estos ofrecen.

En cuanto a las novelas para jóvenes adultos o young adults como se denomina en la industria editorial, es uno de los rubros que produce la mayor cantidad de bestsellers a nivel mundial. “Esa nueva franja apareció gracias a J.K. Rowling, que simplemente demostró algo que estaba, que era que los chicos podían leer un libro extenso.Los hijos, hermanos y los que vinieron después se encontraban con un dilema, no sabían qué leer luego de Harry Potter. Los editores, preocupados por satisfacer a sus lectores,dieron origen a las novelas para adolescentes, que formaron un nuevo mercado”, expone Pablo González, ejecutivo de cuentas en Kel.

Quienes más se ven afectadas con la situación actual de nuestro país son las librerías de segunda mano, el último eslabón de la cadena editorial, quienes deben competir con la venta digital y vender productos a un público cuyo poder adquisitivo se ve reducido por la inflación, además de que sus catálogos no están actualizados y les cuesta captar la atención de los lectores.

Por otro lado las pequeñas editoriales independientes pueden subsistir debido a su valor agregado de ofrecer productos novedosos que no se encuentran en todos lados y que en su mayoría provienen del exterior, no obstante, sus ventas también disminuyeron en el 2017.

En cuanto a los grandes grupos editoriales, la crisis pasa casi desapercibida puesto a que son quienes dominan el mercado.

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