Sigue creciendo la población de palomas ante la mirada indiferente de las autoridades

Para los especialistas, las palomas constituyen una de las plagas más peligrosas dentro del ámbito urbano. Si bien las palomas no son consideradas legalmente como plaga son una amenaza para la salud y el medio ambiente. El Gobierno de la Ciudad no realiza campañas de concientización y todavía muchos vecinos insisten en alimentarlas como si se tratara de mascotas inofensivas.

Con tan solo observar a la gente en una plaza porteña mientras alimenta a las palomas puede
deducirse fácilmente que es un ave querida y aceptada por los ciudadanos pero ¿qué pasaría si supieran sus verdaderos efectos sobre las personas, los monumentos históricos y hasta en los alimentos?

Una paloma de la calle puede tener ocho crías por año.

La paloma, también conocida como Columba Livia, es una especie introducida, es decir no
autóctona, que llegó desde Europa y carece de un depredador nato que regule su población.
Además, la gran cantidad de edificios que hay en la Ciudad de Buenos Aires son un lugar ideal para su anidación y reproducción.

Osvaldo Peusner, quien reside en un edificio sobre la avenida Santa Fe, está harto de que estas aves se posen y defequen sobre su balcón. ¨Las espanto todo el día, pero ya no sé más qué hacer. Nadie me da una respuesta¨. Y seguirá sin tener respuesta porque tal como remarcó a Punto Convergente la Agencia de Protección Ambiental (APrA) el marco normativo por el cual se desarrolla el control de plagas actualmente en la Ciudad de Buenos Aires es la Ley Nacional N° 11.843, que se ocupa excepcionalmente de la profilaxis de la peste y desratización obligatoria en todo el territorio de la Nación.

Si plaga se define como cualquier especie animal que afecte la salud pública o la salud individual de las personas o que afecte la actividad económica o capacidad de producción de
alimentos, las palomas son las principales candidatas a ocupar ese lugar.

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Costo político 

Carlos Blanco, médico veterinario y profesor universitario en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA con posgrado en Bioestadística en UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) explicó que ¨si pensamos desde ese punto de vista, cualquier especie animal que prolifere excesivamente en el medio humano es una plaga. Las palomas podrían considerarse una de ellas¨ y añadió que “este animal no entra en ninguna legislación como plaga, pero lo son del punto de vista que cumplen con la definición¨.  

Las palomas urbanas viven entre siete y ocho años.

En la actualidad, estas aves son un problema sin control. ¿Por qué? Además de que están
protegidas por ley, el carácter simbólico que estas representan para los ciudadanos impide algún tipo de acción para su control poblacional. ¨Cuando uno declara plaga a una especie que le gusta a la gente, las formas de control son muy complicadas; si decís que vas a controlar otro tipo de plaga con el mismo método que las ratas, te convertís en un monstruo. El costo político de controlar las palomas es distinto que el de controlar las ratas¨, indicó Blanco.
En Argentina existen dos leyes que protegen a las palomas: la Ley Sarmiento N° 14.346 defiende a los animales y da una pena de prisión que va de los 15 días a un año para aquel que infligiere malos tratos o actos de crueldad a los animales y la ley 12.913 que protege a las palomas mensajeras.

El rechazo a la declaración de la paloma como plaga está vinculado, por un lado, al omanticismo que este animal conlleva, la paloma de la paz y el olivo. La armonía de la
Columba Livia blanca y lo que refiere al Espíritu Santo y la religión. Por otro lado, al uso militar y comercial de la paloma mensajera y, por último, a las organizaciones colombófilas, es decir,
asociaciones de protección que se dedican a la cría y competencia deportiva.

¨Si vos sos diputado, senador y querés sacar una ley en contra de las palomas diciendo que las palomas son plaga, te van a salir en contra gente vinculada a la religión, a la cultura y mucho a esto de la colombofilia¨, advirtió Edgardo Marcos, subdirector por 20 años del Instituto Pasteur y profesor de Salud Pública de la UBA, en referencia al costo y la falta de acción política.

Marcos añadió que las palomas producen ¨daños económicos porque destruyen cultivos como el girasol, generan daños en los edificios porque se meten en los aleros y después defecan y se junta todo el guano, la bosta de las palomas y como es muy ácida, corroe, oxida aluminio, puede producir problemas en los cables, daña edificios, monumentos públicos y estatuas¨.

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Psitacosis

Además de estas desventajas, las palomas son peligrosas para la salud pública porque
transmiten enfermedades al ser humano, ya sea de forma directa o participando de las cadenas epidemiológicas.

¨La zoonosis que mayor riesgo puede transmitir es la psitacosis u ornitosis, una enfermedad
infecciosa, que en un adulto sano puede provocar un cuadro respiratorio leve con un poco de fiebre que se cura solo, pero en personas de edad mayor, chicos o personas inmunosuprimidas puede terminar en una neumonía muy grave¨, comentó Carlos Blanco.

La psitacosis se contagia por la inhalación del polvo de material fecal seco a través de las vías
respiratorias, es decir, cuando la gente tiene el guano de las palomas en la ventana, esta se seca y, a través del viento, se introduce en cuartos y habitaciones. 

No solo transmiten enfermedades, sino que intervienen en ciclos de enfermedades más complejas como la encefalitis viralis donde participan, por ejemplo, los mosquitos.

¨Hay virus que producen daños a nivel del sistema nervioso que son transmitidas por mosquitos hembra cuando van a buscar proteínas para copular y necesitan alimentarse de la sangre de las palomas¨, dijo Teo Quattrocchi, médico veterinario de la Universidad Nacional de La Plata.

Entonces, ¿cómo puede afrontarse este problema? Una buena manera sería no alimentarlas. Otra forma es generar mecanismos de exclusión como, por ejemplo, el uso de redes, pinches, privarla de lugares cómodos para la anidación, púas y hasta ultrasonidos, aunque la paloma a estos últimos se adapta.

En Chicago, Estados Unidos, alimentar este tipo de aves es considerado una conducta ¨incívica¨ y aquel que lo hace puede ser castigado con multas de hasta 300 dólares. En Madrid, España, las sanciones pueden ser de hasta 1500 euros. ¨Evitar el acceso a alimentos es una de las claves para reducir su población. Aún así es muy difícil¨, explicó Quattrocchi.

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