Ser voluntario, una forma de vida

Muchas personas creen que para poder ayudar es necesario ir al fin del mundo o contar con amplios recursos económicos. Pero colaborar está al alcance de todos. En el país o en cualquier otra parte del mundo es necesaria la actividad voluntaria. Los voluntarios sostienen que no hace falta contribuir a gran escala: cualquier contribución, por mínima que sea, suma.

Existen distintos tipos de voluntarios. Una primera clase es el “constante”: aquel que, una vez que comienza y descubre lo gratificante de ayudar, no quiere parar. Omar Casela colabora en la Fundación Banco de Alimentos hace nueve años y lo disfruta mucho. Esta fundación se encarga de recolectar donaciones de alimentos y otros productos (por ejemplo de limpieza y cuidado personal) y de redistribuirlos a hogares y comedores infantiles que los necesiten.

“Tuve la idea de ser voluntario después de las inundaciones en Santa Fe, me nació –cuenta Omar–. Me enteré de que necesitaban ayuda, conocí la fundación y me enganché”. Actualmente colabora de lunes a viernes, tres o seis horas al día. Una vez al año va a visitar los hogares que reciben las donaciones de alimentos y habla con la gente. “Está bueno conocer a quién le llega todo esto”, dice.

Otra voluntaria constante en el servicio es Silvia Fontán, de 53 años, docente recién jubilada. Conoció la Fundación Banco de Alimentos a través de una entrevista publicada en una revista y, como le interesó, se encargó de contactarse y comenzar a colaborar.

En un principio iba a los eventos masivos que se hacían los sábados en ocasiones especiales, como cuando se pedían donaciones a la salida de supermercados como Carrefour. Ahora, aprovecha que tiene más tiempo libre para ser voluntaria.

“Enganché a mi marido y empezamos a venir en la semana, en un día y horario fijos”, comenta. Para ella es importante invitar cada vez a más gente al voluntariado ya que se necesitan manos. “Además, está buenísimo hacerlo acompañado –afirma Silvia–. Ahora vengo con mi marido y quiero traerlo también a mi hijo”. Lo que más rescata de ayudar es la satisfacción personal, “la gratificación de disponer de un tiempo y venir porque a alguien le sirve que yo pueda hacer esto”.

Virginia Van Gelderen, estudiante de Trabajo Social, hizo un voluntariado en Morillo (Salta, Argentina) con su amiga Candelaria. Estuvieron con los wichis, una comunidad aborigen muy pobre, no solo económicamente sino también en cuanto a educación y salud. “

El mes que estuvimos ahí se vivieron cosas muy fuertes, situaciones complejas, de mucha estigmatización y desprecio hacia los wichis”, recuerda Virginia, y resalta la experiencia de haber conocido a esta comunidad: una realidad que solo había visto en libros de historia, pero que ocurre en el país en la actualidad.

Para ella, ir a Morillo no fue suficiente. “Volvimos a Buenos Aires y sentíamos que algo podíamos hacer desde acá”, dice Virginia. Fue así como se pusieron en campaña para recolectar la mayor cantidad posible de ropa, pañales, leche en polvo y juguetes. “Nunca pensé que íbamos a ser capaces de juntar tanto y llenar el camión –explica–; la verdad es que cuando vi todas las cajas en el camión lloraba de felicidad, sabiendo que todo eso eran cosas indispensables para esta gente y que nosotros con el solo hecho de pedir por Facebook ya habíamos recibido mucho más de lo esperado”.

Victoria Ayerza viajó a África para hacer un voluntariado como maestra en Kenia.

Aprovecharon las herramientas que tienen acá para poder seguir ayudando, y hasta el día de hoy les siguen agradeciendo. “La gente allá está muy sola, ni la propia comunidad los ayuda, y menos el gobierno. Los recursos con los que cuentan son muy escasos”, asegura.

Por otro lado, mucha gente elige ser voluntaria en el exterior porque busca una experiencia lejos de casa y aprovecha para nutrir ese viaje con algún voluntariado. Victoria Ayerza, una joven licenciada de la carrera de Comunicación Publicitaria en la Universidad Católica Argentina, relata la experiencia de su viaje a Kenia (África) para ser maestra en un colegio de 2000 alumnos: “Terminé eligiendo hacer un voluntariado en un colegio primario en Kenia porque siempre quise conocer África, y ¿qué mejor manera de hacerlo que viviendo unos meses como uno más de ellos?”. Victoria se tomó el viaje como una experiencia para enriquecer su conocimiento cultural y provocar un giro en su vida.

“Es de esas cosas que uno tiene en su lista de pendientes mientras viva. Necesitaba ir a África, dejar mi zona de confort para adentrarme en lo desconocido”. Fue la sencillez de la gente lo que más la sorprendió. “Lo que más extraño es la simpleza, en todos sus aspectos. Poder hacer felices a los demás y sentirse uno tan feliz con tan poco”, dice.

Otra forma de voluntariado es llevar un proyecto adelante. Damián Pérez es el director general de la organización Crece Argentina, que inició en el año 2010, tomando como ejemplo el trabajo realizado por su institución hermana Crece Chile del otro lado de la cordillera. El objetivo de esta organización es ayudar a los adultos a terminar el colegio secundario y “promover el compromiso entre voluntarios y alumnos, apuntando a humanizar la vida y las familias de las personas que traten con nosotros”.

Una de sus tareas a la cabeza de “Crece Argentina” es definir la fase de selección de voluntarios. Explica que “el proceso para elegir voluntarios es sencillo. En primer lugar se definen las necesidades del proyecto en materia de voluntarios (determinar qué materias son las que hay que dictar con el fin de encontrar al voluntario con el perfil adecuado) y luego convocamos a través de diferentes canales (redes sociales, boca en boca, etc.)”.

La moda de ayudar

El voluntariado está de moda hoy en día, pero esto puede no ser algo positivo para las organizaciones. “Al estar de moda, muchos no lo toman en serio –comenta Virginia–. Hay organizaciones que dependen de voluntarios y necesitan de la responsabilidad de ellos. Ser voluntario es como un trabajo: no puedo ir cuando tengo ganas, o suspender y no avisar, o no tomarlo en serio”.

Por su parte, Victoria opina: “Esté o no de moda, está buenísimo que la gente quiera ser voluntaria. ¿Qué mejor que esté de moda si es para una buena causa?”.
Paradójicamente, la impresión de la gente acerca de que el voluntariado está “de moda” podría provocar una falta de voluntarios. Un estudio realizado por TNS Gallup el año pasado demuestra que, más allá de lo que piensa la gente, la actividad voluntaria cayó desde el 2002.

La entrega de los famosos en diversas actividades voluntarias contribuye a la moda de la ayuda. Celebridades como Angelina Jolie o Bill Gates son algunos ejemplos de famosos que se involucran, no solo donando dinero, sino formando parte directamente de las actividades de diferentes organizaciones. La célebre actriz, conocida por sus papeles estelares en películas como Tomb Rider o Sr. y Sra. Smith, apoya a casi 30 organizaciones internacionales y recientemente se unió al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Las celebridades de Argentina también donan su tiempo y talento. Patricia Sosa convocó a voluntarios para formar la Fundación Pequeños Gestos, Grandes Logros. Esta fundación se encarga de ayudar a las comunidades de Chaco (Argentina) y está integrada únicamente por voluntarios que donan su tiempo. Además, la cantante se sumó a la cruzada mundial para promover la donación de sangre poniendo su voz a la canción oficial del “Día Mundial del Donante de Sangre”.

Más allá de la moda, lo importante es ayudar. Son lo mismos voluntarios los que dan testimonio de la experiencia positiva que uno pueda llevarse después de la actividad. Virginia Van Gelderen concluye: “Viajar como voluntaria a algún lugar es algo totalmente diferente. Significa renunciar a las vacaciones, la comodidad, las amigas, la familia, y dedicarse 100% a ayudar. Pero puedo asegurar que dejar todo eso significa recibir mucho más de lo que uno cree”.

Autores: Ángeles Ayerza, Ignacio Romero Carranza, Carolina Valle Durán

Lo que cuentan los datos

• El número de voluntarios en el país (13%) es el más bajo desde 1997.
• 2 de cada 10 argentinos declaran haber donado dinero a entidades sin fines de lucro durante el 2013.
• 3 de cada 10 manifiestan su predisposición a participar en el futuro en entidades sin fines de lucro.
• El 13% de los argentinos es voluntario y el 22% dona dinero.
• Bajó un 20% la cantidad de gente que realiza tareas voluntarias desde el 2002 hasta hoy.
• 4 de cada 10 voluntarios colaboran semanalmente.
• El 31% de los argentinos está interesado en ser voluntario (no significa que lo sea).
(Datos de la encuesta de TNS Gallup, diciembre de 2014)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *