Recuperarse de las adicciones es una tarea para toda la vida

Narcóticos Anónimos (NA) es una organización que atiende adictos en todo el mundo. Dos testimonios para comprender mejor el proceso que va del  consumo a la recuperación.

Soy Alejandro, un adicto. Empecé a fumar marihuana con mi mujer y durante un año fue muy divertido; le sentía los gustos distintos a la comida, tenía mejor sexo, me reía mucho. Pero como todo en mi vida empezó a ser un exceso. Desarrollé la costumbre de volver a mi casa, después de un día de mucho trabajo, y fumarme un cigarrillo de marihuana con unos whiskys. Una vez que me quedé sin droga, fui a buscar más con las prostitutas en la calle. Pero en vez de marihuana me ofrecieron cocaína; la probé y me explotó la cabeza. Era otra persona: le perdía el miedo a las cosas, me quedaba despierto toda la noche… me di cuenta de que era la droga para mí y la cambié enseguida. 

El primer paso es admitir la impotencia frente a la enfermedad y que la vida se había vuelto ingobernable. Fuente: Genetic Literacy Project

Alejandro es uno de los tantos afectados que acudió a NA. Se trata de una asociación sin ánimo de lucro que funciona en más de 139 países y se dirige a hombres y mujeres que buscan recuperarse de la adicción. No discrimina en base a edad, nacionalidad, clase o religión. Tal como indicado por la propia organización, “solo hay un requisito para ser miembro: el deseo de dejar de consumir.” Se basa en un movimiento espiritual que propone un programa de 12 pasos que se plantea con la guía de una madrina o padrino.

“Mi vida comenzó a ser de una deshonestidad impresionante- continúa Alejandro que lleva 7 años sin consumir- ni uno de mis amigos sabía que yo consumía y menos mi mujer. Un día ella me descubrió, pero ya era tarde; ya no podía parar y cada vez fue peor. Lo único que quería era que terminara mi día de trabajo e irme a consumir, a veces ni iba a trabajar. Me iba generalmente a las 4 o 5 de la tarde, buscaba una mujer, me metía en un hotel, me quedaba consumiendo ahí y después no podía salir, porque me daba vergüenza volver a mi casa a las 5 de la mañana en ese estado. Así terminaba 3 o 4 días encerrado en hoteles con mujeres de la noche. El dolor y la culpa de herir a mis seres queridos era tan grande que me destruía por dentro. Por más de que me propusiera no consumir más, no tenía fuerza para encarar la vida entonces volvía a buscar el mismo entorno para anestesiarme y evadir la realidad”.

“El premio es una vida sana, llena de sentido, de oportunidades, de crecimiento…”, se entusiasma Alejandro.

En general, el consumo comienza durante la adolescencia.  Tal fue el caso de Josefina -exconsumidora e integrante de NA-, que empezó a los 16 años mientras estaba en el colegio y lleva 14 sin consumir.  Debido a su adicción abandonó sus estudios. Como suele ocurrir, comenzó a frecuentar personas que también consumían y así entró en el mundo de las drogas. “Todas las ovejas negras nos juntábamos”, cuenta. ¿Pero qué causa que algunas personas puedan consumir de forma ocasional y otras comiencen a necesitarla?

El llamado de atención

“Somos mucho más vulnerables los que venimos de familias disfuncionales, los que sufrimos falta de cariño cuando fuimos chicos. Sentimos un gran vacío interior y tarde o temprano conocemos la droga y lo llenamos con eso”, explica Alejandro. En ese tipo de familias suele surgir un integrante que representa esta disfuncionalidad y comienza a llamar la atención. Si a esta característica se le agrega falta de límites la fórmula es explosiva, porque, según Josefina, los adictos son esencialmente rebeldes.

“Cuando hablo de adicción hablo de una enfermedad crónica progresiva, que se tiene siempre y se puede manifestar con el consumo de drogas, pero también en otros escenarios: en el juego, el sexo, la comida, los gastos compulsivos, las relaciones amorosas…”, continúa Josefina.  Por esto, desde NA se plantea que la adicción en realidad no tiene cura, porque cualquier adicto puede volver a consumir. Según la organización: “Somos adictos en recuperación y nos reunimos con regularidad para ayudarnos a permanecer limpios”.

Josefina reemplazó su adicción a la cocaína por la del cigarrillo, pero no toma una gota de alcohol hace 15 años, por miedo a volverse alcohólica (cuando está en un restaurant incluso pregunta si un plato lleva salsas con vino o licor para evitarlo). Viaja mucho a Francia e incluso allá atiende sin falta a los grupos, dado que NA es una confraternidad mundial y el programa es igual en todos los países.

La fuerza que causa un deseo genuino por recuperarse suele venir acompañada de un evento traumático. Josefina hizo terapia, se mudó a otro país e incluso estuvo internada, pero el compromiso real no surgió hasta después de la muerte de dos amigos: “Un día una amiga íntima que estaba enferma, casi terminal, me dijo que necesitaba que estuviera sobria, en eje, para acompañarla hasta el fin de sus días. Decidí ir a una reunión de NA y me mantuve limpia por 3 meses, pero no pude sostenerlo porque recaí con un trago. No me lo banqué por soberbia y no volví hasta 5 años más tarde, cuando murió un muy amigo mío por las drogas. Desde ese momento decidí finalmente mantenerme limpia.”

El caso de Alejandro es también fuerte: “Después de 5 años de consumo, mi mujer me terminó echando de mi casa. Al año de haberme ido, mi ex mujer se enfermó de cáncer. El padre me culpaba a mí, porque el cáncer es una enfermedad emocional. Por unos meses dejé de ver a mis hijos, que en ese momento tenían entre 6 y 8 años, porque no quería molestarla durante su proceso de quimioterapia. Sentí muchísima culpa y dolor y eso me llevó a querer parar.”

Si el grito de ayuda no surge del propio adicto, difícilmente podrá cambiar por la buena voluntad de otros. “Me ayudó que insistieran en que no era culpable de mi enfermedad pero sí responsable de mi recuperación. Siempre había querido encontrar una cura mágica; había ido a psicólogos, psiquiatras, con expectativa de que ellos me iban a hacer dejar pero yo no quería poner mi parte, entender que solo yo podía elegir salvarme”, reconoce Alejandro. N.A funciona por atracción y sugestión y no por imposición u obligación; presionar a un adicto a ir a una reunión suele ser contraproducente. “El mejor ejemplo para los otros es estar limpio, porque el que te ve, notando lo bien que estás te va a preguntar cómo lo lograste”, señala Alejandra. 

Pequeños objetivos

Una de sus propuestas fundamentales es el SOLO POR HOY: el esfuerzo se renueva cada 24 horas. “En NA decimos que no hay cura conocida para la enfermedad de la adicción, solo se puede detener por un día y renovarse. Yo tenía una psicóloga que me pedía que yo no me drogara por 90 días y para mí era como escalar el Everest. El objetivo corto me sirvió mucho para superar esa ansiedad por consumir”, cuenta Alejandro. Se sugiere que los recién llegados vayan a una reunión por día durante al menos 90 días para adaptarse mejor al programa.

La misión de N.A se apoya en brindar un servicio desinteresado a la comunidad. “Al principio nosotros decimos ‘te vamos a querer hasta que aprendas a quererte’ porque queda un vacío muy grande al estar en abstinencia; además te quedás sin tus amigos de consumo. entonces tenés que volver a armar un nuevo universo”, dice Josefina, quien hoy coordina reuniones y pasa el mensaje en hospitales, instituciones y en las calles. “Hacer servicio contribuye muchísimo porque estás ayudando al otro y, como estás sirviendo a la sociedad, podés enriquecer tu autoestima porque te sentís valioso, útil.”

El consumo aleja poco a poco a los adictos de sus afectos y emociones “la adicción es una enfermedad de pérdidas –continúa Josefina-. Durante el tiempo de consumo perdés un montón de cosas, sobre todo el tiempo. También, la capacidad de atravesar emociones y situaciones sin anestesia. Pero cuando comienza la recuperación se abre una nueva visión de la vida y empezás a recuperar, no a perder”. Y Alejandro agrega: “El premio es una vida sana, llena de sentido, de oportunidades, de crecimiento… La vida sin drogas puede seguir doliendo, pero es nuestra vida.”

Josefina concluye: “Mi mensaje de fe y esperanza es que se puede salir; yo tengo 14 años, 3 meses y 20 días. El recién llegado a N.A es muy valiente, y para mí es la persona más importante porque me recuerda de dónde vengo y dónde estoy hoy. Recuperarme fue uno de los logros más importantes de mi vida.”

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