“Pedir lo imposible”: a 50 años del Mayo Francés

Es 1968 y un día de enero, alumno y ministro se insultan en plena universidad parisina. Un día de mayo, hay 20.000 estudiantes reclamando en La Sorbona y pintando “Cómanse a sus profesores” en afiches. Un día de junio, las calles francesas están limpias y el statu quo, de pie, como si nada hubiera pasado.

A medio siglo de una de las protestas más emblemáticas de la historia, todavía cuesta discernir de qué se trató todo ello. ¿Rebeldía adolescente, los aires revolucionarios de la época, el descontento con la mentalidad conformista de la posguerra, todas las anteriores? O lo que es más relevante aún: ¿por qué, hasta el día de hoy, seguimos hablando del mítico Mayo Francés?

Describir a los últimos años de la década del 60 como “convulsionados” suele quedar corto. Washington se topó en 1967 con 300,000 personas desfilando por sus avenidas en repudio a la Guerra de Vietnam. El mismo año, moría el Che Guevara y nacía el mito. Una breve primavera florecía en Praga, en el 68, de la mano de Alexander Dubček y su “socialismo con rostro humano”. Los gobiernos liberales que aún poseían colonias eran acusados de imperialistas y para muchos intelectuales de occidente distintos proyectos de izquierda, como el maoísmo, eran una alternativa viable.

Mientras el movimiento hippie florecía, las letras de protesta de Bob Dylan, la psicodelia beatle y la transgresión stone cobraban más relevancia que nunca. La única regla: no hay reglas. El verano del amor en San Francisco fue la prueba viva de ello, o en palabras de los estudiantes del Mayo Francés: “¡Libertad! ¡Igualdad! ¡Sexualidad!”.

Francia se empapó de estas ideas, pero no contaba con grandes conflictos económicos o sociales. Para los jóvenes, el verdadero problema era el modo de vida que les imponían sus padres, la moral rígida, el viejo y despreciado statu quo representado por el ya anciano presidente De Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial. El problema era que chicos y chicas no podían visitar los dormitorios del sexo opuesto.

“Es una revuelta generacional, basada en un espíritu de la época, donde por primera vez los jóvenes tienen un rol muy protagónico”, explica Jorge Liotti, Profesor Investigador en la UCA en el área de noticias internacionales, y agrega: “Cuando ellos se rebelan, lo hacen contra las normas, contra la burguesía, contra el sistema de clases, contra la normativa de organización del estado moderno.”

En paredes y afiches, muchas frases eran más anti-todo que pro-izquierda: “la sociedad es una flor carnívora”, “viole su alma mater”, “en los exámenes, responda con preguntas”, “soy marxista, de la tendencia Groucho”. Predominan los juegos de palabras y los cuestionamientos por sobre las propuestas. El espíritu utópico-romántico manda.

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Y si por algo se destacó Mayo 68 fue por su convocatoria masiva y espontánea. “Los franceses llevan en su ADN la protesta, la huelga, la manifestación”, afirma Jorge Morón, periodista argentino que reside en París y dirige el medio Francia Hoy. “Si no les gusta algo, van a salir a la calle y lo van a hacer notar”, afirma, y se anima a decir que esto ocurre desde la toma de La Bastilla. Pero la protesta quedó inexorablemente ligada al alumnado  y a la lluvia de adoquines, y no a los 11 millones de trabajadores que pararon. “Termino siendo un icono de una revuelta espontánea con líderes nuevos y demás pero no provoco cambios en el sistema”, dice Liotti.

Estudiantes en el Barrio Latino, mayo 1968

En Argentina

Los principales diarios nacionales siguieron la concatenación de hechos en Europa tapa a tapa. Nuestro país, a su manera, también ebullía: se vivían las primeras experiencias guerrilleras, “Tucumán Arde” fue la obra artística colectiva del momento, se estrenaba el documental activista La Hora de los Hornos (de Pino Solanas), y surgía el Cordobazo, que no sin cuestionamientos suele ser comparado con los eventos franceses.

Jorge Forbes, periodista argentino que lleva más de 35 años viviendo en el país galo, considera que este último hecho y Mayo 68 son equiparables pero que “Argentina siempre miró a Francia como modelo, y esta no fue la excepción”. Este fue el caso de varios intelectuales e incluso de artistas como Julio Le Parc, quien participó activamente de los sucesos franceses.

“Hay una voluntad de expresión en contra del poder establecido en los dos casos, hay un espíritu de rebelión juvenil de liberarse de las ataduras, pero son situaciones difíciles de comparar; acá había una dictadura, allá no”, expresa Liotti. Y si el mítico Mayo es más recordado por sus estudiantes que por sus obreros, la protesta argentina del 69 fue exactamente al revés.

Multitudes en las calles durante el Cordobazo, 1969

Las medidas neoliberales del ministro de economía Krieger Vasena y la ley 18.204 del gobierno de Onganía, que ampliaba la jornada laboral de los cordobeses, resultaron en una huelga encabezada por los sindicalistas Agustín Tosco y Elpidio Torres en la capital provincial. El asesinato del delegado obrero Máximo Mena por parte de la policía durante generó repudio y la salida masiva de la clase media y el estudiantado a la calle. Las fuerzas de seguridad se vieron sobrepasadas por el caos y debió intervenir el Ejército. El saldo final: 4 muertos y los líderes, presos.

En retrospectiva, quizás lo más reminiscente al Mayo 68 sean las consignas del Cordobazo: “Este barrio está ocupado por el Pueblo”, “Soldado, no dispares contra tus hermanos”, “Soldado, rebélate contra tus oficiales asesinos”, “Muera la dictadura”, “El pueblo al poder”.

El legado

Los graffitis más llamativos del último día del trabajador en Francia gritaban “1968-2018”, en medio de una huelga general de trenes, como tratando de evocar algo de aquellos ideales. Este año, el país vio al estudiantado tomar algunas universidades a partir de la reforma educativa propuesta por Macron, pero lejos está la realidad actual del viejo mito.

¿Qué sobrevive, entonces? El imaginario seguro. Los pósters y slogans, caseros e ingeniosos, se exhiben en (). Películas como La chinoise de Jean-Luc Godard capturan al estudiantado justo antes del estallido, cantando “¡Mao-Mao!” y leyendo libros rojos en 1967, mientras otras como Besos robados de Francois Truffaut dejan claro por qué eligieron cancelar el Festival de Cannes en el año de las protestas. Hasta Street Fighting Man, de los Rolling Stones, alude a las batallas callejeras francesas del 68.

La chinoise, de Jean-Luc Godard

Lo que también perduró con los eventos de fines de aquella década, profundizados por el caso francés, fue el rol de la juventud, que pasó a tener un peso en la toma de decisiones y en la opinión pública nunca antes visto. Para Jorge Liotti, este sector hoy se apropia de manera cotidiana de las herramientas digitales de modo análogo a como se apropiaron de las calles y de las ideas los estudiantes de Mayo. “En términos de un grupo de jóvenes espontáneo imponiendo condiciones y generando dinámicas propias que ponen en tela de juicio al poder establecido, ahí encuentro un vaso comunicante”, explica.

Disrupción, comunidad, autonomía, reglas propias. Jóvenes protagonistas, jóvenes que cuestionan (“hackean”) las jerarquías y las socavan. No son pocos, no son una subcultura: son millones. Antes, el megáfono era el cartel, hoy es el posteo. Fenómenos distintos, sí; desvinculados, no tanto. Quizás el espíritu de aquella época, y del Mayo Francés, esté más cerca de lo que pensamos.

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