Monstruosa admiración

Según la Real Academia Española, podemos definir “fascinación” como una atracción irresistible. La temática de la muerte es atractiva; las explicaciones y los motivos nunca llegan a ser suficientes para procesarla porque la muerte en sí es un misterio.

Los criminales representan lo prohibido. ¿Qué es más atractivo que eso? Manifiestan lo peor de las personas, la cloaca más oculta en su interior, eso que cada uno lleva dentro pero no todos expresan. Es precisamente esa ambivalencia lo que reúne a los fanáticos del grupo de Facebook “Relatos e historias de asesinos en serie y paranormales”, quienes se dedican a compartir información sobre dicha temática.

“Admiro a la mayoría de los asesinos seriales”, afirmó Facundo Galiano, el administrador del grupo de Facebook, y agregó: “Se han atrevido a realizar y tomar los riesgos de una forma tan inteligente y astuta, que muchos de sus crímenes han sido verdaderas obras de arte”. A su vez reflexionó: “¿Cuántas veces alguien ha deseado arrancarle los ojos a aquella persona que lo tiene harto? Muchas, pero ¿por qué no lo hace? Es ilegal. En el reflejo de los asesinos es donde desahogamos aquella fantasía violenta”.

“Desde niños estamos acostumbrados a que siempre exista un cuento en donde hay ‘algo’ que nos persigue y corremos peligro”, comentó Ivana Fernández, estudiante de Psicología y creadora de la página web y de Facebook “Asesinos Seriales de la Historia”. Así como los asesinos seriales representan ese personaje de proporciones épicas, antihéroes verdaderamente monstruosos, Fernández se planteó por qué las personas se cubren los ojos cuando ven un film terrorífico, pero siempre dejan una ventanilla abierta entre los dedos para mirar: “Esa pregunta es lo que me impulsa a seguir investigando”, confesó.

Sergio Tonkonoff, sociólogo del Conicet y profesor de la UBA, afirmó que “un asesino tiene una figura más amplia que el ladrón y encarna la idea de un individuo capaz de hacer cualquier cosa, no sujeto a ninguna ley”. Aseguró que esta es la causa de la fascinación que sienten los admiradores hacia estos criminales.

Gran parte de los miembros de la comunidad de “Relatos e historias de asesinos en serie y paranormales” coincidieron en que la muerte es algo que genera incertidumbre e interés y, aunque pocos se atreven a llamarlo “morbo”, sí reconocen que los delincuentes y sus crímenes les provocan atracción.

“Creo que de cierta forma nos alimenta el horror ¿Por qué, por ejemplo, cuando vamos manejando, bajamos la velocidad al percatarnos de que ocurrió un accidente?”, se pregunta Galiano.

A la hora de explicar qué es lo que les atrae de quienes delinquen, los fanáticos concordaron en que les produce mucha inquietud y curiosidad entender el porqué de los actos que cometieron dichos delincuentes, e intentan darles un sentido racional. Uno de los miembros del grupo aseguró: “Llama la atención el hecho de conocer distintas formas de pensar y ver qué tan retorcidas deben estar sus mentes para llegar a lastimar a otra persona, o las situaciones que vivieron para terminar siendo así”.

Tonkonoff afirmó que la sociedad construye una figura del asesino, pretende convertirlo en alguien que tiene características psicológicas distintas, es un sujeto percibido como “diferente y peligroso”.

Este rol resulta fundamental en las sociedades porque funciona como un tipo de catarsis, una “purificación”, en la que uno se siente identificado con los actos de un asesino serial, es decir, el reflejo de un deseo reprimido que la sociedad nos impuso como prohibido.

El sociólogo subraya la idea de ambivalencia, es decir, una cierta fascinación y rechazo por parte de las personas hacia estos delincuentes. Dichos sentimientos coexisten, pero, a su vez, son contradictorios. “Asesino es quien encarna fantasías sociales –explica Tonkonoff–. Es quien genera la cosificación de las personas llevada al extremo”. Al cometer un homicidio, el asesino lo ve como algo normal y la víctima pasa a ser una cosa, no una persona, entonces en la mayoría de los casos no hay arrepentimiento ni culpa.

El psicólogo y médico especialista en psiquiatría Harry Campos Cervera coincidió con la hipótesis del sociólogo y opinó que la atracción de ciertas personas hacia los criminales y sus historias es un elemento catártico que representa las fantasías de cada uno: “Sirve para descargar los aspectos nuestros sin necesidad de realizarlos”. A su vez agregó que existen mujeres que sienten fascinación hacia estos sujetos por “una cuestión narcisista y de fantasías de redención”, es decir, creer que estos sujetos pueden transformarse en “buenos”.

Esta atracción hacia los criminales es conocida como “hibristofilia”. Las personas que padecen este síndrome pueden llegar a enamorarse de asesinos, ladrones y violadores. Es el caso, por ejemplo, de Carole Ann Boone, quien se casó con el reconocido homicida Ted Bundy durante su tercer y último juicio.

Por otra parte, un asesino no solo causa fascinación sino también rechazo por parte de la sociedad. Tras hacer la catarsis, predomina la “dimensión moral” de las personas, según las palabras de Tonkonoff.

Una vez que se castiga a un criminal por sus actos, la sociedad cae en la cuenta de que esas acciones no estuvieron bien. “El asesino muestra que está mal, que no lo debemos hacer y hay que rechazarlo”, comentó el investigador del Conicet y agregó: “Por eso la fascinación es ambivalente, hay atracción y rechazo a la vez”.

Por otro lado, Campos Cervera afirmó que sentir atracción por estos personajes requiere de una conducta violenta subconsciente: “Todo el mundo tiene fantasías agresivas con respecto al otro”. Sin embargo, para controlarlo está el superyó, lo que Freud denomina como nuestra moral. Actúa como un dique que acumula aquellas actitudes violentas y, según el especialista, nunca se sabe hasta qué punto resiste.

Dicha postura se opone a la de Tonkonoff. A pesar de coincidir en que cualquiera puede ser perverso, el profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA cree que los protagonistas de un crimen “evitan que otro sea un sádico”. Esto es producto de la catarsis y la moralización. Personajes transgresores de la sociedad como Pity Álvarez o Nahir Galarza reflejan aquel sujeto mítico deseable y negativo que todos temen, pero, a la vez, quieren ser.

Cuando habla de “mítico”, Tonkonoff se refiere a la idea de que un asesino es distinto de los demás, hay un “mito” del asesino, del criminal: “Para mí el criminal encarna en la imaginación colectiva una figura del mal”, y ese papel que la sociedad le otorga, muchas veces el mismo “actor” termina interpretándolo a la perfección.

Tonkonoff ejemplificó su hipótesis diciendo que “Nahir Galarza es un ser mítico porque en realidad nadie, ni siquiera ella, es como todos la imaginan”. Muchos fantasean con alguien que puede ser en cualquier momento descontrolado: “Si ya mató una vez, entonces puede volver a hacerlo”.

Así como Nahir Galarza puede ser considerada un ser mítico, cuando se piensa en un ladrón se recrea la imagen de un hombre de clase baja; aquello que se estigmatiza tiene que ver también con la reproducción del grupo social en sus desigualdades. Es decir, el estereotipo alude a una diferencia social que, según el especialista, favorece a la clase alta.

En síntesis, se puede identificar, a partir de las ideas planteadas por los especialistas, que esta atracción se debe a una necesidad inconsciente de saciar nuestros deseos prohibidos en el reflejo del otro. Entonces, a pesar de que un asesino es una figura negativa, paradójicamente parece también que cumple un rol fundamental: evita que el resto de los sujetos se convierta en ese personaje monstruoso.

Por Julieta Long, Victoria Urruspuru y Florencia Brandan.

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