Misionar en Calcuta: una experiencia dura pero que estimula a regresar

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Delfina Draier, de 21 años, dejó toda la comodidad de Buenos Aires y paso un mes en la ciudad más pobre de la India como voluntaria.

La ciudad de «los más pobres entre los pobres», así llaman a Calcuta, dónde misionan 50 argentinos todos los años.

Llega enero y un grupo de 50 argentinos parte a la India. Se hospedan en La Casa Madre de las Misioneras de la Caridad, la congregación fundada en 1950 por la Madre Teresa. Se trata del punto de encuentro de miles de voluntarios de todas partes del mundo. En total, hay 19 casas que acogen a hombres y mujeres necesitados de todas las religiones, niños huérfanos, enfermos de sida. También hay una escuela de niños de la calle y una colonia de leprosos.

Ahora bien, ¿por qué un argentino iría a misionar a Calcuta? Según Milagros Guido, estudiante de Psicología, por “las ganas de vivir algo distinto”. “Nunca se me cruzó que iba a ser compatible con mi vida. Si bien siempre misioné e hice servicios nunca pensé en algo así”, contó.

Delfina Draier, estudiante de Ciencias de la Educación, “siempre” tuvo ganas “de misionar a alguna otra parte del mundo”. “Yo quería ir a África a hacer un voluntariado”, pero como ya conocía al organizador del Proyecto Calcuta, decidió seguirlo sin importar el destino: “fue la oportunidad más cercana que se me dio”.

Milagros junto a uno de los niños que cuidaba en la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad.

Lucas Zothner, estudiante de Abogacía y de Psicología, es quien organiza los viajes hasta la India. “Cuándo tenía 18 años, fui a Bombay a visitar a mi familia (el papá de Lucas es embajador allí). Después iba ir a Europa a mochilear con amigos. Pero una semana antes de partir, me surge ir a Calcuta. No tenía idea de lo que era el voluntariado. No había escuchado ni un testimonio pero quería ir. Le conté a mi viejo, él aceptó, compré el pasaje y me fui el mismo día”, relató.

Luego de esta primera experiencia, Lucas empezó a pasar sus veranos enteros misionando en Calcuta, solo. “Me decían que estaba pirado por invertir mis vacaciones allá, levantándome a las cuatro de la mañana y quedandome hasta la noche atendiendo enfermos. A mi igual no me importaba porque encontré mi plenitud alla”, contó.

Después de su segundo verano en Calcuta, decidió convocar a más gente para que lo acompañara. Su plan era juntar 50 argentinos para viajar en enero del 2017. “Cuándo armé el proyecto me decían ¿cómo yo un pibe de 20 años iba a llevar 50 argentinos a la India? Pero estaba muy seguro de que tenía que hacerlo y entonces con mucha confianza lo llevé a cabo”, expresó.

El primer grupo misionero arribó a Calcuta el 28 de diciembre de 2016. Se quedaron ahí hasta febrero del 2017. Entre los voluntarios estaban Milagros y Delfina. Fifi aseguró haber vivido todo como “una experiencia de aprendizaje”. “Aprendí sobre otra cultura, sobre otra forma de vivir, sobre otra forma de ver la vida..”, relató. Y, luego, reflexionó: “hacíamos cosas tontas cómo doblar servilletas, lavar ropa, darle de comer a los nenes, nada que cambie el mundo pero si lo haces con amor le cambian el mundo a quién se lo estás haciendo”.

También hubo momentos en que ambas desearon volver a Buenos Aires. “El peor momento fue el primero, los primeros días: el choque cultural fue tan fuerte, que llegue al punto de ver vuelos para adelantar mi pasaje, creí que no iba a poder”, reveló Mili.


«El choque cultural fue tan fuerte, que llegue al punto de ver vuelos para adelantar mi pasaje, creí que no iba a poder”, reveló Mili.

Una vez que volvieron a Buenos Aires, allá el 1 de febrero de 2018, tampoco pudieron encontrar comodidad al 100 por ciento. Se sentían extrañadas. A Mili le tomó dos semanas acostumbrarse.

Fifi tardó un poquito más en retomar su rutina previa al viaje. “Había estado un mes y una semana sin mi familia, sin mi casa, sin mis cosas. Hasta marzo estaba muy impresionada con todo lo que tengo. Cosas cómo abrir la heladera y tener de comer todo lo que quiero. Tener mi cama, mi ducha, el lavarropas. Yo allá me lavaba mi propia ropa, me bañaba en sucucho horrible, las camas no eran muy cómodas…”, expresó. “Volver fue agradecer todo lo que tengo”, concluyó.

De todas formas, el Proyecto Calcuta no terminó en 2018. En enero de 2019 otro grupo de argentinos fue a misionar a Calcuta (de algunos ya era la segunda vez). Y, desde comienzos de este mes, los misioneros se están preparando para enero del 2020.

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Caminando por Calcuta 👣

Una publicación compartida por Proyecto Calcuta (@calcuta2020) el 14 de Feb de 2019 a las 5:26 PST


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