Marruecos exótico: cómo es dormir bajo un cielo estrellado y cruzar el desierto sobre un dromedario

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La ruta al desierto en Marruecos se hace en 4×4 y con guía en español: el idioma oficial son el árabe y el francés. Comunicarse puede ser complicado a medida que uno se aleja de las grandes ciudades. Una de las alternativas, tiene como punto de partida la ciudad de Marrakesh. La salida es muy temprano en la mañana, con destino a Col Tichka o «paso de montaña difícil». Es el paso de carreteras más alto del norte de África, con 2260 metros, ahora parte de la Ruta Nacional 9 de Marruecos.

De allí continúa el viaje hasta llegar a la Kasbah (fotaleza de adobe) de Ait Ben Haddou, declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO y conocida por haber sido escenario natural de numerosas películas. Es en esta construcción, de paja y barro, que Russell Crowe fue vendido como esclavo en el recordado film Gladiador. Pero antes de pasar por Hollywood este pueblo estuvo habitado por los bereberes por más de 4 siglos.

Los estudios de cine en Ait Ben Haddou, uno de los más famosos en Marruecos.

Muy cerca de allí se encuentra la ciudad de Ouarzazate, famosa por los estudios de cine Atlas que se pueden visitar por 50 Dirhams o 5 euros la entrada y el Kasbah de Taourirt, antigua residencia de uno de los gobernadores más rico de la región. Este Patrimonio de la Humanidad permite acceso gratuito. Pero si la idea es conocer el interior del antiguo
palacio (está mejor por fuera que por dentro), habrá que abonar una entrada de 2 euros.

Avanzando hacia el desierto de Merzouga y a 40 kilómetros de Ouarzazate se encuentra el palmeral de Skoura, con su despliegue de 700.000 palmeras que conviven con un centenar de kasbahs (hoy hospedajes) del siglo XII.

A pocos kilómetros de allí se puede visitar el Valle de las Rosas, en una población de 15.000 habitantes llamada Kelaa M´gouna. Este valle está formado por varias hectáreas de rosales, que en su época de floración – desde mediados de abril a mediados de mayo- invaden todo con su perfume.

También allí hay una destilería de agua de rosas y cooperativas que comercializan productos derivados como cremas, jabones, perfumes con precios accesibles. El primer fin de semana de mayo se organiza un gran festival que dura 2 días, época en que el pequeño pueblo duplica su población por la gran afluencia de marroquíes y turistas. La jornada finaliza, siempre con rumbo sur, visitando el Valle del río Dades y sus Gargantas, haciendo noche allí, en alguno de los tantos kasbahs, con terraza en lo posible, para poder apreciar el imponente paisaje rojizo y sus construcciones de tierra cruda.

Oro líquido, dátiles y fósiles

Las montañas del Alto Atlas desierto.

En las montañas del Alto Atlas entre Marrakesh y Ourzazate, siempre en la ruta hacia el desierto de Merzouga, es posible hacerse de un frasco de aceite de argán. Este fruto se extrae del árbol del mismo nombre, que crece en el suroeste de Marruecos. Treinta y cinco son los kilos de frutos necesarios para obtener un litro de este «oro líquido» calificado como el aceite más caro del mundo: cuesta entre 50 y 100 euros por litro. Este producto y sus derivados suelen encontrarse,y de óptima calidad, en las cooperativas de mujeres bereberes que habitan la zona. No conviene comprar en las grandes ciudades ya que suele ser de muy baja calidad y el doble de precio.

Gargantas del Todra, otro de los puntos turísticos para visitar en Marruecos.

Otra parada obligada son las Gargantas del Todra, cuyas paredes rocosas se estrechan y se elevan hasta alcanzar los 300 metros de altura. Tanto las gargantas del Todra como las del Dades son cañones que respectivos ríos han ido cavando a lo largo del tiempo. Por su particular geografía, estos «tajos» en el Alto Atlas son blanco preferido de montañistas y escaladores.

A pocos kilómetros de allí y pasando por Ksar de Touroug, rodeado de bellos oasis, se llega a Erfoud. Allí se cosechan los mejores dátiles del país y se ubica un gran yacimiento de fósiles de cuando, hace 450 millones de años, el desierto era mar. Transformada en el epicentro de la comercialización de fósiles, sin regulación alguna, hasta allí llegan de todas partes del mundo coleccionistas privados, científicos y curiosos.

Cae el sol en el desierto en las dunas de Erg Chebbi en Marruecos.

Al final del día ya asoman, a los lados del camino, las voluptuosas dunas de arena fina y dorada que esperan, misteriosas, a la caravana de dromedarios con sus jinetes, que al ritmo de la caída del sol, las atravesarán hasta llegar a destino: el desierto de Merzouga donde pasarán la noche en haimas, acondicionadas como departamentos de lujo, con wifi y baño privado.

Aventura y naturaleza

Parece de no creer eso de hacerse el Lawrence de Arabia y subirse a un dromedario, para andar dos horas por el manso y sereno desierto marroquí. A los 30 minutos de recorrido, es fundamental hacer un alto para tomar una fotografía del ocaso entre las dunas de Erg Chebbi. Las tonalidades del cielo y de la tierra se mezclan en una paleta cálida nunca antes vista por el ojo humano.

Luego del espectáculo, montar nuevamente al camélido y seguir hasta el campamento donde los bereberes tendrán todo listo para asegurarle al visitante una rica cena con baile típico y noche con estrellas. En la madrugada, cerca de las cinco, todo el campamento se despertará de un corto sueño para recibir al sol del nuevo día y tomar un buen desayuno preparado por los anfitriones. Luego, nuevamente a los camellos para emprender el regreso, rumbo a Azrou e Ifrane.

Los tatuajes de henna que hacen en Marruecos.

Lejos quedó el campamento cuando aparece en la ruta el poblado de Khamlia, donde viven los Gnawa, músicos de origen subsahariano, que sorprenden con su ritmo, sus atuendos y su música. Para ver el breve espectáculo musical, sirven un riquísimo té de menta y todo sin pagar un euro.

Más adelante y siguiendo la pista del Rally Dakar, es posible hacer una parada y ver los casi ocultos grabados rupestres que se esconden como tesoros en una duna rocosa, cerca de Taouz, en la frontera con Argelia. Es una zona rica en minerales, con minas de baritina, vanadinita, hierro y galena.

Cerca del mediodía se acerca la propuesta del almuerzo con una familia local y la oportunidad de saborear la pizza berebere: una receta muy sabrosa, realizada con pan árabe, relleno de verduras y carne de cordero.

Luego de la abundante comida, la hija menor de la dueña de casa- solo habla árabe- especialista en el arte del tatuaje con henna, invita a probar la experiencia que desaparecerá, con los lavados, en 5 días. El atardecer y la noche se hacen en el desierto de Ouzina, en el único kasbah de la zona, en el medio de la nada, pero con cena y desayuno incluido.

A la mañana siguiente, y siempre a bordo de la 4×4, con dirección a la ciudad de Fez , hay dos paradas importantes que hacer: una es la ciudad de Azrou, una destacada población bereber, de 80.000 habitantes, conocida por sus bosques de cedros milenarios y los monos que allí habitan. Y la otra es Ifrane, «la suiza marroquí», ubicada en el Medio Atlas, a 80 kilómetros de Fes y a 1.713 metros de altitud. Su clima frío ha influido en la arquitectura centroeuropea que la caracteriza. Elegida como un importante centro de esquí y otros deportes de invierno, por locales y turistas, la ciudad cuenta además con un parque nacional donde solía habitar el famoso león del Atlas, ya extinguido.

Final abierto

Palacio del rey en Fez, una de las atracciones para visitar en la ciudad.

La expedición a la puerta del Sahara finaliza en la ciudad de Fez, donde la recomendación es alojarse dentro de la antigua medina y perderse (literalmente) entre sus callejuelas caóticas y laberínticas llenas de magia y misterios de oriente.

Este puede ser uno de los tantos recorridos alternativos para descubrir el desierto del reino de Marruecos, que incluirá en su oferta, conocer Marrakesh y Fez. Todos los tours se pueden conseguir online en cualquier sitio argentino pero el mejor precio y conocimiento lo tienen, sin dudas, las agencias españolas, debido a la cercanía con el país vecino.

Nota por Susana Mitchell, publicada en Infobae.


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