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Los chicos “ya no leen”: ¿Mito o realidad?

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Se dice que la tecnología vino a reemplazar actividades y maneras de jugar. ¿Se lee más o menos que antes?

Hay quienes dicen que desde hace varios años los chicos casi no adoptan el hábito de la lectura, fenómeno que parecería agravarse cada vez más, generación tras generación. El consumo de videojuegos, de redes sociales, televisión e internet estaría ocupando una gran parte en la vida. Sin embargo, hay quienes sostienen que este dicho es, nada más ni nada menos, que un mito. 

“Siempre se dijo eso. Cuando yo era chica y adolescente también se dijo que los chicos leen menos que antes, que casi no leen, siempre está ese reclamo”, comentó la escritora Anahí Flores, y agregó: “Siempre hubo niños que no leen, así como hay adultos que no leen. Para Flores, los niños leen, y muchísimo.

Cristina Yañez, dueña de la librería “Mil Grullas” en Mendoza  y especialista en literatura infantil y juvenil, comparte con Flores, pero remarca que “el camino lector de la infancia es exclusiva responsabilidad de los adultos. Nadie nace con el gusto por leer, es un hábito a adquirir y es necesaria la presencia de un adulto en ese proceso”. 

Videojuegos VS. Libros

Este último año, con el aislamiento social preventivo y obligatorio impuesto en Argentina por el Gobierno, el consumo de videojuegos creció exponencialmente. Según el informe “La revolución del gaming 2020” de Telecom, “la primera semana de cuarentena, el consumo de internet para gaming en la Argentina creció más del 100% respecto de un día normal, y más del 69% en todo el período de aislamiento”. 

Informe de Telecom: “La Revolución del Gaming”

Estos datos pueden resultar alarmantes para los adultos que quieren despegar un rato a los niños de las pantallas. Sin embargo, para los optimistas, el problema no es la tecnología. “Se lee donde se gusta, el problema o el desafío es cómo estimular el gusto por leer”, dice Yañez. Para la librera, lo importante es que la tecnología y la literatura convivan, porque “esto ha sucedido siempre, antes con la televisión, los videos juegos, hoy con los Smartphone, las notebooks y demás”.

Hoy en día existe gran cantidad de aplicaciones para leer en dispositivos electrónicos, espacios interactivos de lectura y juegos, audiocuentos, audiolibros, entre otros. “Para la infancia hay una web genial que se llama ‘Cuentos X contar’ –dice Yañez–, que es un proyecto digital que funciona muy bien. Leen, pintan, escuchan el cuento narrado, y conozco muchos jóvenes que usan Wattpad (plataforma online), escriben y leen allí”.

Flores expresa que lo preocupante de la tecnología no es que esté sustituyendo a los libros, sino que está reemplazando demasiadas cosas: la capacidad de atención de la gente, de poder escuchar a otro, de poder relacionarnos con el otro sin tener que estar pendientes de un celular, por ejemplo. “Lo que me preocupa –cuenta– es el lugar que está tomando la tecnología en nuestras vidas, y siendo que la lectura para muchos es parte fundamental de la vida, por supuesto que también se ve afectado”. 

Crecer leyendo: ¿por qué es importante?

María Luján Picabea es licenciada en Comunicación Social y encargada de contenidos de Filba Escuelas y Filbita (de Fundación Filba, el festival de Literatura que se realiza todos los años y que tuvo que amoldarse a la virtualidad este 2020). Para ella, “los libros, relatos, historias, constituyen un factor imprescindible para el desarrollo del psiquismo de un niño, pero también para la capacidad de pensar y de aprehender el mundo”. La tecnología puede colaborar en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños (como hace la literatura), pero “tanto las redes sociales como los videojuegos van detrás de ellos como consumidores, ni más ni menos”. Al permitir el encuentro de un niño con la lectura, el diálogo e intercambio con otro es lo que en definitiva “ensancha la propia experiencia y contribuye al desarrollo de la conciencia social y cultural”.

La literatura aporta una mirada diferente del mundo, porque riega el lenguaje y la escritura, y aporta conocimiento, sensibilidad, y emocionalidad.

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“Te da la posibilidad de ponerte en el lugar de un protagonista, en un universo desconocido y mágico a veces, aporta imaginación, conocer otros mundos aunque sean ficción -comenta Yañez-. Creo que la literatura es tan vital como otros aspectos de nuestra experiencia, sólo que no le damos tanto espacio”. 

Aquí entran en juego también los padres, tutores, o adultos responsables de los niños. Flores cuenta que su hija Sofía la ve casi todos los días tomarse un tiempo de 15 minutos para leer. “Eso también es literatura en el mundo de los niños -explica-, porque es observar una acción que mucha gente condena como inútil, y yo le muestro que es totalmente válido, que se puede hacer y que no hay que condenarlo.  Eso ella lo aprende al observar”. 

La magia de la literatura para los más pequeños

Luego de numerosos cursos, capacitaciones, y estudios, Yañez logró abrir su propia librería, “Mil Grullas”, en Mendoza en 2019, dedicada especialmente a la venta de libros para los más chicos. Desde hace un tiempo se considera a sí misma una promotora de la lectura infantil y juvenil: “Una vez oí el concepto de ‘Mediadores de lectura’ y me sentí nombrada; es quien enciende la primera llama, quien hace de puente entre un libro y una persona. Yo me siento así, creo que existe un libro para cada niño o niña, que sólo hay que hallarlo y yo no paro hasta hallarlo, porque ese es un hallazgo feliz. Es lo más lindo de la tarea”.

Cristina Yañez, dueña de la librería Mil Gruyas en Mendoza.

Para la especialista, la literatura para la infancia tiene procesos que acompañan el camino del lector, es decir, la elección no va tanto por la edad, sino por la elección personal de cada uno. Yañez cuenta que las temáticas son muy amplias, y que el lenguaje y las ilustraciones son los elementos que caracterizan al género, porque en la literatura infantil se abordan situaciones idénticas a las de la literatura para adultos pero con otro lenguaje y otros dibujos. “En la infancia se pueden leer todos los contenidos con un lenguaje acorde; tampoco hay que infantilizar la experiencia de literatura, hay que ofrecer un buen libro, como ofrezco una buena fruta, un buen alimento”, aclara.

Hay quienes creen que en la literatura infantil se debe enseñar algo, pasar conocimientos o transmitir un fin didáctico. Sin embargo, para la escritora, es todo lo contrario. Flores explica que la literatura aporta muchísimo a la construcción como ser humano y, sobre todo, al crecimiento del niño. Por eso, también escribe literatura que puede ser accesible para los más pequeños, inspirada en Sofi, su hija. “No escribo género infantil –afirma–, escribo literatura que cuenta cosas que a ellos les puedan resonar más que a los adultos, que utiliza un forma de lenguaje más accesible”. 

Los niños y su lugar en los festivales

Hace ya varios años, las actividades para los más pequeños vienen ganando cada vez más lugar en festivales como el Lollapalooza (con el Kidzapallooza), la Feria del Libro, el festival Ciudad Emergente, el festival CLAVE, etc. En este caso, el FILBA no se queda atrás y realiza en cada ocasión el FILBITA, con actividades y talleres específicos para los niños. 

Edición 2019 del Festival Filba en Buenos Aires

“Nuestro principal objetivo es siempre el encuentro en torno a la lectura y la literatura”, cuenta María Luján Picabea, encargada de contenidos de Filba. Por eso, la edición 2020 iba a ser un desafío enorme dado el contexto de pandemia y aislamiento social, preventivo y obligatorio. “No sabíamos cómo iba a salir, cuánto cansancio habían despertado las pantallas en la gente, si los niños y niñas querrían más zoom después de la escuela”, explica. Pero, la tecnología fue “solo un medio”, porque cada uno de los encuentros fue interactivo, dialogado, humano, singular y creativo

Los talleres para chicas y chicos se agotaron al poco tiempo de abrirse las inscripciones y, por eso, desde Filba buscaron que cada uno de los encuentros fuera “una forma de abrir la ventana de casa para asomarse a un mundo más amplio, donde la fantasía, el juego, la conversación y la poesía abrazara a cada uno de los y las chicas que se sumaron; y que el arte diera un respiro a la realidad”. 

Podría decirse que, gracias a la cuarentena, no solo se sumaron familias de distintas ciudades de Argentina, sino también argentinos que viven en el exterior y pudieron sumarse al festival debido al formato virtual. Todos los talleres agotaron sus cupos y los niños y niñas pudieron producir textos, crear canciones, ilustraciones, videos, fanzines, poemas y pop ups en espacios pensados para la imaginación y el juego. También, hubo charlas abiertas, intercambios con autores y autoras, audiocuentos, e ilustración en vivo. “La actividad que resultó más convocante fue la entrevista dibujada entre Isol y Oliver Jeffers, con casi 5000 vistas”, comentó Picabea. 

La charla más visitada del Filbita: Entrevista dibujada con Oliver Jeffers e Isol
Cuarentena: matar el tiempo leyendo

En la librería “Mil Grullas” venden libros nuevos y usados, así como también prestan libros y asesoran sobre todo lo que existe en el mundo digital. “Durante la cuarentena preferimos prestar -contó Cristina- . La librería funcionó como una biblioteca, las familias han atravesado una realidad económica compleja pero siempre se han llevado un libro a casa o más, sea en compra o en préstamos”. 

Allí notaron que se ha leído más, y que la gente ha tenido más horas para dedicarle a este pasatiempo. Para Yañez, “la literatura siempre es un buen refugio en los momentos de crisis”. También cree que, cuando pasen los años, la gente recordará lo que leyó en pandemia y “será muy fuerte pensar en lo que leímos el año en que cambió nuestro presente”. 

“Durante el 2020 se hizo evidente la demanda de libros para niños en las casas. Al menos es algo que nosotros pudimos notar a través de las redes sociales. Al no haber librerías, la demanda llegó directamente a la editorial, sin filtros”, contó Mercedes Rodrigué, editora en La Brujita de Papel.

Y agregó: “Con todas las librerías del país cerradas o a media máquina, lo que logramos fue desarrollar nuestro canal de venta online que nos permitió seguir activos y en contacto directo con los lectores, lo que hace que a medida que las librerías logren restablecer su funcionamiento, nosotros hayamos sumado un canal”.

Desde la editorial también comenzaron a operar como asesores. Al recibir necesidades particulares, pudieron ir satisfaciendo la demanda directa con recomendaciones que, al conocer cada libro a la perfección, resultaron confiables. Así, “los lectores vuelven expresamente por la recomendación”, resaltó. Un dato que resultó novedoso fue que se vendió más el fondo del catálogo que las novedades. Por eso, decidieron apuntar a las reimpresiones que a nuevos lanzamientos

“La pandemia fue un tiempo de intimidad, de reflexión, que hace que los adultos nos preguntemos qué queremos para nuestros niños y niñas”, expresó Rodrigué. Para ella, la respuesta es “tiempo de calidad y tiempo compartido”, en el que los libros son siempre una herramienta que nutre, acerca diálogos, abre puertas. “Con libros, por un rato, la pandemia no existe”, concluyó.

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