La pensión, un paso previo a primera

Cada club de fútbol afiliado a Asociación Argentina de Fútbol (AFA) dispone de su propia pensión con fin de albergar jugadores de las inferiores que vienen del interior y que no cuentan con las condiciones económicas para rentar un departamento en la ciudad. El nivel de la pensión responde a las condiciones económicas de cada club, por ejemplo algunas cuentan con servicio de cocineras, en cambio en otras tienen que cocinarse los chicos mismos y gastar dinero en su propia comida.

Ser futbolista profesional es el sueño más común de los chicos de nuestro país, pero es muy difícil ya que solo el 10 % de los jugadores de inferiores llega a primera división. El fútbol es el deporte más popular del mundo, pero en Argentina no es solo un juego sino que es una de las pasiones más grandes que puede haber.

Frecuentemente, cada vez que sale un jugador bueno de las inferiores de un club se comenta “qué suerte tiene de haber llegado a primera”, “el chico llegó por ser crack”, pero no es así. En el deporte la suerte se acompaña, no surge de la nada, cada vez que un joven debuta en la primera división de su respectivo club se desconoce la cantidad de esfuerzos que hubo detrás, uno de ellos es vivir en una pensión.

No es fácil, papá y mamá ahora están lejos, los amigos también y la ciudad es un nuevo mundo. Ya nada es como antes, hay que empezar de cero y tratar de distinguirse para no ser uno más del montón.

El mundo pensión es poco conocido, es un tema del cual no se habla mucho en los programas deportivos o en documentales sobre jugadores que alcanzaron la gloria. Es un tema que no se toca mucho pero que repercute mucho en la carrera futbolística de los jóvenes.

En Figueroa Alcorta 1424 se encuentra la sede del club atlético River Plate, una de las instituciones deportivas más grandes de Argentina con un excelente nivel en la calidad de las divisiones inferiores de fútbol. A diferencia de otros clubes, la pensión de River se encuentra dentro del club a unos pocos metros del estadio monumental. Allí viven alrededor de 100 chicos que van de los 9 a 18 años.

Roberto Gil, más conocido como Tito es el encargado de la pensión. Su tarea no tiene que ver con la parte futbolística, sino que cumple el rol de tutor de los chicos en Buenos Aires. Es un poco el padre, un poco el psicólogo y un poco profesor también a la hora de ayudarlos a hacer las tareas para el colegio. Arribó hace diez años al club luego de una propuesta que le llegó a través de un conocido donde aceptó más que nada por el amor a los colores.

“No me relaciono con la parte futbolística, yo soy el encargado de formar a los chicos como personas, ellos están solos en Buenos Aires y yo soy lo más cercano a un padre que tienen acá en la ciudad”- Cuenta Tito, un tipo serio de metro setenta y 48 años. Decenas de chicos pasean por la pensión, algunos juegan ping pong, otros juegan al truco y alguno que otro hace su tarea en el Hall. “Nadie sabe qué es esto, el mundo pensión no se conoce mucho, no somos de dar muchas notas mayormente para cuidar la intimidad de los chicos. Nosotros estamos acá para ayudarlos moralmente y para mantener un poco de orden porque sino esto sería un quilombo”.

Son las 10 de la mañana, sentado en una mesa Tito come una manzana y hace la lista de los chicos de la categoría 2001 que en la tarde viajaran a Ezeiza para jugar un amistoso con Ferro. Los pibes de la pensión pasan y lo saludan, el les pregunta como están y si ordenaron su cuarto. Es un tipo muy querido en River, todos lo conocen y los jugadores de primera división que pasaron por la pensión cada tanto vienen a saludarlo.

“La mayor parte de los chicos son del interior, o hay otros que andan en la calle y para que no anden revoloteando por ahí les hacemos un lugar acá. En este momento tenemos 100 chicos viviendo acá, pero cada año se van más o menos 40 e ingresan otros 40, además vienen muchos chicos en la semana para realizar pruebas” – Comenta, y dice que los chicos son como sus hijos del corazón y que pasa más tiempo con ellos que con sus hijos biológicos.

La pensión de River es impecable, tiene todo a disposición de los futbolistas. Los chicos tienen incluidas las cuatro comidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena). De la comida se encarga Susana que está hace muchos años en la pensión y es como una segunda madre para los jugadores. Está preparando el almuerzo que es a las 12, hoy toca fideos con tuco.

Entre Tito y Susana eligen entre todos los chicos de la pensión quienes serán los alcanzapeotas para el próximo partido que juegue River de local. Susana y Tito eligen a los que se comportan mejor y tienen buen rendimiento en el colegio, ser alcanzanzapelota es un premio. “Generalmente seleccionamos a los que se portan mejor y les va bien en la escuela, pero por ejemplo para los partidos importantes o contra Boca solemos poner a los mas bichos para que hagan tiempo en caso de que River vaya ganando”- añade Tito entre risas.

El colegio es fundamental para que los jugadores puedan jugar el fin de semana. River tiene su propio colegio y los futbolistas de las inferiores asisten allí. Los infantiles asisten al colegio a la tarde y entrenan a la mañana en cambio los juveniles tienen clases a la mañana y entrenan a la tarde. Tito recibe las notas de los jugadores de la pensión y luego tiene que enviárselas a los directores técnicos de cada categoría, aquellos jugadores que se lleven más de dos materias no pueden jugar, es por eso que se los tiene muy controlados en el ámbito escolar. Pero esto no sucede en todos los clubes, en algunos no se le da mucha importancia al colegio sino que solo interesa las condiciones futbolísticas del jugador.

Vivir lejos de todo

Alcanzar un sueño implica sacrificios y más si ese sueño es ser futbolista profesional. De las inferiores de los clubes profesionales más de la mitad de los jugadores vienen de distintas partes del país. En cada club existen personas llamadas “Busca talentos” que se encargan de viajar por muchos pueblos y ciudades para traer chicos a probarse.

“A veces me voy a dormir y pienso en mi familia, extraño a mis hermanos y ellos me extrañan a mí, pero bueno esto es lo que me gusta y tengo que fe que puedo llegar a primera”, cuenta un ilusionado Cristian Parano, se puede notar que es tucumano por su típica tonada.

Cristian es de Aguilares un pueblito que se ubica a 126 km de la capital de la provincia. Tiene 17 años, toda su vida jugó en 12 de octubre, un club amateur de su pueblo. “En 2014 jugué un partido contra otro club de Tucumán, en ese mismo partido había ojeadores de River observándonos y se fijaron en mi, así que vine a hacer una prueba y quedé”.

Cristian se sienta en el balcón de la pensión que da vista al monumental, toma un mate tras otro y en su mirada se puede ver la ilusión de jugar en ese mítico estadio, sabe que no está cerca, pero tampoco está lejos, que ahí está solo pero tiene una familia detrás que lo apoya y el puede sentir ese apoyo constantemente. “Es duro solo ver a mi familia y amigos tres veces al año pero el fútbol es todo para mi, en el colegio me va bien pero sin este deporte no se qué haría.

Aproximadamente se calcula un promedio de 40 habitaciones por cada pensión de los clubes de primera división. En el caso de River las habitaciones son para tres personas pero en otros clubes pueden llegar a ser para más.

La madurez rápida

Toda su vida luchó por llegar a primera y lo consiguió. Yair Arizmendi, más conocido como Toto por todos sus seres queridos, es oriundo de San Nicolás y dio sus primeros pasos en el fútbol en el Club Somisa. En 2013 llegó a Douglas Haig de Pergamino, club que limita en la segunda división del fútbol argentino. Toto debutó en primera el año pasado y este año firmó su primer contrato profesional.

“No gano mucho pero me alcanza para ayudar a mi familia, se que el próximo contrato será mejor”, dice Yair, un chico tímido de perfil bajo que es querido por todo el club. “Vivir en la pensión fue difícil, ahora por suerte estoy en un departamento, pero en Douglas no se le da mucha bola a la pensión”. Nunca le gustó salir ni tomar alcohol, siempre tuvo en su cabeza llegar a primera división y es así que haciendo un gran sacrificio pudo llegar.

Hay una etapa que marca la vida de las personas, la adolescencia, y para los jugadores de inferiores es una etapa difícil y más para los que viven en una pensión. La “jodita” del fin de semana, una cita con alguna chica, las salidas entre amigos, son algunas cosas que se tienen que dejar de lado para llegar a la meta final.

“La rebeldía es una de las consecuencias de la adolescencia, y las ganas de salir a bailar o conocer chicas nunca faltan en los pibes”, comenta Gabriel Arroyo, psicólogo que trabajó cinco años en la pensión del Club Atlético Lanús. “Son todos hombres, se acuestan como muy tarde a las 11 de la noche los fines de semana, es normal que quieran salir, pero bueno, saben que si quieren llegar lejos tienen que dejar de lado todo eso. Es increíble como madura un chico en un club de fútbol”.

Lamentablemente algunos adolescentes se pasan de rebeldes y no respetan las normas de la pensión que indican que no se puede salir de noche y el horario máximo para estar afuera es a las 22 hs. Agustín Cejas y Santiago Acebal juegan en Douglas Haig , jugaban mejor dicho, ya que lo más probable es que queden desvinculados del club luego de ser encontrados en “Point”, un boliche de la ciudad. La pensión de Douglas no es muy buena, los chicos tienen que cocinarse solos y a diferencia de River, no tienen tutores o gente que los ayude cuando necesitan algo.

“El Sábado pasado esperamos a que se vaya el sereno de la pensión, hicimos previa en la habitación y nos fuimos a un boliche de acá cerca. Todo venía bien pero nos sacamos una foto con Augusto Fernández (jugador de la selección argentina) que estaba en el boliche y la subí a Instagram, no sé como el coordinador de Douglas vio la foto, después encontraron las botellas en mi habitación y nos dijeron que nos tenemos que ir”. Agustín y Santiago tienen 19 años, quedar desvinculados del club es lo mismo que quedar desvinculados del fútbol. Es probable que ya ningún otro club los acepte por la edad que tienen y por el antecedente que tuvieron.

“Hay veces que tengo que esconder mis cosas en un hueco que hay en la pared con miedo a que me las roben”- Nicolás Dormich es arquero de la 98 del club club Pergaminense, Douglas es un club con bajos recursos económicos y no dispone de todas las instalaciones y facilidades que tienen los clubes grandes. A las 23 hs el Sereno de la Pensión se va y los chicos quedan solos ahí es cuando cada uno sobrevive por su cuenta. “Por suerte todos nos llevamos bien pero cuando viene alguien nuevo es complicado y es difícil integrarlo, lo mismo pasó conmigo apenas llegué”, cuenta Nicolás.

El día de la noticia

A fin de año, en todos los clubes se pasa una lista diciendo quienes serán los jugadores que seguirán en el club y cuáles son los que volverán a su casa. A medida que van creciendo son más los chicos que se van y se produce un embudo gigante.

“Ya me la veía venir, pero que voy a hacer, ahora a darle para adelante y tratar de conseguir otro club”- afligidamente cuenta Bruno Nuñez, arquero de la quinta división de River que fue nombrado en la odiosa lista que se toma a principios de Diciembre. Bruno llegó al club hace dos años, en la pensión tiene amigos y a gente que lo quiere mucho, como Tito.

Ahora es tiempo de irse, por suerte tiene la chapa de decir que jugó en River como para quedar en alguna otra institución. Sus amigos de la pensión ya organizaron una despedida el día 21 de diciembre (la noche anterior a irse) y Susana le prometió que le va a cocinar ñoquis con estofado, su comida preferida. “Pienso en cuando llegue el día y me duele mucho, pero no me voy a olvidar de toda la gente que conocí acá y espero enfrentar a mis compañeros en el futuro jugando para otro club”. Bruno tiene 18 años, a esa edad solo el 20% de los chicos que son liberados de un club consiguen un lugar en otro. Muchos deciden no jugar más y empezar a trabajar.

Es doloroso para un joven tener que dejar los colores que defendió por mucho tiempo. Además no solo es dejar eso, sino dejar atrás amigos y compañeros que ayudaron para formarlo como persona. Es una etapa complicada, pero para afrontarla hay que seguir adelante y no bajar los brazos, cabe aclarar que Messi cuando era chico fue rechazado por uno de los clubes más importantes del país y ahora es el número uno del mundo.
Ignacio Artola juega en Aldosivi de Mar del Plata, hace unos días pasaron la famosa lista negra, de 30 jugadores solo quedaron 8 y el tuvo la suerte de permanecer en el club. “Nos dijeron que entráramos al vestuario, no sabíamos por qué pero nos metieron a los 30 del plantel ahí dentro. En un momento el coordinador sacó una hoja y una lapicera, ya sabíamos lo que se venía. Se adelantó diciendo que iba a nombrar a los que en 2017 no continuarían en el club. En ese momento todos nos miramos las caras, estábamos pálidos.

El hombre empezó a dar nombre y apellido de los que se tenían que ir, la lista era interminable, solo fue un minuto pero para mí fue una eternidad. Cuando terminó no lo podía creer, no me habían nombrado así que saludé a todos y me largué a llorar, necesitaba eso. Nacho se queda, pero sus tres compañeros de habitación se van. Ahora el año siguiente tendrá que compartir cuarto con tres nuevos desconocidos y también llegarán más jugadores con los cuales tendrá que pelear el puesto.

La vida en una pensión no es fácil, es uno de los mayores sacrificios que hacen los jugadores profesionales. Lo importante es ser feliz y continuar en la búsqueda del sueño. En los casos anteriores tenemos dos ejemplos distintos. Uno recibió una de las peores noticias de su vida y se pregunta ¿Ahora qué hago? En cambio el otro continuará viviendo en la “mini cárcel” hasta que surja la posibilidad de un contrato profesional y por fin mudarse a un departamento.

Crédito foto: @FernandoGuarini

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