Hace 30 años caía el Muro de Berlín

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Fue un momento de gloria, la humanidad dejaría atrás el terror nuclear de la Guerra Fría y las tensiones políticas que las superpotencias generaban en terceros países. La libertad se dio paso pero al poco tiempo la decepción fue ganando terreno al imponerse modelos económicos muy alejados de la justicia y la equidad.

En 1945 la Segunda Guerra Mundial terminaba y los países aliados – Inglaterra, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética- decidieron dividir Alemania y su capital, Berlín, en cuatro zonas. Con los años, los países capitalistas terminaron por unificar sus zonas mientras que las tensiones con la Unión Soviética, aislada por su modelo comunista, empezaron a crecer cada vez más.

Eventualmente estas dos zonas se convirtieron definitivamente en dos países distintos, dos Alemanias: República Federal Alemana (RFA), ligada a los Estados Unidos y la República Democrática Alemana (RDA), cercana a la Unión Soviética.

 “El problema generado por la brecha entre las condiciones de vida en la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) se fue ampliando a fines de la década de 1950. En junio de 1961 el líder de la RDA Walter Ulbricht afirmó que “¡Nadie tiene la intención de levantar un muro!” (“Niemand hat die Absicht, eine Mauer zu errichten!”). Dos meses, entre el 12 y el 13 de agosto, por la noche, se colocaban las alambradas. Y comenzaron a construir el muro. Hubo que cerrar las líneas de subte, desagües pluviales y cloacales, ya que la gente aprovecha cualquier resquicio para escapar a Occidente. “Hubo miles de familias que quedaron separadas: padres e hijos, hermanos, etc.”, comenta Christian Schwarz, profesor universitario de Historia en la Universidad Católica Argentina.

Con los años, el contraste entre las dos Alemanias se acentuó, y las condiciones de vida en la República Federal iban en continuo progreso mientras que la República Democrática se iba quedando en el tiempo.

El Trabant modelos 600 y 601, o “Trabi”, fue creado en respuesta al Beetle de Volkswagen y se convirtió en un símbolo del comunismo en la RDA.

Un argentino en Berlín

En 1984, Martin Álvarez vivió dos meses del lado de Berlín Oriental.. A diferencia de la mayoría de los berlineses tenía la posibilidad de cruzar al otro lado del muro todos los días. Y es que se alojaba con unos amigos en la embajada argentina de la República Democrática de Alemania.

“Estuve viviendo cerca de dos meses en la embajada argentina del lado oriental. Así que pasábamos todos los días para el otro lado para poder pasear y visitar. Cruzabamos por check point Charlie, y cada vez que pasabas tenías que llenar papeles y declarar todo lo que habías comprado”, recuerda Álvarez, “tengo el pasaporte con más de 40 sellos de haber pasado.”

“Era como había 50 años de diferencia entre un lado y el otro. Había militares pero también había muchos servicios del estado. Pistas de patinaje gratis, lugares de deporte, etc. Me acuerdo que para comprar un rollo de fotos, por ejemplo, solo te vendían una lata gigante con el film y vos lo tenías que armar”, recuerda Álvarez.

“La embajada se encontraba cerca del muro y por la noche -continúa Alvarez- se escuchaban los tiros de los militares que apuntaban a las personas que intentaban escapar. Incluso había medidas para que los diplomáticos no pudieran ser protagonistas ni cómplices de algún escape:

“Los garages de la embajada estaban separados como a una cuadra de la casa para que no pudieras llevar gente escondida y darle asilo. Así que llegabas y caminabas bajo la nieve para llegar a la residencia, siempre bajo vigilancia policial.” Otro incidente dentro de la embajada da cuenta también del modelo autoritario bajo el que se encontraba Alemania Oriental. Martín Álvarez explica “el chofer del embajador solo los podía llevar hasta el check point, pero él no podía salir. Sin embargo conocía todos los horarios y negocios del otro lado. Un día encontramos una libreta en la que anotaba todos los movimientos de la familia y en especial del embajador. Era espía para el gobierno.”

Escapes famosos

Pasar el muro no era una tarea fácil. No sólo incluía el muro en sí – casi 4 metros de hormigón – si no la llamada franja de la muerte: 200 metros que incluían otro muro interno, alambrada, una fosa, una calle por la que circulaban vehículos militares, alarmas, torres de vigilancia, y patrullas con perros vigilando las 24 horas. En pocas palabras: impenetrable. Sin embargo, aunque el escape parecía imposible, muchos lograron cruzar del otro lado – y muchos perdieron la vida en el intento.

Quizás una de las historias más famosas es la del joven Peter Fechter. Un año después de la construcción del muro, Fechter intentó escapar junto a un amigo saltando desde la ventana de un taller para luego atravesar la franja de la muerte y saltar del otro lado. Aunque su amigo lo consiguió, a Peter lo alcanzaron los tiros de los guardias y cayó herido a la vista de cientos de testigos del lado occidental. Sin embargo, y aunque el joven pedía ayuda a gritos no la recibió por parte de nadie del lado este ni oeste, por el miedo y las tensiones entre ambos. Finalmente, una hora después Fetcher moría desangrado por falta de asistencia.

La muerte de Fechter inspiró al cantante Nino Bravo quien se basó en su historia para escribir la célebre canción “Libre”.

Otro caso, esta vez exitoso, fue el de los hermanos Bethke, quienes escaparon en momentos distintos y de tres maneras diferentes. Los hermanos nacieron en Alemania Oriental, en el seno de una familia de altos funcionarios. El primero, en escapar fue el hermano mayor, Ingo. Conociendo la zona, y estudiando los puntos menos resguardados cerca del río Elba, atravesó el río nadando. El segundo, Holger, logró huir con la ayuda de su hermano, que ya del otro lado del muro logró atajar una soga que Holger lanzó y por la cual se deslizó desde el techo de un edificio.

Finalmente, Egbert fue salvado por sus otros dos hermanos quienes aprendieron a pilotear aviones ultralivianos y luego de 4 años de preparativos y un vuelo fallido lograron rescatarlo en Alemania Oriental y volver volando hacia el oeste.

Por último, otro escape que pasó a la historia por haber sido fotografiado fue el de Conrad Schumann. Este guardia fronterizo del lado oriental planeó su oportunidad y cuándo el muro estaba en construcción dio un salto que terminó por definir su vida. Finalmente, aunque el soldado vivió para ver la caída del muro, su depresión lo llevó a quitarse la vida en 1998.

El escape de Schumann fotografiado por el periodista Peter Liebing

Argentinos a favor del muro

Mientras tanto en una Argentina en la periferia del conflicto de la Guerra Fría, el Muro de Berlín se encontraba lejano y difuso. Por una parte, las fuerzas armadas -siempre anticomunistas- tendían a favorecer a Alemania Occidental. Sin embargo, por otra parte, existía un sector que desde el fin del mundo enviaba su apoyo a la República Democrática Alemana.

“Una solicitada en favor de la RDA, próxima a cumplir 40 años de su fundación fue firmada por miembros del Partido Comunista Argentino, así como de organismos de derechos humanos, la Unión Cívica Radical, el Partido Intransigente, el Partido Justicialista, entre otros – comenta el profesor Christian Schwarz – la solicitada fue publicada el 3 de octubre de 1989 en el diario Clarín en la página 14″.

El golpe de gracia

El último tiempo que antecedió a la caída del muro Alemania Oriental, ya debilitada, venía siendo sacudida por manifestaciones en contra del sistema comunista. “El suceso de la apertura fue bastante curioso – explica Schwarz, – durante los meses precedentes se registraba una fuerte tensión entre el reformismo de Mikhail Gorbachov, basado en la glasnost y la perestroika, y la ortodoxia comunista en países como Bulgaria o la RDA.”

En estas circunstancias de tensión dentro de los países comunistas, se esperaba una decisión por parte del gobierno de la República Democrática Alemana hasta que el 9 de noviembre un error en una conferencia de prensa se convirtió en el fin del muro más famoso de la historia de Alemania.

Schwarz explica: “Esa tarde se iba a realizar una reunión del Politburó del Partido Socialista Unificado (nombre del PC en la Alemania comunista). Uno de los miembros y vocero del gobierno, Günter Schabowski, se quedó charlando fuera e ingresó cuando la reunión ya estaba finalizando. Casi sin mirar los documentos partió hacia una conferencia de prensa. Cuando le preguntaron sobre los temas tratados en la reunión previa, como no sabía con exactitud, comenzó a leer los documentos. Uno de los temas era un proyecto a considerar sobre los requisitos para poder salir del país. Era un proyecto a tratar, pero no aprobado. Ante la pregunta de los periodistas comenzó a leer que se consideraba habilitar a los ciudadanos a salir del país con destino a “países amigos”, incluida la República Federal Alemana. Cuando un periodista le pregunta a partir de cuándo entraría en vigencia, Schabowski busca en el documento, no lo encuentra, pero dice:

” Das tritt nach meiner Kenntnis … ist das sofort … unverzüglich…”, que significa: “De lo que puedo tener conocimiento, … es a partir de ahora… inmediatamente”.

Así accidentalmente, el funcionario terminó de tirar las bases que débilmente mantenían en pie la frontera entre las dos Alemanias. La gente inmediatamente al escuchar estas declaraciones se acercó a los puntos de paso y los guardias del muro superados por la situación y sin órdenes directas dejaron pasar a las miles de personas que se acercaron a cruzar del otro lado. El muro había llegado a su fin.

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