Foodtrucks, lejos del boom inicial

Martín Roldán, dueño de Bon Bouquet, decidió incursionar en el negocio de los foodtracks junto con su hermano Iván, estimulado por lo novedoso que resultaba este tipo de emprendimiento en Buenos Aires. Martín explica que ¨son una opción excelente

para aquel que quiere poner un restaurante, pero que no tiene el dinero para solventar los gastos. Me puse a pensar, calculé en términos de costo-beneficio y los camiones ganaban por paliza¨. El foodtruck de Bon Bouquet (pertenecía a una panificadora) fue adaptado en un taller de casas rodantes con un costo que en la actualidad puede estar entre $ 650.000 y $900.000. “En cambio, el costo de poner un restaurante es dos o tres veces mayor”, comenta Martín.

Más allá de todos estos beneficios, el auge de este modelo de negocio creó una gran competencia que hoy no tiene como instrumentar sus ganancias. ¿Qué quiere decir eso? Hay demasiados camiones, con muchas propuestas gastronómicas diferentes, sin lugar, eventos o ferias donde puedan vender sus productos.

Está claro que los camiones-cocina lograron algo muy interesante: combinar la rapidez de servir comida al paso con una variedad gastronómica de alta calidad. Pero la alta competencia complica el posicionamiento de marca, por ejemplo, en Mercado Libre, con solo buscar ¨foodtruck¨ aparecen 247 resultados de venta diferentes.

Martín e Iván tuvieron la fortuna de haber sido pioneros en el negocio en el país y, a raíz de esto, siempre son invitados a todas las ferias de la ciudad.

Roldán agrega que ¨con un camión como el de Bon Bouquet y en una feria importante como  Masticar, por ejemplo, podemos llegar a vender entre 1200 y 1600 platos diarios¨.

Consejos para foodtruckers

Horacio Rambaud, dueño de Buenos Mares, un Gruman Olson americano dedicado a los mariscos, cree que es esencial haber ingresado a tiempo en este tipo de emprendimiento. Según sus propias palabras ¨lo importante es no fallarle al que te invita a las ferias; hacer buenos productos, de calidad y trabajar bien para que se sigan interesando por vos¨.

Tener un foodtruck también involucra tener empleados, producción en la semana, un galpón para guardar los camiones, logística y proveedores, entre otros rubros.

Los fenómenos climáticos son muy importantes: en caso de pronóstico de lluvia, los eventos tienden a suspenderse. Por lo tanto, de cuatro fines de semana mensuales, cuando uno se suspende las finanzas del negocio se ven muy golpeadas. Roberto Schiavoni, jefe de cocina de Bravissimo, comenta que ¨en la suspensión de un evento, no sólo se pierde dinero por no haber participado de una feria, sino que también se puede echar a perder mercadería¨.

Además, ahora hay que sumarle los factores negativos que afectan al resto de la economía como son la alta inflación y la fuerte caída del consumo, que pega especialmente en restaurantes, supermercados y almacenes.

Rambaud, Roldán y Schiavoni son positivos de cara al futuro. Creen que las ferias como, por ejemplo, la Buenos Aires Market o Apetito cada día se

reinventan un poco más, se ofrecen mejores productos y mayor interés en el público pero creen que “ya es tarde¨ para ingresar al negocio.

Por un lado, están aquellos dueños que tuvieron éxito, que buscan nuevas estrategias para consolidar sus empresas,  fidelizar a sus públicos y hacerle frente a la competencia y las adversidades. Buscan instalar su marca a través de redes sociales como Facebook e Instagram, publicitarse y conseguir nuevos eventos, alternativos a las ferias que se realizan los fines de semana como casamientos y cumpleaños.  Por el otro lado, está el que llegó tarde, no tuvo entrada a los eventos y, desgraciadamente, tiene en venta su foodtruck en Mercado Libre.

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