En primera persona: Una porteña en tierra paulista

La ciudad amanece con neblina hace días. Llovizna y sol aleatoriamente, cambios casi tan emocionales como la gente que vive bajo este cielo. El aire se respira salado, será por el subtrópico que rodea a la city paulista.

Soy porteña en San Pablo, Brasil hace ya 15 días. El ímpetu brasilero es alto, su energía vibra de una manera tan colorida y fuerte como el verde y amarillo de su bandera.

Los botecos de frituras, “sucos” y tragos, siempre abiertos, reciben oriundos de sus calles desde temprano.

Es fácil pasar de un café a una cerveza porque sin dudas el combo no requiere tanto análisis , porque en el encuentro no puede faltar un buen choque de copas, risas y la promo feijoada del día.

Sin dudas, lograron construir una ciudad inmensa con lugares al estilo europeo portugués, que no pueden faltar en la agenda de cualquier turista que pise suelo del quinto país más grande del mundo. El downtown impacta por sus altísimos edificios, sus antiguas construcciones dignas de reyes y reinas del primer mundo.

Las zonas de bares como Pinheiros, Vila Madalena, Paraíso, Frei Caneca, entre miles otros, construyen lindos momentos de unión entre jóvenes sub 20’ que juntan, música de por medio, al ritmo quizás de una samba.

La diversidad en cuanto a sus estilos llena el metro de distintas modas; desde los más elegantes modelos neoyorquinos de trajecitos femeninos Chanel hasta combinaciones deportivas y suburbanas con ombligos al aire y ojotas Havaianas, de fusión de colores y dibujos.

No hay manera que a los argentinos nos dejen de llamar la atención sus emocionales charlas en la calle, hablan fuerte casi todos, como un patrón de voz que se repite en la mayoría, pero gritan bien porque nunca falta la cuota positiva ;es como una forma siempre alegre de vida intensa.

Bien a lo tercermundista, hay calles sucias y ríos contaminados: el principal se llama Tiete y es como el Riachuelo de Buenos Aires.

Su conexión social es solidaria: hay mucho respeto a la hora de pedir un café, comprar cigarros, cargar nafta o etanol. La atención tiene una medida de simpatía y respeto equilibradamente alegre y fraternal.

La sonrisa la tienen casi dibujada, como el sol de 30 grados en octubre tatuado entre nubes. Es como un punto caramelo del que ríe más fácil, sin necesidad de justificarlo todo.

Las dificultades políticas de países golpeados de este lado del mapa también se hicieron presentes en la última votación presidencial de este mes, creando mucha oposición y brecha  entre Jair Messias Bolsonaro derechista con un gran apoyo del sector poderoso evangelista y Fernando Haddad de izquierda, sostenido por el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. La segunda vuelta o “segundo turno” para ellos será el domingo 28 de octubre.

En el ínterin, escucho constantes debates basados en la poca confianza que encuentran sobre candidatos, porque como todos , quieren un país mejor, uno donde ser las palabras felicidad y futuro se abracen y nunca vuelvan a separarse.

Eligen por descarte, dicen. Y eso es triste para mi también porque no dejo de acordarme de nosotros argentinos desilusionados por tan efímeras opciones políticas y confianza en nuestra clase política.

“Lo que queres, lo tenes” puede ser un slogan del país vecino. Podés encontrar diferentes tipos de platos: desde pão de queijo, pasteis y coxinhas hasta brusquetas de quesos finos y un gran mercado de cocina asiática.

Su música es sin excepción, variada: va del más estetico jazz al sertanejo, una especie de country popular o el funk, mas sexual y “caloroso”.

Si tenemos en cuenta la industria de la moda, los maniquíes son transmisores de diseños opuestos : hay tanto tiendas de playa con pareos, mallas y sombreros de paja como enormes shoppings 4 pisos de Forever 21 y Versace, Gucci, Armani y otros monstruos mundiales.

Un resumen -no tan resumido- de mi percepción, absorción y devolución del aire que se respira en una de las capitales más grandes de América Latina.

*La autora es graduada de UCA Periodismo y vive en San Pablo

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