En la escasez de médicos intensivistas está el punto más débil del sistema sanitario nacional

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Semana tras semana, el Ministerio de Salud de la Nación actualiza con nuevos datos la cantidad de respiradores o camas de terapia intensiva: el país cuenta con 12.700 respiradores. El problema no está en el número sino que los respiradores requieren de un equipo de especialistas que sepan utilizarlos y manejar a los pacientes que llegan en condiciones críticas. Entre las causas que conspiran en contra del reclutamiento de estos trabajadores de la salud están los bajos salarios y el trabajo a presión.

Argentina cuenta con aproximadamente 2200 médicos especializados en terapia intensiva (entre adultos y pediátricos), según Rosa Reina, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI). Hay coincidencia en que este bajo número de especialistas se debe no solo a los bajos salarios – entre 40.000 y 60.000 pesos mensuales aunque en el interior incluso es menos- , sino también por la falta de conocimiento de la especialidad. “Hay un desconocimiento desde la formación de grado”, afirma Indalecio Carboni Bisso, intensivista del Hospital Italiano de Buenos Aires. 

Pero, ¿qué es ser un médico intensivista? Según la SATI son aquellos que se han formado y entrenado para dirigir el cuidado y el tratamiento de los pacientes más gravemente enfermos, o que han sufrido grandes traumatismos o accidentes.  Estos pacientes necesitan no sólo tratamientos adecuados, sino monitoreo continuo y soporte constante, por medio de equipos y medicamentos que mantengan las funciones del organismo. En pocas palabras, cómo ha dicho Alejandro Risso Vázquez, médico intensivista, en una nota para Buena Vibra, son aquellos que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

El Síndrome de Burnout, también conocido como síndrome de desgaste ocupacional, es un estado de agotamiento físico, emocional y mental que la mayoría de los integrantes del equipo de terapia intensiva sufre debido a la constante exposición, riesgo y guardias encima. “No tenés mucha vida útil después de 10 o 15 años ejerciendo la especialidad”, afirma Enrique Aguero Villarreal, intensivista del Hospital Regional Dr. Ramón Carrillo y del Sanatorio Alberdi de Santiago del Estero. 

Ante la baja disponibilidad de intensivistas, para esta situación excepcional que toca vivir, están capacitando a médicos de otras especialidades para poder ayudar en las UCI (unidades de cuidados intensivos). Tanto los anestesistas como los emergentólogos son quienes pueden colaborar debido a que “las tres especialidades tienen habilidades en común”, afirma Rosa Reina.

Por qué no a los médicos extranjeros 

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, fue quien propuso traer médicos extranjeros al país para ayudar en la pandemia provocada por el covid-19. “Esto nace porque es conocida la capacidad que tiene Cuba de asistir, tiene un sistema de salud reconocido mundialmente, también de desarrollo de medicamentos”, puntualizó el gobernador en su momento a radio La Red. Según una nota de Infobae, la iniciativa finalmente quedó aplazada debido que al no registrarse un crecimiento exponencial de casos no fue necesario reforzar el equipo sanitario. 

“A veces me pregunto, ¿alguien ve lo que hacemos?”

Florencia Sacco, enfermera especializada en terapia intensiva del Hospital Municipal de Chivilcoy

De todos modos muchos médicos coinciden en que no son tiempos para improvisar trayendo profesionales de otros países. “Es desconocer el recurso humano que hay en Argentina”, asegura Rosa Reina, presidenta de la SATI. Florencia Sacco, enfermera especialista en terapia intensiva del Hospital Municipal de Chivilcoy, insiste en que quizás sería necesario convocar más enfermeros ya que ellos son los que están más tiempo al lado del paciente. “A veces me pregunto, ¿alguien ve lo que hacemos?”, reflexiona Sacco. 

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