El grafiti: ¿Arte o vandalismo?

Algunas personas consideran que decorar las paredes de la ciudad, como forma de expresión, es una actividad ilegal que arruina las calles de su vecindario. Otras consideran que es una forma de darle vida al entorno en el que viven.

No me baño”, “Shom”, “Macri gato” o “Aguante Viejas Locas” son algunas de las intervenciones ilegales que se pueden ver por las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Pero en las zonas más turísticas de la ciudad como Palermo, Belgrano, La Boca y hasta Puerto Madero se llevan a cabo importantes proyectos, organizados por Color BA (que promueve el grafiti de manera legal) para embellecer o decorar con grandes obras artísticas.

El grafiti surgió como parte de un movimiento urbano revolucionario con fines de expresión y divulgación, el Hip Hop. Abarca desde una obra de arte hasta la manifestación de una ideología o una queja, mediante distintas técnicas para pintar una pared.

En Argentina, existen referentes de la cultura del grafiti, grupos que adquirieron popularidad en los últimos meses. “No me baño” es un movimiento que surgió en las calles porteñas; a través de sus frases presenta una queja frente a la suba de tarifas del agua y del gas. Mediante una simpleza característica, con mensajes concretos que, en principio, no se destacan por su belleza artística, el grupo se manifiesta pintando en las paredes su lema: “No me baño”.

La profesora de arte y aficionada al grafiti Martina Krapp, defiende el arte urbano: “Toda intervención urbana es una forma de expresión. Si bien puede ser una firma o algo similar, toda manifestación artística conlleva un mensaje que se intenta expresar”. Y ejemplifica: “Ya sean grafiti (aerosol), esténcil (decoración a partir de una plantilla, calco o con un dibujo recortado), o mural (gigantografías realizadas con cal o pintura), me parece que todas son suficientemente ricas tanto a nivel visual como social y cuentan lo estético de una ciudad o las ideas de una población”.

Por otro lado, la organización Color BA es una iniciativa del Ministerio de Ambiente y Espacio Público que surgió en septiembre de 2016 a partir de los resultados de las intervenciones artísticas que se realizan a través del programa “Arte En La Ciudad”. Color BA se inspiró en distintos circuitos artísticos de todo el mundo: Wynwood (Miami), Graffiti Alley (Toronto), así como en los de otras ciudades importantes como Berlín, Melbourne o San Pablo.
El representante de la Color BA, Christian Rivero, comenta que “en ninguna oportunidad se acusó de vandálicas a las actividades del programa ya que, por el contrario, el trabajo está focalizado hacia lo artístico, el cuidado y el disfrute del espacio público a través del arte”. Y aclara: “La finalidad de la organización es realizar un aporte para que la ciudad tenga cada vez más rincones llenos de color”.
Martina Krapp opina sobre la iniciativa del programa y plantea que la libertad con la que cuentan los artistas puede ser limitada: “Al ser un proyecto estatal, podría llegar a controlar qué tipo de arte se realiza y cuál no, a modo de censura. Además, la organización se podría apropiar de las obras y usarlas en función de lo que necesitan mostrar. Básicamente no termina de ser una expresión ‘pura’ del artista”. Sin embargo señala: “Está bueno, en caso de que el artista ejerza con plena libertad, que el Estado se abra a la posibilidad de hacer intervenciones sin la necesidad de un ‘contrato social’”.
Por lo que se refiere al arte, Krapp destaca el profesionalismo en la técnica: ”Hay un pintor argentino, Franco ‘Jaz’ Fasoli, que comenzó haciendo su arte en murales y hoy sus obras se pueden ver en museos o galerías de todo el mundo. Depende del artista; algunos consideran que su arte está más orientado a un público más popular, así que deciden dejar sus obras en la calle”.

Franco “Jaz” Fasoli es uno de los máximos exponentes del grafiti argentino. Estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y es reconocido por sus murales que decoran ciudades del mundo, tales como Colonia (Alemania), Montreal, Kiev, etcétera. Además cuenta con participaciones en el proyecto de Color BA, en la edición del año 2017. Su mural más representativo se llama “Asado” y se encuentra en el barrio de La Boca.

“Asado”: el mural de “Jaz” refleja la tradición argentina; se encuentra en la calle Dr. Enrique del Valle Iberlucea 1025.

Existen otro tipo de artistas que actúan por cuenta propia, en forma de resistencia a la autoridad. Su fin es dejar una huella en la ciudad y centran su actividad en la cultura del Hip Hop. “Shom” es un artista que se manifiesta en las calles desde 2012. De chico bailaba break dance (rama del Hip Hop) pero con el correr de los años, se enfocó exclusivamente en el grafiti. Dentro de su repertorio, sus obras más destacadas consisten en la pintada de su nombre (Shom) con tipografías llamativas, complementadas con algún dibujo. Tiene más de 200 obras en la Ciudad de Buenos Aires y alcanzó una popularidad de 3700 seguidores en Instagram.

Obra representativa de “Shom” ubicada en la ciudad de Virreyes, partido de San Fernando.

“Fue un gran cambio cuando empecé; mis salidas y mis amistades cambiaron. Aprendí mucho con el graff y viví cosas muy locas –cuenta Shom–. La realidad es que el grafiti resulta ser más que una simple pintada en una pared; vivir el momento de presión y adrenalina es lo que me atrae. En el grafiti están muy presentes esas dos cosas: subirse a techos altos, pintar en lugares custodiados, trenes o colectivos. Todo lo que llame la atención para que vean que pasaste por ahí”.

El grafitero argentino confiesa sus conflictos con las autoridades: “Nunca me agarraron porque siempre estoy un paso delante de ellos”. Y confiesa: “El día que me agarren va a ser el día que deje”.

Por Lucas Lafuente,  Justo Marenco y Mateo Orlando.

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